Sixta Cortez: “Me niego a que tengamos que cerrar el comedor”

Minerva Vitti

La Escuela Canaima queda ubicada en Las Casitas en La Vega. Aquí 572 alumnos se forman bajo un esquema ecológico dentro de un área que comprende el Parque Recreacional Vicente Emilio Sojo en plena montaña Itagua, en Caracas. Sin embargo, esta escuela que en un principio fue famosa por sus ricas arepas de colores, su huerto escolar, y su Centro Artesano del Pan, se encuentra en crisis, precisamente por no contar con los insumos necesarios para el funcionamiento del comedor escolar 

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Sixta Cortez es una morena alta y risueña. Ella tiene 49 años y 27 trabajando en la Escuela Canaima. Sin embargo dice que sus labores en esta institución iniciaron dos años antes ya que hacía parte del grupo Utopía y daba clases de deportes una vez por semana. Sixta vive en San Martín, “mejor dicho duermo porque me la paso todo el día aquí”, pero ella es de La Vega, se mudó cuando tenía 17 años pero continuo ligada a actividades con grupos del sector. Ahora es directora de esta escuela creada en 1981 y subvencionada por la Asociación Venezolana de Educación Católica (Avec).

Sixta recuerda que la primera que tuvo conciencia de la importancia de tener un comedor escolar fue la directora Isabel. “El comedor fue una necesidad porque había muchos niños que tenían desnutrición moderada. Los muchachos se nos desmayaban en el patio, cuando estábamos en la formación sentías el golpe: ¡Pa! Y el muchacho caía allí. No había desayunado, no había cenado. Luego ya comenzamos a darle comida a todos, por eso nace la panadería con el fin de que fuera un proyecto de autogestión con el cual nosotros pudiéramos mantener el comedor”. De ahí obtienen pan para los desayunos o algunas de las meriendas. Actualmente tanto en el comedor como la panadería tienen problemas con los equipos, especialmente con las neveras. En la última reparación pagaron 40 mil bolívares por cambiar el filtro y colocar el gas.

—¿Cuándo comienzan a tener comedor escolar en la institución?

—Nosotros comenzamos el comedor en el año 1992, de una forma desorganizada y acorde a lo que se iba teniendo. La primera experiencia se tuvo con primer año de bachillerato porque los muchachos se quedaban acá. No les dábamos comida a todos, sino a los estudiantes que tuvieran mayor necesidad. Ese mismo año comenzamos a hacer los estudios antropométricos de los niños, a conseguir más recursos, y empezamos a darles la capacitación a los representantes, especialmente a aquellos que tenían algún niño con problemas de desnutrición.

—¿Cómo involucran a los representantes con las actividades de la escuela, especialmente con la situación del comedor escolar?

—Siempre se les ha pedido un símbolo al representante. Hasta el año pasado eran 60 bolívares de mensualidad. Este año lo llevamos a 200, todo esto en asamblea y propuesto por los mismos representantes. Además estos deben cumplir con cuatro horas al mes de colaboración para la escuela. Todas las mujeres que trabajan en el comedor son o fueron representantes, cuentan con el apoyo de los demás, y se les paga algo simbólico durante un año.

—¿Reciben algún tipo de donación para el comedor?

—Antes Proagro nos donaba 120 kilos de pollo semanal, había restaurantes que nos daban los carapachos de pollo y hasta allá se iba con algún representante a buscarlo. Poco a poco esas colaboraciones fueron cayendo.

De Monaca recibimos la mayor donación. Ellos nos dan mensualmente 50 sacos de harina de trigo para el pan (cada saco tiene 45 kilos) y 4 bultos de harina de maíz. También recibimos otros rubros que varían, de acuerdo a lo que tengan disponible. Tal es el caso de la avena, mezcla para cachapa o arroz. Desde 2014 empezamos a tener problemas con la donación de arroz, pero seguimos recibiendo los otros productos, con excepción de algunos meses, en los cuales no tenían la harina de trigo y no nos daban la donación. Gracias a Dios en 2015 hubo constancia en las donaciones; con excepción de julio y agosto, y era la primera vez que sucedía desde que estamos recibiendo la ayuda.

Cargill nos daba arroz mensualmente. La última donación fue en noviembre-diciembre por todo el problema del desabastecimiento; pero sustituyeron el aporte y ahora nos dan pasta todos los meses.

Desde el año escolar pasado hemos hecho cambio con los representantes, un kilo de pasta por un kilo de arroz, ahorita no lo podemos hacer porque el representante está en la misma situación. En noviembre de 2015 no les dimos comida a los niños. Ahorita en enero les dimos la tercera semana. Ha sido muy lastimoso que no tengamos el comedor todo el tiempo.

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—¿Cómo hacen para priorizar cuando no tienen comida?

—Ahorita le estamos dando comida a los 572 estudiantes. Cuando estamos en crisis le pedimos a los de bachillerato que traigan su almuerzo y a los de primaria los despachamos un poquito antes. A los de preescolar no hemos dejado de darles almuerzo. El Programa de Alimentación Escolar (PAE) nos ha ido suministrando algunas cuestiones.

—¿Desde cuándo reciben alimentos del PAE?

—La escuela era un centro piloto para el PAE. Eso lo conseguimos cuando estaba el ministro Cárdenas y luego nos lo quitaron en el año 2000. Después de tanta insistencia, cartas y cuestiones, desde hace cuatro año nos incluyeron de nuevo, pero solo para 35 niños de preescolar. Estamos pidiendo que sea para todos los muchachos.

—¿Cómo es el proceso para buscar los alimentos?

—Es una odisea. Para buscar los alimentos se tiene que ir alguien de la escuela, pasa todo el día por allá y a veces dan una bolsita. Tenemos que pagar un transporte. Ahorita tengo a la secretaria encargada, ella se va desde las seis de la mañana y llega aquí como a la una.

—¿En qué lugar tienen que buscarlo?

—Nos han ido rotando. Al principio era en Conejo Blanco en el Fuerte Tiuna, en un Pdval que está allí, luego nos enviaron a dos sitios por La Yaguara, y ahora es un lugar en esa misma zona, pero el transporte público no llega y tenemos que pagar para que nos lleven hasta allá. Ayer le dieron a la secretaria una patilla, dos auyamas; hasta hace poco el PAE tenía una cooperativa que traía los vegetales hasta acá. Yo me imagino que a medida que se agotan los recursos van haciendo esos cambios.

—¿Tienen que llevar algún documento?

—Primero nos daban una orden, después las dejaron, luego otra vez regresaron a las órdenes. A nosotros nos toca retirar los alimentos los martes, entonces el lunes hay que buscar la orden en el consejo parroquial, ubicado en la escuela Pedro Fontes que está en Montalbán. Si por alguna razón el martes no vas a buscar la comida, pierdes la orden.

Recuerdo que antes nos daban el dinero y nosotros nos encargábamos de comprar, era tremenda ventaja. A veces no lo hacían puntualmente pero teníamos proveedores que también nos daban créditos, entonces también podíamos esperar.

—¿Y ahora cómo han estado resolviendo para tener los alimentos?

—Carmen y yo salimos a hacer compras. A veces nos llevamos a un representante. La semana pasada le quitamos el carro prestado al esposo de la subdirectora y nos fuimos a Makro desde las cinco de la mañana. A las ocho de la mañana había huevo y aceite. Nos quedamos en la cola para comprar los huevos. Se acabaron los huevos y nos quedamos con las tablas en la cabeza. Luego nos fuimos a Coche y ahí tenemos el problema que una cesta de limones cuesta 6 mil bolívares en el puesto donde nos dan factura y 3 mil  bolívares donde no te dan la factura. Entonces tenemos que comprar al doble para tener el recibo.

También estamos yendo a Hoyo de La Puerta a comprar la carne porque no se consigue por aquí. La semana pasada compramos la carne de segunda en mil 200 bolívares y el pollo en 7 mil 800. No te aceptan cheques. Es una cosa que terminas agotado. Pero bueno, me da cosa que no tengan la alimentación y yo sé que muchos solo tienen el almuerzo que le damos aquí en la escuela. Es una situación delicada y nosotros no deberíamos invertir el tiempo en hacer colas para el comedor de la escuela.

Sixta toma una bolsa plástica de la mesa: “Aquí tengo un dinero que una amiga de una representante nos donó, y estoy pensando irme este fin de semana a Puerto Cruz a comprar pescado porque el kilo de atún está en 700”. Ahora simplemente resuelven colocando pollo o carne en mínimas porciones “para que agarre sabor”. Tratan de rendir los alimentos al máximo. Cuenta que la segunda semana de enero compró un sacó de papas en 6 mil bolívares, 15 días después el mismo saco de papas costó 13 mil 500. “No me puedo planificar, estamos en una situación bien crítica, pero todavía nos estamos negando a rendirnos por la necesidad de los chamos. Si nosotros cerramos el comedor, primero lo que ha costado montarlo, ese personal se queda sin trabajo, y segundo el comedor es el pilar fundamental de la escuela. Me niego a que tengamos que cerrarlo. A nosotros nos beneficia que los muchachos pasen más tiempo en la escuela”. En febrero Sixta hará un bingo para recaudar más fondos: “Quiero hacer tres actividades como estas al año porque al menos para un saco de papas nos debe alcanzar”.

Si quieres hacer alguna donación visita la página: www.cerebroabierto.com

Fotos: Minerva Vitti

Nota de la redacción: Esta entrevista forma parte de la sección La voz de las comunidades publicada en la revista SIC 781 correspondiente a la edición enero-febrero de 2016.

 

 

 

 

 

 

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Acerca del autor

Periodista [UCAB]. Jefa de redacción de la Revista SIC.