Nos duele quitarles la comida

6-2-1_minerva-vittiMinerva Vitti*

“¿Ya desayunaste?”, es lo primero que te pregunta la hermana Zulay Montilva al llegar a la Casa de Noviciado Nazareth, ubicada justo al lado del Clínica Dispensario Padre Machado, en Montalbán II la Vega, Caracas; y lugar donde se encuentra la residencia de la Comunidad Madre Emilia de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía. Si hay una respuesta afirmativa, ella igual insiste: “Vamos al comedor para que comas un trozo de patilla”.

Luego de la merienda de media mañana, salimos del edificio y la hermana Zulay abre un portón azul que tiene pegado un papel con algunas normas, entre estas destacan: “traer cucharas o cubiertos para comer”, “solo se repartirán 25 números”. Adentro dos mesas, algunas sillas, y el rostro de Jesucristo con una frase “Yo soy el pan de vida. JN 6, 35”. Hace tres meses, en este pequeño salón, las religiosas les daban almuerzo y acompañamiento a las personas en situación de calle.

Al principio llegaban entre veinticinco y treinta personas. Ellas les repartían sopa y un plato de comida. Luego el número de personas aumentó a sesenta y el almuerzo de los últimos meses se convirtió en una tacita de sopa. Las últimas semanas llegaban muchos niños, jóvenes y mujeres. Finalmente tuvieron que cerrar las puertas del comedor que funcionó durante cinco años por falta de alimentos. “Desde enero comenzamos con la lucha porque no queríamos quitarles el almuerzo. Las donaciones se fueron reduciendo y ya no nos alcanzaba la comida. Un día todos estaban afuera y tuve que bajar y decirles que no alcanzaba para todos y que algunos tendrían que irse. Teníamos para veinticinco personas.  Volví y un señor con muletas se había ido para que otro comiera. Al día siguiente salió el evangelio de la multiplicación de los panes, pensé en cómo Jesús no despachó a ninguno y me sentí muy mal”, dice la hermana Zulay, quien también es maestra de novicias y tiene dieciocho años en la congregación.

A pesar de que el comedor está cerrado, todos los días llega alguien pidiendo algo de comida. Los vigilantes que están afuera no encuentran qué decirle a la gente que asiste con sus envases, entonces llaman a las hermanas. 

“Hay un abuelito que siempre viene. Él me dijo que no tenía a nadie, que no hallaba qué hacer, que no tenía comida, y yo le dije bueno vente todos los días. Le firmé un papelito para que lo dejaran entrar. Así que viene un día sí y un día no”, cuenta la hermana Morelis Sánchez, y agrega que otro factor que aceleró el cierre del comedor para las personas en situación de calle fue la situación del ancianato que también atienden: “Teníamos que darle la comida completa a las abuelitas y ya no se conseguía el arroz y la pasta que es lo que más rinde”. Aunado a esto algunas empresas como Cargill de Venezuela y Molinos Nacionales C.A, (Monaca) dejaron de enviar sus donaciones. 

Atención a los adultos mayores

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“Las abuelas no están comiendo bien, así de sencillo. Ellas merecen tener comidas balanceadas. Lo que se consigue es lo que se les da y pidiendo. Ahorita yo estaba en reunión con la hermana porque la camioneta donde nosotros buscamos los donativos se dañó y no conseguimos los repuestos. Estamos haciendo llamadas para ver quién puede ayudarnos. Nos iban a donar unas auyamas en Valencia”, dice Morelis que tiene doce años como religiosa.

La capacidad del Asilo de la Comunidad Madre Emilia es de 105 personas, pero actualmente hay 65. Muchas ancianas han fallecido por la edad y por no encontrar los medicamentos que necesitan.

“Tenemos de diez a quince abuelas que decimos que son de nosotras. Son abuelas que hemos traído de la calle, otras que nos las han dejado en la puerta, y otras que las familias las trajeron y nunca más regresaron. Hay como treinta a cuarenta que sí viene la familia y les dan de vez en cuando sus cositas, pero del resto todas comen lo mismo. Lo poco que tenemos pero se les da. La pensión no les alcanza a ellas para pagar una habitación en 30 mil bolívares. De lo que aportan recogemos para pagarles a los empleados, pero no todas tienen pensión. Aquí no tenemos enfermeras ni médicos. Los primeros auxilios los hacemos nosotras: que si una abuela se cae, tomarle la tensión. Gracias Dios que tenemos la clínica al lado que nos ayuda. La mayoría muere con nosotras”, prosigue la religiosa Morelis.

Casa de Acogida y Rehabilitación Padre Machado

La hermana Zulay cuenta que en El Valle tienen una Casa de Acogida, una experiencia intercongregacional, que atiende la religiosa María de Los Ángeles Perdomo, que es de su congregación, junto con otra hermana de la orden compasionista, Mary Zurita. Este lugar tiene capacidad para quince personas pero actualmente hay doce jóvenes que están haciendo el camino para rehabilitarse.

Los lunes, miércoles y viernes reciben entre setenta y ochenta personas en situación de calle, mujeres y hombres, que van a bañarse, cambiarse de ropa, descansar y comer. Luego regresan a la calle hasta que un día dicen “me quedo” y deben hablar con la hermana para poder ingresar (en este caso solo se admiten hombres). Durante 2016 han atendido alrededor de 2.000 personas. Hay mucha gente desnutrida y con tuberculosis. “Antier llegó una que ya estaba para morirse”, comenta la hermana María de Los Angeles.

Anteriormente las hermanas daban comida los tres días, pero ahora van a colocar un solo día (los miércoles) para la olla comunitaria. En el albergue se necesita donación de alimentos y ropa.

Los viernes las hermanitas de los pobres van a distintas plazas (Las Mercedes, Plaza Caracas, Parque Carabobo) a entregar comida a las personas en situación de calle. “Es difícil, salir y llevar solo una arepita. Uno siente que no está haciendo nada en estos momentos, después se quedan esas personas ꞌ¿y mañana quien me va dar?ꞌ. El viernes pasado los habían quitado de la plaza Las Mercedes [a las personas en situación de calle] porque había un plan vacacional. Apenas llegamos nosotras se regó la voz y en seguida llegaron como treinta personas, llevamos treinta arepas y treinta arepas salieron”, asegura la hermana Zulay.

Mientras relata la historia, la hermana Morelis interviene, tratando de resolver la situación.

—Sería más barato hacer el pan en casa. Si conseguimos la harina le dices a Yaritza, le indica a la hermana Zulay.

—Claro… Si conseguimos harina.

127 años al lado de enfermos y ancianos

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La Congregacion de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía fue fundada el 25 de septiembre de 1889 por el padre Santiago Florencio Machado y la Hermana Emilia Chapellín Istúriz, y es la primera congregación femenina venezolana.

Primero, el padre Machado fundó el hospital San José en Maiquetía para luego, con la hermana Emilia, formar un movimiento de espiritualidad entre varias jóvenes que en su interior tenían el gran deseo de una congregación total[i]. Desde el inicio de esta orden religiosa, su madre fundadora propuso que las Hermanitas imitaran la vida mixta de Jesús, distribuyendo el tiempo entre la oración, por la cual se unían a Dios en mente y corazón, y las obras de celo y caridad, mediante la atención integral a los enfermos y ancianos[ii].

Dentro de las obras fundadas están: Hospital San José de Maiquetía, Clínica Padre Machado, Comunidad Madre Emilia, Asilo San Antonio (San Martín), Asilo Nuestra Señora del Carmen (Los Chorros), Hogar Padre Machado (Los Teques), y Colegio Madre Emilia (Los Dos Caminos y Maiquetía).

La hermana Zulay también cuenta que el padre Machado fue el fundador de los primeros comedores escolares de Venezuela; luego de darse cuenta que la mayoría de los niños regresaban a las clases por la tarde sin haber almorzado, porque en sus casas las mamás no tenían nada que darles[iii]. “Nos duele quitarles la comida a las personas en situación de calle, pero si Dios quiere que les sigamos dando comida él nos encontrará a las personas que nos ayuden”.

Para hacer donaciones pueden comunicarse con la hermana María de Los Ángeles Perdomo 04142872456 y con la hermana Zulay Montilva 04247175756.

*Miembro del Consejo de Redacción de SIC.

Notas

[1] http://www.diarioeltiempo.com.ve/V3_Secciones/index.php?id=162662010

[1] http://athletaechristi.org/wp-content/uploads/2013/10/PADRE_MACHADO.pdf

[1] Ibídem.

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