Los papas y los papanatas iluminati

conspiracion-de-jesusJesús María Aguirre s.j

El Papa negro se convierte en blanco.

Para los más fantasiosos el título sugiere una conspiración entre el Papa Blanco hoy jesuita y el Papa Negro siempre jesuita, para consolidar el régimen de iñiguistas o ignacianos en el poder vaticano.  Francisco, piensan estos, habría señalado con el dedo a su delfín Arturo, rojo rojito, camuflado con piel negra, que pasaría a blanco, e inauguraría una dinastía, si no eterna como la de Chávez, al menos milenarista. Esta versión se acerca a la trama conspirativa de Eugene Sue en “El judío errante”, novela antijesuítica por excelencia (1)

Siendo menos alucinados, se me ocurre que el título cuadra con la campaña de ataques contra el Papa Negro, convertido en blanco de unos ataques sistemáticos por parte de unos papanatas.

El papanata es la persona demasiado cándida y fácil de engañar, y entre ellos se encuentran no solamente los que creen en las promesas de este gobierno, sino los que se tragan cuando dato pseudohistórico conviene a su facciosa táctica política.

Al estilo de Goebbels, algunos fablistanes consideran que una mentira repetida hasta la saciedad deja algún dividendo político con visos de verdad, y por eso se han dado a la tarea de pulverizar al Superior General de los Jesuitas, P. Arturo Sosa por sus polémicas opiniones sobre la situación de Venezuela, por la vía de desautorizar a su persona atribuyéndole un supuesto pasado, radical y extremista de izquierda, aliado del protochavismo. ¡Ojo con los lobos con piel de oveja!, nos avisa el dicho, y como nos advertirá el bloguero de “infiltraciones jesuitas” con sus revelaciones ¡ojo con el Papa Negro y su cambio de piel!

El Papa negro conspirador y golpista…

Para muestra un botón más de esas insidiosas “infiltraciones-jesuitas”, que quieren transformar al Papa Negro en uno “rojo rojito”, ante cuyas palabras   tiene que desconfiar cualquier ciudadano bien nacido y simpatizante de oposición:

El exdirector del Centro de Investigación y Acción Social de los Jesuitas en Venezuela (Centro Gumilla) también pasó a la acción. “Fue promotor activo y defensor de los golpes de Estado de 1992. Sin perder su independencia, estuvo vinculado con diversos grupos de la ultraizquierda. Hacía trabajo de base en los barrios, escribía panfletos y se opuso intensamente a la reforma económica que impulsó el presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez”, afirma un antiguo senador de AD que prefiere resguardar su identidad.

http://infiltracionesjesuitas.blogspot.com/


¿No les recuerda las mismas mañas retóricas del difunto Chávez contra los “diablos con sotana”, aliados de la burguesía y oligarquía golpista, que no le simpatizaban para evitar sus engaños y contagio?

Hasta donde hemos podido averiguar en los archivos del Centro Gumilla, siguiendo el prontuario izquierdista del denostado Arturo, nunca legitimó los golpes de Estado de 1992 y como prueba de ello están sus escritos de ese tiempo, cuando dirigía la revista SIC y repudió el golpismo:

 “El golpe de Estado (más bien al Gobierno) provocado por un alzamiento militar es un ‘medio’ inadecuado para corregir o profundizar los defectos o carencias de un régimen democrático, aunque sea el fin que proclamen y sinceramente profesen sus autores”.

<http://gumilla.org/biblioteca/bases/biblo/texto/SIC1992542_50-51.pdf>

Es cierto que invitó en varias oportunidades al seminario sobre Análisis de la Realidad Venezolana a personajes conocidos de la vida política y económica del país desde Asdrúbal Baptista y Emeterio Gómez hasta Alí Rodríguez y Bernard Mömmer, pero eso no lo convirtió en miembro del MBR-200 o de los CLP, ni de CEDICE, y menos en un golpista. Su cercanía intelectual con el filósofo Luis Castro Leiva era manifiesta, pero ninguno de los dos era, ni de lejos, intelectual orgánico del chavismo.

Durante su dirección al frente de la revista SIC, cuyas secciones de Vida Internacional y habituales diagnósticos sociales las escribían el diplomático socialdemócrata Demetrio Boersner y la socialcristiana Mercedes Pulido, respectivamente, nunca hubo rupturas en las líneas estratégicas de los editoriales, a pesar de algunas discrepancias secundarias. No acostumbraba a escribir panfletos, porque tenía a su disposición las publicaciones del mismo Centro Gumilla y los medios estaban a su alcance. (Solamente recuerdo un panfleto, mejor dicho, un comunicado del Centro Gumilla, que por no esperar un mes la salida de la revista SIC, fue distribuido a las puertas de la Catedral de Caracas, a raíz del asesinato de Mons. Oscar Arnulfo Romero).

Preso por subversivo en el Caracazo…

Según el detective sabueso de las infiltraciones-jesuitas, afín a los illuminati por su capacidad de revelar secretos encriptados:

Tanto Sosa como José Virtuoso –actual rector de la UCAB- son politólogos y estaban cercanos en los postgrados de la UCV y la Universidad Simón Bolívar (USB) a círculos afectos a los movimientos insurreccionales, no sé con qué nivel de compromiso, pero entiendo que fueron interrogados y retenidos en 1989 y 1992 por la Disip (antigua policía política) y la DIM (Dirección de Inteligencia Militar)”, recuerda Aveledo Coll.

Como consta en todos los diarios del momento -centristas, izquierdistas y derechistas-, ni el el P. Arturo Sosa, ni el P. José Virtuoso fueron interrogados y retenidos en 1989 y 1992. Al contrario, el P. Arturo Sosa con anuencia del Cardenal José Alí Lebrún realizó durante el Caracazo las diligencias ante la Secretaría de la Presidencia, a cuyo cargo estaba por entonces Beatrice Rangel, para colmo amiga del vilipendiado director del Centro Gumilla, para proceder a liberar a los jesuitas injustamente detenidos en los calabozos de la DIM.  Para corroborar estos datos busque al P. Luis Ugalde, quien junto con el P. Javier Duplá fue detenido, y confronte al enigmático adeco y al historiador y político Guillermo Aveledo Coll, a quienes menciona como fuentes, para ver si lo que ud. afirma es verdadero o falso.

Estos hechos fueron acuciosamente documentados por uno de los detenidos, el ingeniero P. Raúl González Fabres en la revista SIC y pueden ser verificados por cuanto todos los testigos – J. Duplá, L. Ugalde, J. P. Wyssenbach y W. González- aún viven.

<http://gumilla.org/biblioteca/bases/biblo/texto/SIC1989513_116-117.pdf>

En cualquier caso, su invento periodístico demostraría que las detenciones arbitrarias por infundios no son nuevas, sino que provienen de antes, aunque ahora se hayan incrementado.

Al autor de estas “infiltraciones jesuitas” le recomendamos la lectura de Número Cero de Umberto Eco para mejorar sus artimañas con la orientación de Colonna, y sobre todo le presagiamos más éxito completando las secuelas del Código Chávez y del Código Da Vinci que como cronista o historiador, para ser condecorado con la orden de los sabios de los Protocolos de Sión(2).

Como han afirmado algunos críticos de las declaraciones del Papa Negro, éste se equivocó al equiparar o poner en una supuesta igualdad a un gobierno tiránico y a una oposición vapuleada, pero, por suerte, no nos consta que haya un documento jesuítico en que se declare al Papa Negro como infalible y menos aun cuando interviene en política (3).

Notas.-

  1. En el “El judío errante” el enemigo a batir es la iglesia y, concretamente, la orden de los jesuitas. En unas páginas que son un ejemplo perfecto de teoría conspiratoria, los muy nobles seguidores de San Ignacio de Loyola son mostrados como una oscura y oculta secta en la sombra, cuyo objetivo es el dominio del planeta, y que cuentan con espías y miembros infiltrados en todos los estratos sociales y de gobierno.

http://memoriasdeunfriki.blogspot.com/2009/02/el-judio-errante-de-eugene-sue.html

  1. Siete años después de la publicación de El judío errante yLos misterios del pueblo, un revolucionario francés llamado Maurice Joly plagió fragmentos del trabajo de Sue en su folleto antinapoleónico, “Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, que a su vez fue posteriormente adaptada por el prusiano Hermann Goedsche en 1868 en un trabajo titulado Biarritz, en el que Goedsche sustituyó por Judíos a los “infernales conspiradores jesuitas escritos por Sue. En última instancia, el plagio de Goedsche acabó incorporándose directamente en el texto de la falsificación de Los Protocolos de los Sabios de Sion.
  2. No es una novedad que entre los jesuitas hay discrepancias políticas y diferencias con respecto al actual diálogo y el papel del Vaticano como puede verse en las declaraciones públicas o escritos del P. José Virtuoso, P. Luis Ugalde, y el P. Numa Molina, entre otros.

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