¿Por qué el 50 % para los CLAP agravará la escasez?

clap-correo-del-orinocoVíctor Álvarez R

El presidente de la República, Nicolás Maduro, firmó un decreto mediante el cual el Estado se reserva el derecho de adquirir el 50 % de la producción de la agroindustria nacional pública y privada para ser distribuida a través de los Clap. Una medida recibida con espanto y horror por los productores del campo y la ciudad que han llegado al borde de la quiebra debido a los prolongados retrasos en los que incurre el gobierno a la hora de pagar sus deudas con el sector privado.

Este desatino de la Gran Misión Abastecimiento Soberano (GMAS) agravará aún más las distorsiones en la producción, distribución y comercialización de alimentos. Las mafias del contrabando en las que participan funcionarios y militares corruptos ahora podrán capturar un volumen mayor para proveer a sus propias redes de bachaqueros que se enriquecen especulando con el hambre del pueblo.

Incentivos a la corrupción 

Cuando aún no se ha olvidado el escándalo de Pudreval y están frescas las imágenes de los gerentes de los Abastos Bicentenario esposados y presos, se multiplican las denuncias de corrupción en torno a los Clap, cuyo diseño encierra un incentivo perverso para los corruptos y especuladores que siempre encuentran la manera de echarle mano a los productos subsidiados para luego revenderlos.

La bolsa cuesta entre Bs 3.200-4.100, pero los productos al ser vendidos al detal generan un ingreso superior a Bs. 20.000, equivalente a una ganancia de Bs. 16.000 por bolsa. Estas son vendidas en el mercado especulativo cinco veces más caras y hasta en Colombia se consiguen. Con frecuencia, los distribuidores aplican un “tumbao” y entregan la bolsa incompleta para luego revender los productos que le sacan. La creciente diferencia entre el precio de los productos subsidiados y el precio en los mercados especulativos opera como un incentivo perverso para la proliferación de dos tipos de bachaqueros:

  • Por un lado están las redes de bachaqueros al detal, conformadas por millares de familias completas que, con el hambre dibujada en el rostro, se apostan desde tempranas horas de la madrugada a las puertas de los supermercados para comprar los productos subsidiados que llegan ese día y luego revenderlos a precios especulativos.
  • Por el otro lado están las redes de bachaqueros al mayor, conformadas por las poderosas y peligrosas mafias del contrabando de extracción que corrompen y amenazan a funcionarios y militares y lograr capturar los grandes cargamentos de alimentos y productos subsidiados que luego sacan en camiones y embarcaciones hacia los países fronterizos e islas del mar Caribe.

Nada de esto se va a erradicar con un decreto que reserva al gobierno la compra del 50 % de la producción agroindustrial. Hay que cortar por lo sano y erradicar el problema desde la raíz. Esto pasa por sustituir los subsidios indirectos al producto por subsidios directos a los hogares pobres. En esta dirección va la implementación del depósito del subsidio y del pago con tarjetas de débito. La masificación de este mecanismo permitirá depositarle a cada familia un subsidio directo en dinero y ayudará a eliminar sin traumas el ineficaz control de precios. Gracias al subsidio directo que le es depositado en su cuenta y que puede utilizar con la tarjeta de débito, cada familia podrá comprar a precios de mercado los alimentos, medicinas y productos básicos que necesita. Así, el fisco se ahorrará los millardos de bolívares en subsidios indirectos que se pierden por el contrabando de productos subsidiados.

De las buenas intenciones a los buenos resultados

Los Clap son un ensayo incipiente y muy rudimentario. No tienen la cobertura para abordar el grave problema de la distribución y comercialización que se extiende por todo el país y castiga a todos los estratos sociales que también sufren la severa escasez de alimentos, medicinas y demás productos de la canasta básica.

Distribuir y comercializar alimentos para toda la población requiere una colosal capacidad logística que ninguna empresa privada ha sido capaz de desarrollar en décadas. Ni siquiera el gobierno lo pudo lograr a pesar de la descomunal inversión que hizo en las redes de Mercal, Pdval y Bicentenario. Tampoco lo logró con la expropiación e intervención de cadenas de alimentos como Cada, Éxito y Día a Día. Mucho menos lo puede lograr en cuestión de meses a través de un esquema tan débil y vulnerable como los Clap, sin personal entrenado, sin organización ni métodos, sin infraestructura ni redes de almacenamiento y transporte, sin los mecanismos de control que mantengan a raya a la corrupción. El burocratismo estatal y la débil organización comunal no garantizan la cobertura de 7,2 millones de hogares y 30 millones de habitantes a lo largo y ancho del territorio nacional.

¿Cuál es la solución?

Muchos alimentos ya no se pueden importar debido a la falta de divisas y se dejaron de producir cuando el gobierno impuso un antieconómico control de precios que obligó a vender por debajo de los costos de producción y originó el cierre de millares de empresas que no pudieron recuperar ni siquiera los costos de producción.

Al sincerar los precios y cerrar la enorme brecha entre los precios controlados y los precios en el mercado especulativo, se le propinará el golpe de gracia a las redes de bachaqueros al detal y al mayor, toda vez que se erradicará el principal incentivo que tiene estas mafias de comprar barato los productos subsidiados para después revenderlos mucho más caros.

En lugar de obstinarse en reducir las redes de comercialización a los puntos de venta de los Clap, el gobierno debe estimular la reactivación de la producción agrícola e industrial. Esto implica sustituir los subsidios indirectos por subsidios directos y sincerar los precios. Así se le dará un respiro a un aparato productivo asfixiado por rígidos y prolongados controles de cambio y de precios.

Al reactivar la producción nacional se compensará el descalabro de las importaciones y se podrá abastecer no solo a la precaria red de Clap, sino también a la amplia red de bodegas, abastos y supermercados privados del país. Estos emprendimientos familiares surtieron eficientemente a las comunidades y vecinos, antes de que los controles de cambio y precios desquiciaran el sistema de precios relativos y crearan el desorden y caos que hoy se impone.

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