San Alberto Hurtado y la Pastoral Universitaria

furp9n6n0b8k_mgwznjch1tdaiu0b8y5yt_t_cjfjicuvpbwee9ndqrx8s4q3rud9ucbhotram1izno9_dxkua4bibu9ygPbro. Mg. Andrés Bravo*

La vida y las enseñanzas de San Alberto Hurtado es un faro que ilumina nuestra misión cristiana en el mundo universitario. Sobre ello vale la pena reflexionar ante los desafíos que la Pastoral Universitaria nos plantea hoy en Venezuela.

Él es un Sacerdote jesuita nacido en Viña del Mar, Chile, el 22 de enero de 1901 y, con un extraordinario testimonio de fe y confianza en el Señor, vivió hasta entregar totalmente su vida el 18 de agosto de 1952 en el hospital de la Universidad Católica de Chile. Su último mensaje es dirigido a los amigos de su más maravillosa obra de caridad y justicia, el “Hogar de Cristo”. Ahí, expresa: “Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el de que se trabaje a crear un clima de verdadero amor y respeto, porque el pobre es Cristo”. Este es el manifiesto evangélico que nos permite marcar, como agentes pastorales, la formación humana y cristiana de nuestros universitarios.

Los espíritus inquietos de nuestros jóvenes venezolanos merecen un proyecto de vida, una existencia ejemplar y unas enseñanzas que dinamicen el compromiso por el bien de todos, por una sociedad libre y justa. Un sentido por qué vivir, estudiar, trabajar, luchar y dar la vida. Es que San Alberto tomó en serio el Evangelio de Jesús. Comprendió que la vida se hace eterna cuando se entrega por el Reino de Dios. Así, sirviendo y entregándose amorosamente, proyectó su existencia.

Si su vida es una entrega constante, su muerte no puede ser sino su última ofrenda al Señor. En una de sus meditaciones, precisamente sobre la muerte, dice que la manera humana de entender y enfrentar la muerte es un “gran derrumbe, el fin de todo”. Pero, para el seguidor de Jesús, “es el momento de hallar a Dios, a Dios a quien ha buscado durante toda su vida”. No es, pues, el cómo se muere, sino el sentido que le damos a la vida: “La vida ha sido dada al hombre para cooperar con Dios, para realizar su plan, la muerte es el complemento de esa colaboración, es la entrega de todos nuestros poderes en manos del Creador. Que cada día sea como la preparación de mi muerte entregándome minuto a minuto a la obra de cooperación que Dios me pide, cumpliendo mi misión, la que Dios espera de mí, la que no puedo hacer sino yo”.

Hoy es sumamente necesario presentarle al joven razones por qué vivir, esperar, luchar y morir. Este es el mensaje pascual que centra la acción evangelizadora de la Iglesia en la humanidad. Porque, Alberto Hurtado vivió así, murió así, es por lo que hoy sigue pastoreando en medio de nuestros universitarios.

Juan Pablo II lo beatifica el 16 de octubre de 1994 y Benedicto XVI lo canoniza el día 23 de octubre de 2005. El primero expresaba: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22, 37. 39). Este sería el programa de vida de San Alberto Hurtado, que quiso identificarse con el Señor y amar con su mismo amor a los pobres. La formación recibida en la Compañía de Jesús, consolidada por la oración y la adoración de la Eucaristía, le llevó a dejarse conquistar por Cristo, siendo un verdadero contemplativo en la acción. En el amor y entrega total a la voluntad de Dios encontraba la fuerza para el apostolado. Fundó El Hogar de Cristo para los más necesitados y los sin techos, ofreciéndoles un ambiente familiar lleno de calor humano. En su ministerio sacerdotal destacaba por su sencillez y disponibilidad hacia los demás, siendo una imagen viva del Maestro, manso y humilde de corazón. Al final de sus días, entre los fuertes dolores de la enfermedad, aún tenía fuerzas para repetir: Contento, Señor, contento, expresando así la alegría con la que siempre vivió”.

Desde el 7 de abril de 2006, cuando el Arzobispo de Maracaibo y Canciller de la Universidad Católica “Cecilio Acosta”, Mons. Ubaldo Santana, lo proclama solemnemente Patrono de esta misma Casa de Estudios Superiores, la Católica de Maracaibo, San Alberto Hurtado orienta la pastoral universitaria e ilumina nuestros caminos hacia un humanismo cristocéntrico y, por lo mismo, trinitario, integral y solidaria.

*Director del Centro de Estudios de la Doctrina y Praxis Social de la Iglesia, UNICA.

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