Trump seguirá usando laca en el pelo

donald-trumpIgnacio Avalos Gutiérrez

Sorpresa, Trump ganó.  Más allá de hablar mal de las encuestas, lo grave fue no haber percibido  ciertos procesos políticos cuya incubación lleva ya un buen rato.  Trump, si se miran con más calma las cosas, es el resultado de esta época que vivimos. En efecto, el Profesor Google abunda en análisis post electorales que de manera general dan la impresión de coincidir en la existencia de una crisis de la política y de la democracia, evidente no solo en las últimas elecciones norteamericanas, sino también en varios episodios ocurridos en otras partes, amén de otros que se perfilan claramente en el horizonte. Una crisis que atañe al mundo de nuestros días y que obliga a repensar muchas de las ideas y creencias que (medio) funcionaron hasta hace poco. Toca, así pues, darse a la tarea de escribir un nuevo libreto político para la convivencia (y la sobrevivencia) humanas.

Tema vital el anterior, desde luego.  Como lo es también uno de sus aspectos, del que no se habla lo suficiente: Trump ha negado en diversas ocasiones que el cambio climático se encuentre vinculado a la acción humana.   Es un problema natural, afirma como si tal cosa, pasándole por encima a las evidencias científicas disponibles, las cuales remiten la responsabilidad a un modelo de desarrollo que los terrícolas han hecho suyo desde hace varios siglos. Y pasándole encima, también, a las recomendaciones que se han formulado a fin reducir, con urgencia, el calentamiento global.

Que se trata un “invento de China, ideado para hacer que EEUU fuera menos competitivo”, ha afirmado Trump en diversas ocasiones y consecuentemente ha hablado, así mismo, de recuperar el carbón y de perseverar en el fracking.  Y en un tono más íntimo y personal, incluso con un toque que asoma como pedagógico, ha llegado a decir que nadie le puede prohibir el uso de su laca para peinarse, porque utilizaba el spray en su casa y en consecuencia no afecta la capa de ozono. En fin, así es como piensa el próximo Presidente del país que figura en el segundo lugar respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero, con un 15,6 % del total mundial, por debajo de China (22,7 %), pero delante de la Unión Europea (10,9 %).

Así las cosas, el predicamento ecológico de Trump no deja de ser una muy mala noticia para el planeta, justo cuando pareciera que, a partir del Convenio de París – evento en el que los terrícolas experimentaron un ataque simultáneo de cordura y sentido común-,  se comenzaron a fijar las bases para ir modificando las pautas que orientan la actividad económica, con el propósito de hacerla compatible con el desarrollo y el clima.  Tratándose, como se trata, de una estrategia que depende esencialmente de lo cooperación global, cabe preguntarse, entonces, que efecto podrían tener las temerarias aseveraciones de Presidente electo sobre la posición de otros países. ¿Habrá un efecto negativo en cadena? Y en particular, ¿qué hará China, hoy en día en plan de jugar a ser la primera potencia universal?

Dicen los que saben del tema que Trump no podrá zafarse fácilmente de los pactos firmados, a pesar de que no hay mecanismos legales para impedirlo. En este sentido argumentan que Obama ha llevado relativamente lejos las políticas en materia de clima y transición energética en los Estados Unidos y, por otro lado, que los compromisos suscritos y la estructura de cooperación que emergió del Acuerdo de París son incomparablemente más densos, firmes y concretos que los que se firmaron, hace casi dos décadas, en Kyoto.

Uno escucha esto y le entra un fresquito. Pero, la verdad, no queda tranquilo del todo.  Es que no solo se trata de Trump. En fin, otro día hablamos de la estrategia del gobierno venezolano para la explotación del Arco Minero.

 

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