Vivir desde la compasión

MadreTeresa-2Carlos Ayala Ramírez
Este 5 de septiembre se celebró por primera vez, luego de su canonización, la fiesta dedicada a santa Teresa de Calcuta. La madre Teresa, como se le conoce mundialmente, fundó en 1950 la congregación de las Misioneras de la Caridad y se dedicó a atender a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos. Por su labor humanitaria, que se extendió a todos los continentes, recibió en 1979 el premio Nobel de la Paz. En la misa de canonización, el papa Francisco recordó que la nueva santa “ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de los más pobres y en defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada”. Su primera reacción ante el sufrimiento humano, explicó el papa, fue la misericordia, que para ella “era la sal que daba sabor a cada obra suya, y la luz que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento”. Y en una referencia a la dimensión profética de la madre Teresa, Francisco comentó que ella “ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos”.
En el libro Desde el corazón del mundo, donde se recogen pensamientos, anécdotas y oraciones de la madre Teresa, se condensa su ejemplo de vida, guiada y animada por la actitud compasiva. Una actitud que, como ha señalado el papa, no es una simple ayuda que se presta en un momento determinado, sino una vocación vital a la caridad, con la que se sirve a Cristo para crecer cada día en el amor. Veamos, en palabras de santa Teresa de Calcuta, cómo se fundamenta y proyecta esta vocación.
 
Al proclamar la necesidad del modo de ser compasivo, afirma:

No usemos bombas y armas para dominar el mundo; usemos el amor y la compasión […] Irradiemos la paz de Dios y su luz, extingamos el odio y el amor al poder en el mundo y en los corazones de todos los hombres […]. Dios ama al mundo a través de ti y de mí. ¿Somos este amor y esa compasión? Cristo vino para ser la compasión de su Padre.

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