“Saporíferos aliños venidos de Europa”

hallacasFrancisco E. Castañeda M

Así eran conocidos por los especialistas gastronómicos de la capital venezolana durante los primeros años de la centuria próxima pasada algunos de los ingredientes fundamentales requeridos para la preparación de las hallacas y demás platillos que suelen elaborarse en los días decembrinos con motivo de las festividades navideñas, incluyendo, entre otros: las aceitunas, las alcaparras las almendras y las pasas.

En relación con estos rubros alimenticios es menester señalar que su presencia y consumo en la región neoespartana actual es de muy vieja data. Desde los primeros tiempos de la Nueva Ciudad de Cádiz de la isla de Cubagua, son importados esos y otros tantos artículos de igual naturaleza directamente desde Sevilla para el consumo de la población hispano-europea allí asentada estimada en 250 personas. Así, por ejemplo, en el año de 1528, arriba al puerto neogaditano directamente desde la urbe hispalense la carabela “Santa María de Guadalupe”, bajo la conducción del maestre Hernán Rodríguez, con un variado cargamento de mercancías: textiles, metales, artículos de farmacia, mercería, menajes y diversos productos de alimentación, en especial, “un barril de aceituna, 9 jarras de aceitunas, 4 ½ arrobas de almendras, 2 pipas de nueces, 8 jarretes de alcaparras, 5 barriles de pasas”, además de otros víveres tales como: “61 tocinos, 60 perniles, 64 cajas de carne de membrillo, 45 pipas de vino blanco de Jerez, 3 pipas de vino tinto de Jerez y 9 barriles de vino tinto de Guadalcanal” (Otte, E., 1977: 479) uno de los primeros licores de uva que vino a tierras americanas. Durante los siglos XVI y XVII, era uno de los vinos que más se consumía en buena parte de la región andaluza. (Plascencia, P., 2015).

En una de la Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra: Rinconete y Cortadillo, se alude al mencionado licor. Leamos: “La señora Pipota, tomando con ambas manos una bota de cuero y llevándosela a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó al estómago diciendo: de Guadalcanal es (Cervantes S., M., 1998: 156).

Desaparecida la Nueva Ciudad de Cádiz de Cubagua, desde la isla de Margarita se continúan importando numerosas mercancías al igual que variados artículos de alimentación para atender las necesidades no solo de sus residentes sino también de las distintas localidades establecidas en la costa de la Tierra Firme comarcana. Es decir, el territorio insular cumple también las funciones de distribuidor de tales rubros. Así, por ejemplo, en el año de 1601, se envían a Cumaná 300 botijas de vino; en el año de 1603, 60 botijas de aceite y en 1605, 10 botijas de aceitunas, estas últimas llegadas al territorio insular procedentes de España en el navío “Nuestra Señora del Rosario” (Castillo Hidalgo, R., 2005: 871).

Ahora bien, cabe destacar que tales “saporíferos condimentos” fueron utilizados inicialmente para el consumo cotidiano de los colonizadores hispanos asentados en los espacios geográficos de la región insular. Su empleo como ingredientes primordiales en la elaboración de las hallacas ocurrió en períodos históricos posteriores, ya que este pastel navideño tradicional venezolano, un plato fusión como se le calificaría en la cocina gourmet actual, es de factura criolla, es decir, producto de la hibridación ocurrida a durante el largo período colonial entre las preparaciones culinarias propias de nuestros pobladores originarios, las provenientes de la cultura hispana y las correspondientes a los pueblos negroafricanos. Un verdadero condumio de raigambre popular.

Hablando de ese apetecido manjar multisápido decembrino, permítaseme concluir este artículo/crónica citando la siguiente composición poética:

MI HALLACA

Varias hojas de limpieza: / de las miserias dos masas, / lágrimas, en vez de pasas, / y por tocino, ¡tristeza! / Por alcaparras, trabajos; / por tomates, sufrimientos; / penas en vez de pimientos, / de almendras, cebollas y ajos. / Unas gotas de amargura; / por toda sal dinamita; / y luego… la cabullita / ¡de mi eterna desventura! / Bien atada esta petaca, / se coloca en unas ascuas… / y aquí tiene usted la hallaca / ¡que yo me como en las Pascuas!

[De Pepe Castañas (Seudónimo de Rafael Esteves Buroz) Retazos y… retozos. Caracas, 1894, p. 14. Tomado de Lovera, José R., 1988: 266].

NOTA FUERA DE TEXTO: ¡Ay, Don Pepe Castañas! (‘por poquito’) Cuánta vigencia. Igual que hace 122 años.

Bibliografía Consultada: 

CASTILLO HIDALGO, RICARDO I. (2005). Asentamiento español y articulación interétnica en Cumaná (1560-1620). Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Nº259.

LOVERA, JOSÉ RAFAEL (1988). Historia de la Alimentación en Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores.

OTTE, ENRIQUE (1977). Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas: Fundación John Boulton.

PATIÑO OSSA, GERMÁN (2007). Fogón de Negros: Cocina y cultura en una Región Latinoamericana. Bogotá: Convenio Andrés Bello.

PLASCENCIA, PEDRO (2015). “Recorrido literario por los vinos de Cervantes y su época”. SOBREMESA, Revista Española del Vino y la Gastronomía. 11-II-2015. 

LA ASUNCIÓN, 12-XII-2016     

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