“No hay ninguna posibilidad de que sea el próximo General de los jesuitas”

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“He intentado servir a los periodistas con todo mi corazón y me he sentido respetado”

José Manuel Vidal

Le llaman el hombre tranquilo, el que susurró a los oídos de dos Papas. El jesuita Federico Lombardi ha sido más que un portavoz al uso de la Santa Sede. Encarnó, durante años, la voz oficial de la Iglesia. Supo estar en la frontera del servicio a Benedicto y a Francisco, sin dejar de mimar y de querer a los periodistas, “instrumentos imprescindibles” para la comunicación de la Iglesia. Sigue tendiendo puentes, ahora como presidente de la Fundación Ratzinger, no se ve como General de la Compañía de Jesús y asegura que “Francisco tiene el don de la comunicación”.

¿Qué balance hace de sus 10 años al frente de la oficina de prensa de la Santa Sede?

El balance tienen que hacerlo los periodistas y los católicos. Son ellos los que tienen que decir si he hecho un buen trabajo o no. Ha sido una experiencia muy importante y muy rica en mi vida, esta colaboración al servicio de dos Papas muy diferentes. Y ya antes trabajé en el Vaticano con Juan Pablo II. Tres papas en 25 años. Es una experiencia muy profunda. Como ejercicio profesional de comunicación y como experiencia espiritual de cercanía a los papas, que son personas maravillosas que han marcado la vida de la Iglesia en estas últimas décadas. Es un servicio con los periodistas y para los periodistas. Se trata de ayudarlos a entender bien e informar y comentar adecuadamente la vida de la Iglesia. En este sentido, para mí fue un servicio de diálogo y de puente entre la Iglesia institucional y el mundo de la comunicación. Fue también una buena experiencia de amistad y de encuentro personal con muchos periodistas del mundo. De diferentes naciones y de diferentes orientaciones.Y siempre con la idea de colaborar, para ofrecer un buen servicio a todas las personas que desean tener una información profunda sobre la Iglesia en el mundo de hoy.

¿Aprendió algo de los periodistas durante su tiempo como portavoz de la Santa Sede?

Tengo que decir que mi experiencia ha sido muy buena. He intentado servir a los periodistas con todo mi corazón. Dar el material y la información útil que necesitaban para que hicieran bien su trabajo. Y con una actitud positiva y de disponibilidad.

¿Los medios y sus profesionales son instrumentos imprescindibles para la Iglesia?

Naturalmente. Hay periodistas que tienen una orientación y una sintonía mayor con la Iglesia porque comparten sus ideales y sus intenciones. Hay otros que tienen una perspectiva diferente. Pueden interpretar los hechos sin entender bien cuáles son las intenciones profundas evangélicas del papa, porque no las comparten. En cualquier caso, todas son personas que hacen seriamente su trabajo y merecen que se las ayude a entender correctamente la realidad de la Iglesia. En este sentido ha habido un respeto mutuo.

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Y como prueba de ese respeto mutuo, los periodistas le han hecho un homenaje en Roma hace poco tiempo…

Yo nunca me he sentido atacado. Siempre me he sentido respetado y apreciado por los periodistas.

¿Va a echar de menos no estar en el avión en el próximo viaje papal?

No, yo siempre he pensado que prestaba un servicio. Éste ha terminado y ahora hago otra cosa. No es una tragedia. Es muy normal tener diferentes destinos. Estoy muy contento de colaborar con los Papas. Pero era muy consciente de que este servicio no iba a ser eterno. Ahora tengo otra tarea.

¿Ha cambiado la comunicación en el Vaticano con el Papa Francisco?

El estilo de comunicación del Papa Francisco es muy distinto al de Benedicto. Con Benedicto había una comunicación muy rica en contenidos, muy profundos y teológicos. Francisco tiene un carisma muy especial de expresión concreta y directa, de cercanía con el mundo de hoy y con las personas. Es una comunicación más concreta y directa, y con sintonía profunda entre el pueblo y el Papa Francisco. Y naturalmente, el servicio de la comunicación por mi parte fue diferente, en el sentido de que con Benedicto era más un servicio de interpretación, de simplificación de sus mensajes, de divulgación. Con Francisco, los mensajes se entienden más directamente. Y el servicio consiste en ayudar a los diferentes medios, especialmente a los digitales, a recibir rápidamente el mensaje de Francisco, que es particularmente apto para la comunicación actual. Con frases breves, contundentes, con mensajes sencillos. La potencia comunicativa de Francisco tiene algo muy especial. El papa tiene el don de la comunicación.

¿Le molesta que los periodistas le sigamos etiquetando de ex portavoz o eso es un timbre de gloria?

No es un problema. Es una realidad.

Ya está metido de lleno en nuevas tareas

Ahora tengo nuevas cargas y voy a ver cuáles son y cómo interpretarlas. Es un periodo un poco de transición porque he empezado a ver qué es la Fundación Ratzinger y qué puedo hacer en ella. Además, está la Congregación General de los jesuitas, a la que voy a estar dedicado un mes y medio. Después, veré si tengo otra misión en la Compañía para compaginar con la de la Fundación.

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Dicen que podría ser usted el nuevo General

No, no, no. Estoy muy tranquilo. Es absolutamente imposible.

Su nombre suena entre la rosa de los papables negros.

No hay ninguna posibilidad. No tiene ningún sentido. Aunque sólo sea por razón de la edad. Tengo 74 años. 

La edad justa para un mandado de 6 o 7 años…

No, no… No es lo que piden los jesuitas ahora.

¿Piden alguien más joven?

Y que pueda tener tiempo de gobierno.

¿Es posible hacer alguna quiniela sobre los eventuales sucesores de Adolfo Nicolás?

No, eso está totalmente excluido. Es ir contra la realidad, porque no hay ninguna candidatura. Lo que cuenta para eso es el proceso de discernimiento, que se hace en la Congregación General, en el que se habla de dos en dos.

Las murmuraciones

Eso es. Antes no, no hay ni candidaturas, ni grupos, ni listas de candidatos. Cada uno tiene su responsabilidad de discernimiento.

Pero los periodistas sí tendremos que hacer quinielas

No sería serio.

Sea el que sea el elegido, ¿el nuevo Prepósito General será franciscano, es decir, alguien en total sintonía con el papa Francisco?

Está claro que la Compañía de Jesús vive en un pontificado y, como siempre, tiene que servir a la Iglesia en la perspectiva que el vicario de Cristo nos indica. Naturalmente hay una sintonía entre la Compañía de Jesús y el Papa, que es jesuita. La Compañía desea servir a la Iglesia, ayudar al papa y estar, como siempre, a su servicio. La Compañía ayuda a todos los papas.

Sea quien sea

Es su misión.

¿Con una sintonía especial con el Papa Francisco?

Es evidente que está habiendo una sintonía importante con Francisco. Es bueno. Estamos en la Iglesia guiada por el papa Francisco y tenemos que seguirlo y adecuarnos a su espíritu. Eso es lo natural. Lógicamente, las orientaciones que tome la congregación tendrán en cuenta esta situación.

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De portavoz de la Santa Sede a presidente de la Fundación Ratzinger. ¿En qué consiste su nuevo trabajo?

Ahora tengo una misión especial que consiste en continuar la herencia cultural y teológica de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI. Por medio de algunos premios, algunas publicaciones y algunos congresos de teología. Es decir, continuar el espíritu de Joseph Ratzinger de ayudar al desarrollo a través de la contribución de la teología y de la cultura de la Iglesia. No sólo tenemos que reflexionar sobre lo que Ratzinger ha dicho, sino mantener su espíritu, favorecer el diálogo entre la Iglesia y la cultura actual. La fundación tiene esta misión. Para llevarla a cabo, mantenemos muchas colaboraciones con diversas instituciones, como universidades del mundo, congresos, publicaciones y diferentes iniciativas.

¿Cómo se fraguó su paso a la dirección de la Fundación Ratzinger?

Francisco me dijo: ‘Vas a terminar en la Sala de Prensa y te vas a encargar de la Fundación Ratzinger’. Y pensé: ‘No sé si eso es lo mío, organizar congresos y cosas así’. Pero luego entendí que haber trabajado con Benedicto XVI fue muy importante para mí, y poder seguir trabajando con él era una oportunidad, un don. Siento como un don el poder estar cerca del Papa emérito en este tiempo fundamental, el tiempo de su preparación al encuentro con Dios. Seguimos hablando y Francisco también me dijo que, con la Fundación, tenemos que dedicarnos a impulsar y a tomar parte activa en un trabajo de reflexión cultural con una perspectiva muy amplia de diálogo con la teología. Con una perspectiva que, siendo compatible con la fe, pueda realmente ayudar al mundo de hoy. Éste es el sentido en que yo interpreto el trabajo que me ha confiado Francisco. Un trabajo muy importante, porque él conoce muy bien y aprecia el enorme servicio que Benedicto ha hecho a la Iglesia. Hay una maravillosa relación de aprecio y de sintonía de Francisco con su predecesor. Me siento bien de pasar de un servicio al otro, porque plasma el espíritu de continuidad que hay entre los dos Papas y la profunda relación que hay entre las dos personas.

¿Cómo se encuentra Benedicto XVI?

Está en el tiempo de la preparación al encuentro de Dios. El libro de sus últimas conversaciones, que pienso que pronto se publicará en español, tiene un valor especial para mí, porque es su testimonio. Es su testimonio de cómo se prepara al encuentro final de la vida. Un testimonio de una gran profundidad y de una sinceridad maravillosa, que puede ayudarnos a todos nosotros en nuestra espiritualidad. Considero que es un privilegio estar en sintonía con este gran hombre. En un pequeño diálogo que mantuve con él unas semanas atrás, concretamente sobre la Fundación, sobre el sentido de mi tarea hoy, me dijo: ‘Es muy importante que nos empeñemos en ayudar al desarrollo de una teología en la Iglesia que se inserte profundamente en ella, y que se haga desde el interior de la teología y no desde el exterior, con intervenciones disciplinales’. Esto, para mí, viniendo de un Papa emérito, que antes fue prefecto de Doctrina de la Fe, es muy interesante. Benedicto piensa que la búsqueda de la verdad y la búsqueda del diálogo teológico tienen que crecer hacia el interior, con un espíritu del aggiornamento positivo. Como el que muestra en su libro sobre Jesús.

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