Venezuela y sus quimeras

sos-venezuela-630x378 (1)Delincuencia, inflación, desabastecimiento, en general, un alto costo de vida; problemas que Venezuela necesita solventar con el desarrollo de un proyecto país que involucre los distintos agentes que la componen. Bien decía nuestro Libertador Simón Bolívar, en manifestación del anhelo de ver a sus conciudadanos trabajar juntos por nuestro país: “La unión debe salvarnos, como nos destruirá la división si llega a introducirse entre nosotros”

Marcos Penott Contreras

Pareciera básico entender que un trabajo emprendido por más de una persona equitativamente, aminorando el esfuerzo individual, conllevaría al cumplimiento del objetivo común de la mejor forma. De esta manera, es lógico pensar que, en unión, todos los matices de nuestras coloridas vidas deberían tomar buen tono; las relaciones de pareja, las adversidades del trabajo, los conflictos familiares en cualquiera de sus grados, e incluso muchas disciplinas deportivas, suponen el seguimiento de un principio fundamental de trabajo en conjunto, como partes de un todo, que nos impulse a la superación de las vicisitudes y logro de metas.

Sin embargo, la vida política del país parece interesarse más en quiénes ostentan el poder y cómo lo ejercen, que en orientar sus actividades a la necesaria y urgente solución de los problemas que aquejan a sus ciudadanos, para hacer sus vidas menos complejas, o más sinceramente, al menos permitirle vivir a plenitud.

Sobre tal particular, mientras que las autoridades del gobierno afirman ser el reflejo del ideal bolivariano, contradicen el pensamiento de Don Simón de múltiples formas; acentuando una separación entre clases sociales al resaltar las diferencias económicas que nos distancian; vejando a quienes no comparten su ideología y descartándolos; violentando la esfera de  derechos de muchos en un intento fallido de mostrarse omnipotente; extraviando el dinero venezolano; fallando.

Por otra parte, los representantes de la oposición no demuestran ser distintos. Garantizan ser los proveedores de justicia y la materialización de la democracia, pero tales aseveraciones parecieran diluirse entre sus prácticas diarias; protagonizando una comedia teatral de supuestos héroes nacionales que negocian  tras cámaras sus intereses personales; proponiendo manifestaciones sin objetivos claros que entorpecen el día a día; exhibiendo un aparente interés por los desposeídos que raya en lo ofensivo; desvelándose en la preocupación de no participar en la desaparición de las riquezas patrias; también, fallando.

Al intentar determinar cuál es la herramienta política predilecta de los hacedores de política en Venezuela, sin duda la respuesta sería la tergiversación; pues, al escuchar un discurso -sea cual sea la ideología predicada- se aprecia una flagrante distorsión de los hechos, lo cual  pudiera considerarse irrespetuoso, como si se dirigieran a individuos que no viven las desventuras diarias de nuestras ciudades, ajenos a las peripecias que se nos presentan.

Dentro de todo este embrollo, ¿quién ha procurado mejora? Entre señalamientos y acusaciones entre bandos se va agrietando el futuro de nuestro país, mientras que la mayoría, nosotros, quedamos en un campo de fuego abierto, donde cada bala tiene una trayectoria fijada en el corazón de nuestro sentir vinotinto.

Por y para Venezuela

 “El tamaño de tu éxito será del tamaño de tu esfuerzo”, palabras del precursor de la independencia y prócer venezolano, Sebastián Francisco de Miranda, que parecen encuadrar cabalmente en lo que Venezuela necesita: sacrificio.

Ley. Cuántos problemas podrían solucionarse con tan sólo cumplir y hacer cumplir el principio de legalidad consagrado en nuestro Texto Fundamental. Si las actuaciones del Estado se adhirieran a un marco jurídico nacional (en el entendido que éste se circunscriba a la previsión de derechos y garantías, y no al aseguramiento de intereses políticos particulares), no cabe duda que Venezuela tomaría un rumbo distinto; específicamente, debe destacarse el rol primordial del Máximo Tribunal nacional en esta tarea, con la obligatoriedad de desligarse de prácticas partidistas.

Firmeza moral. Es la hora del no. No a las expropiaciones injustificadas y a las ausencias del pago oportuno de las que resulten procedentes; no a la especulación y al complot abusivo de quienes detentan el poder económico; no a la “unión de poderes”, a la “rosca” ni al “enchufe”; no a la impunidad ni a la emisión de decisiones judiciales politizadas; no a la actitud del ciudadano “vivo”, que incrementa la corrupción y fomenta el desdén por el trabajo; y, sobre todo, basta de hacerse el ciego, de cubrir los malos actos de los demás, de soportar a quienes insisten en desviar la rectitud de la sociedad y del obrar con bien como fin en sí mismo y no como medio. Es el momento del respeto, y éste empieza por cumplirse respecto de sí, exigiendo el derecho de hacer valer nuestros derechos.

Unión y patriotismo. Es una regla natural del cosmos que entre los hijos de una misma madre exista una reciprocidad de afecto, protección y apoyo. Asimismo, indistintamente de la religión practicada, por lo general todas coinciden en un deber de quererse y cuidarse entre hermanos. De ser así, aparentemente los venezolanos seríamos la excepción a tal precepto, puesto que hoy día no existe costumbre más arraigada que la de herirnos mutuamente y deshonrar a nuestra madre Patria. No consiste en obviar todos los desmanes que nos ahogan como si solo fuese un mal sueño, sino en no sobrevalorarlos, no compararnos con otros países con culturas e idiosincrasias diferentes a la nuestra, y por supuesto no perder las esperanzas y marcharse; por contrario, se trata de querer buscarle salida al laberinto de infortunios y despolvar la buena Venezuela.

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