Un voto ante la vida

456966_192943_1No hay voto cristiano ni católicos por el ‘Sí’ o por el ‘No’. El voto de cada uno es una responsabilidad que no pueden descargar en su obispo, en su párroco o en su ministro, y menos aún en su jefe político

Francisco Roux 

Dirijo esta columna a mis hermanos y hermanas en la fe cristiana y católica, para dar elementos de discernimiento ante un voto del que dependen vidas humanas.

A ustedes les han dicho que el ‘Sí’ aprueba la ideología de género, y no es cierto. La perspectiva de género, no la ideología, la introdujeron las mujeres por ser ellas la mayoría de las víctimas; y al lado de ellas se incorporó el respeto por quienes, por razón de género, fueron blanco privilegiado de las limpiezas sociales.

No es cierto que el acuerdo sea impunidad. Los tribunales de justicia transicional juzgan y condenan a acciones de reparación controladas en restricción de libertad durante 6 a 8 años, y condenan hasta por 20 años de cárcel si hay mentira. Y la justicia internacional vigilará estos tribunales para no permitir impunidad.

No es cierto que los actores de delitos de guerra, después de pagar justicia, no puedan participar en política. En toda paz, en Colombia y en el mundo, los rebeldes políticos han participado en la vida pública una vez dejadas las armas.

No es cierto que sea injusto dar 25 millones de pesos en los primeros dos años a cada guerrillero desarmado (suma de todos los apoyos personales, más la seguridad social). Porque esos dos años del guerrillero en armas cuestan 250 millones, lo que gasta el Ejército en perseguirlo y las Farc en mantenerlo; por lo demás, esta cifra no incluye los muertos y la destrucción que ese guerrillero producía.

No es cierto que el Ejército fue humillado en La Habana. La grandeza humana de nuestros soldados en esta negociación es un ejemplo para el mundo. Sin ellos no hubiera sido posible la firma en Cartagena. Su victoria es la paz de Colombia.

A ustedes les han dicho que el paquete de los acuerdos es norma constitucional, y no es cierto. El documento queda en el cuerpo constitucional no como norma, sino como referente extraordinario y temporal para interpretar y discernir las leyes que implementan los acuerdos.

No es cierto que el ‘Sí’ cambia la Constitución. Porque esta no puede cambiarse por plebiscito. Se vota sobre un ordenamiento jurídico excepcional que garantiza el cumplimiento de los acuerdos, para que nunca más haya guerra y para activar los controles sobre la implementación de estos. Esos controles son ustedes, quienes activan o no el acto legislativo por la paz; el Congreso, que define si se aprueban o no los decretos; y la Corte, que controla si estos son o no constitucionales.

A ustedes les han dicho que perdonen a las Farc. Pero Jesús mostró que Dios perdona antes de que nos arrepintamos, que Él mismo se nos da gratuitamente en perdón, y que es Él quien nos moviliza a convertirnos para rescatarnos en dignidad; y que, cuando se trata de mostrar la misericordia, Dios prefiere a los peores. Hemos visto el cambio en los hombres y mujeres de las Farc cuando piden perdón en Cartagena, en Bojayá y a las familias de los diputados. Ellos necesitan el acompañamiento de nosotros, pecadores, para rescatar su humanidad y para rescatar la nuestra también.

A ustedes les han dicho que el ‘No’ es la paz, y no es cierto. Con el ‘No’ se acaba el cese del fuego que ha evitado centenares de muertes, y quedamos en el abismo. Con el ‘No’ despreciamos al Papa y a las naciones que en Cartagena agradecieron a Colombia la paz esperada por todos; y nos vamos a  un año de incertidumbre, hasta cuando otro gobierno empiece otra negociación que difícilmente será mejor que la lograda.

No hay voto cristiano ni católicos por el ‘Sí’ o por el ‘No’. El voto de cada uno es una responsabilidad que no pueden descargar en su obispo, en su párroco o en su ministro, y menos aún en su jefe político. En este voto cada uno de ustedes está solo ante Dios y ante la vida en riesgo de muchos colombianos.

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/un-voto-ante-la-vida-francisco-de-roux-columna-el-tiempo/16713825

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