Los jueces de la dictadura y los constructores de paz

revocatorioMaría Gabriela Cuevas García

Vivimos la tragedia de estar en medio de un cuento, que quienes hoy gobiernan construyen para el futuro.

Hoy nos dicen, a través de unos jueces que utilizan como fichas políticas, que la próxima semana, no tendremos la jornada de recolección de firmas que al menos un 70 % de la población anhela, para que se solicite cívicamente el referendo revocatorio del Presidente de la República, y se empiece así a abrir caminos para solucionar la gravísima crisis económica, social y política del país. Y nos dicen que el motivo de esa decisión es que hubo fraude en cuatro Estados, en la fase anterior del proceso, en que se requería la participación del 1 % de los electores inscritos.

En el presente todos (dentro y fuera del país) sabemos que perdieron el apoyo popular, pero en el futuro tratarán de alentar a la población a seguirles nuevamente, contándoles una historia falsa que están fabricando hoy, y que es ya lo único que les queda entre las manos.

La realidad del presente es otra. En la realidad, lo único que falta por saber son ciertas cantidades respecto al tiempo y a las víctimas, tales como:

  • Cuánto tiempo más les queda en el poder mientras terminan de destruir el aparato productivo del país;
  • Cuántas personas más morirán por falta de medicamentos, atención médica, o alimentos; cuántas personas más morirán a causa de la violencia criminal que se ha alentado por la impunidad;
  • Cuántos jóvenes más desertarán del precario sistema educativo y optarán por unirse a una banda delictiva.
  • Cuántos sicarios más terminarán por ser ajusticiados, porque ya no sean útiles a las bandas de narcotraficantes y de otros negocios ilegales que son alentadas desde el poder;
  • Cuántas niñas, niños y adolescentes más serán enrolados en actividades de comercio sexual, impulsados incluso por sus propias familias, porque no encuentran medios de subsistencia.
  • Cuántas personas más (especialmente mujeres, niñas y personas de sexo diverso) pasarán a estar en condición de esclavitud sexual por razones semejantes.
  • Cuántos funcionarios públicos electos y dirigentes políticos más irán a la cárcel mediante juicios arbitrarios, amañados de manera cada vez más evidente, para engrosar la lista de presos políticos;
  • Cuántos funcionarios públicos más perderán sus empleos por atreverse a ejercer sus derechos políticos.
  • A cuántas personas y familias más les negarán beneficios sociales por atreverse a ejercer sus derechos políticos.
  • Cuántos venezolanos más huirán de la violencia y la miseria instalándose en otros países, bien sea de forma legal, o para vivir la desdicha de ser indocumentados.
  • Cuántas de estas realidades y cifras seguiremos desconociendo, porque la Defensoría del Pueblo no cumple con su trabajo, y mucho menos las otras instituciones del Estado, que ésta debe supervisar.

Sin embargo, también está por contarse:

  • Cuántas personas más amanecerán cada día, con más fuerza que el día anterior, para hacer lo que corresponda como ciudadanos en esa jornada, para levantar la voz frente a la DICTADURA que no respeta la vida de las personas, ni mucho menos sus derechos políticos, ni la Constitución, ni las instituciones necesarias para la vida en paz.
  • Cuántas personas más se despertarán a diario agradeciendo la oportunidad de reafirmar “tengo derecho a una vida digna”, y ese solo pensamiento resultará en sí mismo subversivo frente al régimen, y el rostro de esas personas podrá mostrar una sonrisa de auténtica felicidad. Pues hemos tenido grandes pérdidas, nos han herido, arrebatándonos desde el derecho de propiedad, el poder adquisitivo, las seguridades, hasta la vida de seres queridos, y el ánimo de fraternidad entre todos los que llevamos el gentilicio o simplemente habitamos esta tierra. Pero la tragedia continuada y agravada ha terminado por fortalecernos, pues hemos aprendido a saber que lo material (lo que incluye nuestra propia vida terrena) no es lo trascendental, y si bien tenemos que defenderlo, como se defiende lo más sagrado, porque en ello se recrea nuestra dignidad como personas, es la lucha por esa defensa la que nos anima.
  • Cuántas personas más estarán dispuestas a articularse en las iniciativas que nos permiten actuar en UNIDAD, y de ese modo harán contrapeso a los efectos de los ataques dirigidos desde el poder, como son ahora las amenazas por ilegalizar a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), para las que, seguramente, tendrán también unos jueces alineados. Las supuestas razones de esa pretendida ilegalidad podrán ser suficientes para llenar alguna página de uno de esos libros de historia malversada que hoy se esfuerzan por construir, pero no serán suficientes para acallar ni frenar a una inmensa mayoría sumándose a las iniciativas ciudadanas, que nos convoquen a defender la vida, la institucionalidad y la Constitución que las garantiza.

La historia futura que bregamos hoy, contará a los constructores de paz.

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