Nos soplaron el bistec

VenezuelaHéctor Ignacio Escandell Marcano

 

“… oblea, oblea, oblea…”, “pan de coco, de coco…”, “…los helados, de mantecado, chocolate, llévate el helado…”, “…jabones, jabón de olor, uno por 400, tres por mil…”

Con este coro celestial me adentré el sábado por la tarde en el bulevar de Sabana Grande. Hace tanto tiempo que no caminaba por ahí. Hace cuánto no me aturdía el grito desesperado de la anarquía.

Cada rincón del concurrido paseo estaba repleto de gente vendiendo algo, intentando cualquier truco para persuadir a los que, como yo, estábamos de paso.

¿Qué pasó con el bulevar cultural?, ¿Qué le pasó a este lugar que años atrás había recuperado la esencia de punto de encuentro?

La armonía se acabó, la gente se cubre, camina rápido y mira de reojo. La sensación de pánico volvió a Sabana Grande.

La policía fuma, come mango con sal y adobo, conversa con los vendedores ambulantes.

La Guardia Nacional se sienta, contempla y come oblea. Vestidos de verde oliva hablan por los alquilaítos, chatean por wath’sApp y esperan su cambio de guardia.

El presente es de lucha y el futuro será bajito

Esta semana volvemos a la cronología de lo importante, a las conversaciones que abren los poros.

El miércoles, el ingeniero Luis Guanipa alertó que el 2016 va a cerrar con un consumo de carne per cápita de 7 kilogramos, una cifra alarmante porque el promedio en América Latina es de 23 kilos, y lo recomendado por los médicos es de 25. ¡Nos soplaron el bistec!

Luis Guanipa es director de la Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela, mientras lo entrevistaba pensaba en las proteínas que los niños, niñas y adolescentes están dejando de consumir. Pensaba en “los huecos de mi correa”.

La conversación no fue fácil, escuchar las historias de horror y violencia en las fincas es una tarea compleja, sobre todo si te imaginas a las mujeres de los campesinos vivir un atraco, un secuestro o una matanza. Historias que sufren siete de cada diez agroproductores venezolanos.

Saber que no hay vacas es asumir que no hay leche y que la consecuencia social la padecen los bebés que perderán tres o cuatro centímetros cuando crezcan. Por eso digo, el futuro será bajito.

¿Fórceps para la Navidad?

Durante la semana se escucharon cohetes a diestra y siniestra. Llegar a las nueve de la noche fue sinónimo de “…Bum”, “Bum”, “Trututu Bummnn…”

Suena Caracas sigue con los decibeles altos -muy altos diría yo- para el momento que vive el país.

Mucha gente lo hizo y yo también lo haré, no es justo tanto derroche de luces y dólares en fiestas, mientras familias enteras deambulan por las calles buscando comida.

De verdad que en el juego de las prioridades las autoridades están descalificadas. ¡La Navidad no nace con fórceps!

La época más esperada por los cristianos no necesita globos y pólvora. La Navidad no puede ser una excusa para distraer y adornar la realidad de un país que cada día profundiza sus penurias.

PD: Cardenal, ojo por ojo no es de cristianos. Porras, callaíto te ves más bonito.

Fuente: https://cronicadelviernes.wordpress.com/2016/11/20/nos-soplaron-el-bistec/

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