Las religiosas del Sagrado Corazón y la controversia político religiosa

sic

Jesús María Aguirre

Hace tiempo que numerosas comunidades cristianas, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, levantan su voz ante las situaciones sociopolíticas de los países respectivos, sin reducirse a ser altavoces o parlantes para amplificar los documentos de la jerarquía eclesiástica.

En EE.UU. ha sido bastante frecuente, sobre todo a partir de los años sesenta, escuchar las opiniones de monjas contestatarias ante situaciones que afectan a la mujer dentro y fuera de la Iglesia. En Venezuela no abunda este tipo de intervenciones, más bien son excepcionales. Este documento de las Hermanas del Sagrado Corazón tiene esa impronta de unas mujeres, que en el interior de la Iglesia quieren expresar también su interpretación de la realidad venezolana, desde su experiencia particular y su modo de posicionarse ante el proceso que vive Venezuela. Pero a la vez que las religiosas emiten su comunicado institucional, también hay discípulas y egresadas, que no comparten su visión y se desmarcan de su comunicado. La controversia está servida y partiendo del respeto mutuo ponemos a disposición de nuestros usuarios los argumentos esgrimidos por ambas partes, pues es común difundir solamente una perspectiva, y consideramos saludable abrir el abanico de la opinión pública en el interior de la Iglesia católica:

Hermanas del Sagrado Corazón en Venezuela

A quienes quieran tener otra lectura de nuestra República Bolivariana de Venezuela
A quienes quieran ensanchar sus comprensiones del mundo
A quienes quieran mirar a América Latina desde, y con, lo que nos pasa a las y los venezolanos.
No hacen falta alas
para hacer un sueño
basta con las manos
basta con el pecho
basta con las piernas
y con el empeño.
Canción de Silvio Rodríguez

En los últimos días, varias compañeras y compañeros latinoamericanos nos han llamado para enterarse de nuestra situación, preocupados por las informaciones que les llegan sobre la falta de alimentos en el país. Agradecemos las llamadas de nuestra coordinación general en Roma por su cercanía y solidaridad.
Las noticias deben ser muy alarmantes. Por esa razón hacemos un relato general que diga desde nosotras, desde nuestros colectivos de trabajo, de militancia, reflexiones y amores, cuál es nuestra situación.
Confirmamos la falta de algunos insumos regulares que se convierten cotidianamente en la base de nuestra alimentación. Es decir: escasea el arroz, se complica conseguir un litro de aceite, la pasta aparece con mayor regularidad. Falta harina de maíz en las tiendas, pero no ha disminuido la venta de arepas y empanadas en las calles. Falta en las tiendas la harina de trigo, y por tanto el pan, pero ninguna panadería de nuestros barrios ha cerrado ni ha dejado de vender pan dulce, tortas y galletitas a muy altos precios. El pan que falta es el pan salado que está regulado a 50 bolívares (4,51€) y cuando se consigue está en 150, 200 o 350 bolívares. ¿Y la regulación de precios? ¡Es que no hay harina de trigo!

Sin embargo, no faltan vegetales en todo su esplendor y variedad, ni falta ningún tipo de proteínas en sus distintas versiones de aves, carnes, y pescados a un precio diez veces mayor a lo que se podía comprar hace un año. Lo mismo pasa con el fresco queso, el jamón y demás variedades de embutidos que no han faltado nunca, aunque, claro, a muy altos costos…. ¿Y la regulación de precios? Fallo gubernamental o imposibilidad de sancionar porque quien hizo la ley, hizo la trampa.

ESTÁN DESAPARECIDAS LAS MEDICINAS ESENCIALES PARA MANTENER CUALQUIER TRATAMIENTO REGULAR DE PRESIÓN, CIRCULACIÓN O CANCERÍGENO.
Están desaparecidas las medicinas esenciales para mantener cualquier tratamiento regular de presión, circulación o cancerígeno. Es mucho lo que se tiene que preguntar, negociar o buscar para lograr cualquier medicina esencial. Los insumos de limpieza casera o aseo personal se han encarecido el mil por ciento en comparación al año pasado.
¿Y el adorable café? Impagable si se consigue. 250 gramos contrabandeado en 800 bolívares, casi dos dólares a precio oficial, o menos de un dólar en el mercado paralelo. ¿Cuánto cuestan 250 gramos de café en cualquier parte del mundo?
La leche en polvo está desaparecida y la leche líquida aparece al costo de 500 bolívares, cuando hace un año no pasaba de 25. Un dólar a precio oficial costaba hace un año 10 bolívares, hoy 420. Y la venta paralela que eleva nuestros niveles de costo de cualquier producto es de 1.000 bolívares.

Para intuir la complejidad de lo que pasa en este gran país nuestro, hay que saber esos mínimos datos de mercado. El sistema financiero ha buscado todas las formas de saltarse el control cambiario de divisas que hemos tenido por 15 años, y el control de precios de alimentos básicos. La industria encontró las grietas de estos controles por los cuales hemos podido todos los venezolanos tener acceso a alimentación regulada, y por supuesto, estabilidad emocional de mantener una familia e invertir ingresos en recreación, arte o vacaciones. Hoy es un descontrol de precios, de no producción, y acaparamiento de lo poco producido, para “sacarlo” cuando al dueño de tienda le dé la gana.

Pobre Venezuela, ¿verdad? ¿Cómo es posible que pase esto en este país tan rico? ¿Qué hace el gobierno? “Ese Maduro es un inútil”, dicen unos cuantos pobladores y gobernantes de otros países, que reclaman el respeto que no dan. Hasta Google nos dedicó una icónica foto, tomada en Nueva York en 2011, de una tienda con anaqueles vacíos que supuestamente explicaba por sí sola el desabastecimiento en Venezuela en el 2013, antes de que llegara esta crisis. Pobre, ¿engañaron a Google? ¿O Google engañó al mundo entero? La manipulación mediática existe. Nadie se disculpa con este país por promover medias verdades y la vida sigue como si nada….
EL SISTEMA FINANCIERO HA BUSCADO TODAS LAS FORMAS DE SALTARSE EL CONTROL CAMBIARIO DE DIVISAS Y EL CONTROL DE PRECIOS DE ALIMENTOS BÁSICOS

Recordemos que hace 20 años todo eso que hoy falta estaba fácilmente en los anaqueles, pero la mayoría de las y los venezolanos no lo podíamos comprar porque no teníamos el dinero ni la seguridad laboral que hoy tenemos con futuro incierto. La escasez en este maravilloso país no es producida por este gobierno, ni por ningún gobierno de antes ni de los que vendrán después. Es producida por una industria capitalista, burguesa, manipuladora en sus precios y ganancias, empecinada en tumbar este gobierno legítimamente elegido con los métodos electorales reconocidos en el mundo entero. Hay gente gobernando en algunos países del mundo que no ha sido elegida por sus pueblos. No es nuestro caso. Y aunque no gusten a algunos, los resultados de las elecciones son legítimos. Si no nos gustan los resultados cambiemos el mecanismo, las formas organizativas de elección, cambiemos el sistema.

Pero no injuriemos al elegido.
Se cuestiona la gestión de Maduro, pero no se cuestiona la manipulación de la industria, el acaparamiento de alimentos en grandes almacenes de esa misma industria, la disminución en la producción para hastiar al grueso pueblo que ha sostenido la dignidad de este gobierno. No se cuestiona la dictadura financiera que nos somete a las y los venezolanos a estar en las amenazas del hambre todos los días, en las incertidumbres de las medicinas todas las semanas, en el desasosiego de que llegue el día en que las seguridades salariales que nos dejó el presidente Chávez ya no sean suficientes este mes para enfrentar al monstruo empresarial. Porque es una dictadura financiera la que vivimos, es un golpe industrial que sostenidamente no produce suficiente porque no quiere, porque su deseo es ver derrotados a las y los chavistas que osamos creernos personas con futuro, porque les duele que el gobierno haya producido educación, autoestima, sentido patrio, sistemas de salud gratuitos, derechos laborales, salariales y sociales. Este gobierno produjo la mayor cantidad de dignidad y sentido de vida para las mayorías pobres de este país, y eso no se olvida fácilmente. ¿Será por eso que hay más colas para comprar barato donde se puede que protestas?

Las empresas y las tiendas han preferido jugar con nosotras y nosotros. Producen la mitad para ponernos a pelear en la búsqueda del insumo que algún otro se quedará sin él. En una cola de 300 personas venden obligadamente paquetes de pasta dental de seis unidades, y cuando faltan 50 personas en la cola, dicen que se acabó el dentífrico. Si se hubiera vendido un tubo de pasta por persona, más de las 300 hubieran tenido. Pero no, es obligatorio comprar el paquete de 6… ¡se nos instiga a la pelea! Buscan matar los sentimientos de solidaridad, esperanza en el porvenir, y construcción colectiva que estaban en flor en esta Matria-patria nuestra.

LAS EMPRESAS Y LAS TIENDAS HAN PREFERIDO JUGAR CON NOSOTRAS Y NOSOTROS. PRODUCEN LA MITAD PARA PONERNOS A PELEAR EN LA BÚSQUEDA DEL INSUMO
Esa industria prefiere perder dinero con tal de ganar otra vez el gobierno, y con ello sus privilegios de estar en primera plana de periódico, volver a los teatros sin mezclarse con los pobres, ir a restaurantes exclusivos sin tener cerca de su mesa a cualquier obrero o empleaducho, cuyo sueldo les da para pagar, por lo menos una vez al mes, el mismo restaurante que ese dueño de empresa paga todos los días.

Lo poco que producen las empresas gubernamentales es lo que se vende a bajo costo, con precios regulados desde hace cinco años. La mayoría hoy hace grandes colas para acceder a ellos en justicia y empecinada defensa de esos bajos precios, como una forma de sostener este gobierno; al mismo tiempo también compramos a muy alto costo las carnes, los productos de limpieza, y las verduras que mágicamente suben cada día. Se cambian nuestras rutinas alimenticias, se come yuca en vez de arroz, aromáticas por café, y nos tomamos con curiosidad recetas alternativas para hacer arepas de plátano y hasta estamos sembrando en nuestros patios. Luces y sombras de resistir en diversas visiones y opciones de mundo, la complejidad de la vida misma, aquí o allá donde usted está leyendo.

Este noble pueblo aún no se ha puesto en la calle a manifestar por la falta de comida. ¿Por qué será? Tampoco la oposición lo hace. Protestan por sus presos políticos que en verdad son políticos presos, se concentran unos pocos por la búsqueda de amnistía, o la salida de Maduro. Pero no generan una gran concentración, una marcha contundente para protestar por la falta de alimentos e insumos médicos. Todavía a la oposición no se le ocurre aglutinar el sentimiento de cansancio de ambas tendencias político partidistas. Debe ser que todavía no es negocio…
Hay quienes no hemos dejado de comer en casa con la rutina de siempre. Hay quienes ya resienten la falta de alimentos, el dolor de la muerte ante la falta de un medicamento, el dinero disminuido a fin de mes. ¿Cómo valorar las mayorías y las minorías en las resistencias de modelos políticos, unos enquistados usando su poderío histórico; otros en alternativas y sin mayor experiencia de gobernar siendo señalados para descartarlos del imaginario mundial?
LA OPOSICIÓN NO GENERA UNA GRAN CONCENTRACIÓN, UNA MARCHA CONTUNDENTE PARA PROTESTAR POR LA FALTA DE ALIMENTOS E INSUMOS MÉDICOS

No pudieron tumbar al presidente Chávez las dos veces que pararon la industria en el 2002 y el 2003 porque el momento histórico de relaciones políticas y gobiernos alternativos en América Latina era otro. Se vivía el mejor tiempo de solidaridad e integración. Doce años de estrechas relaciones de intercambio comercial, de unión de fuerzas para evidenciar que otras formas de negociación e intercambio comercial eran posibles, más allá de los ámbitos mercantilistas y pagos de intereses. Esas relaciones nos salvaron de un golpe de Estado en aquel momento. Pero ya las condiciones relacionales gubernamentales en América Latina son otras y el golpe de Estado puede venir. El Gobierno norteamericano vaticina que Maduro no llega a diciembre. Ese gobierno norteamericano que nos considera una amenaza, como si nuestro gobierno les hubiera hecho daño, o hubiera invadido otros países como lo hacen ellos.
En estos 17 años de esplendor latinoamericano, las eternas élites que gobernaron nuestras tierras para enriquecerse y dejar a los pobres en su lugar de pobres tuvieron el tiempo suficiente para estudiar cada país, reorganizar sus fuerzas y arremeter hoy contra nosotros sin medida ni compasión. No nos perdonan que hayamos intentado querer tener nuestras propias formas de gobierno, de decir y hacer, desde América Latina, no desde la banca mundial ni desde la concepción europea colonialista. Las dignas dinastías de familias educadas en colegios y universidades católicas para gobernar (no se dice para oprimir) han pasado mucho tiempo sin hacerlo. Es esa la casta política que hoy destituye a Dilma Rousseff acusada de una corrupción no comprobada, pero es su palabra de mujer dirigente de un partido de trabajadores contra la palabra poderosa de empresarios con inmunidad parlamentaria.

No son los hechos los que más hablan de nuestros gobiernos de izquierda: la seguridad social, la estabilidad laboral, la educación en nuestros pueblos, sino los orígenes de clase, etnia y género de presidentes como Dilma, Evo, Chávez, o Maduro. Esos orígenes no son confiables para las familias de bien y clásica democracia mundial heredada de conquistadores. Esa casta, ese grupo acostumbrado al poder gubernamental no le ha podido ganar elecciones al Partido de los Trabajadores de Brasil ni al Partido Socialista de Venezuela. Sólo el legítimo agotamiento en una parte del chavismo ante esta situación nuestra le dio un Parlamento opositor a Venezuela. Esos grupos de poder, esas empresas, esos intereses financieros han aprovechado la crisis mundial de la economía, los errores de las dirigencias gubernamentales de la izquierda, el hastío que produce la manipulación de información en las poblaciones, y destruyen gobiernos legítimos. Luego de los acontecimientos en Brasil, es más cierta la probabilidad de golpe de Estado en Venezuela o destitución de Maduro por cualquier vía, hasta por el democrático mecanismo del referéndum, habiendo agotado a este pueblo con la falta de alimentos.

Antes de morir el presidente Chávez teníamos la mayor sensación de felicidad colectiva de nuestra historia. Nuestra tasa de desempleo, que en 1999 superaba el 12%, hoy se ubica en el 6,7%; nuestros niñas y niños van diariamente a las escuelas con morrales y útiles escolares dados por el Ministerio del poder popular para la educación; la pobreza extrema se redujo del 23,4% de la población a alrededor del 8%; casi dos millones de personas fueron alfabetizadas; la tasa de escolarización aumentó del 43% al 77% en la educación inicial, del 48% al 76% en la educación media, y se aumentó el número de universitarios del medio millón en el 99, a los más de dos millones y medio que tenemos hoy. El 83% de las personas de tercera edad, más de tres millones, han sido incluidas en el sistema de pensiones del Estado. Entre las nuevas pensionistas nos encontramos las religiosas del Sagrado Corazón de Venezuela, que hoy vivimos de nuestros sueldos remunerados, de la seguridad social y pensiones.

Más que la falta de algunos alimentos e insumos médicos y medicinas, nos preocupa la posibilidad muy cierta de que el triunfo en Venezuela de la industria capitalista, por cualquier medio, implique perder la mayor suma de seguridad social, salarial y educativa que jamás tuvimos. Nos vemos en el porvenir ante el espejo de los despidos masivos del nuevo Gobierno argentino, y en la eliminación del Ministerio de la Cultura del nuevo Gobierno de Brasil que debería ser provisional y ya gobierna como totalitario.

Ante las preocupaciones de las y los compañeros del mundo entero, les decimos que cada día es día de resistencia, preocupación y ocupación para sostener el tejido relacional solidario ante tanta exacerbación del individualismo, ante tanta especulación con el presente y tanto nerviosismo con el futuro. Cada día se necesita renovar esperanzas que resguarden la memoria de lo conquistado en justicia y dignidad, para evitar la tentación de volver la vista atrás y convertirnos en estatuas de sal. Necesitamos recuperar la confianza en la propia humanidad y en otras formas de poder construido colectivamente y a nuestro ritmo. Urge seguir reinventando la política y sus distintas formas de políticas públicas a favor de olvidados de la historia y vencidos de hoy por las industrias bélicas e informativas, que no perdedores en la búsqueda de otro mundo más justo y sororal.
Agradecemos la solidaridad y la disposición para oír distintas voces de nuestra realidad.

Hermanas del Sagrado Corazón en Venezuela.

Caracas, 17 de mayo del 2016.
Fuente: http://www.redescristianas.net/venezuela-las-hermanas-del-sagrado-corazon-relatan-el-dia-a-dia-de-resistencia-es-una-dictadura-financiera-la-que-vivimos-es-un-golpe-industrial-que-sostenidamente-no-pro/

Carta a las Hermanas del Sagrado Corazón de Venezuela

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Las políticas públicas no deben ser dilemáticas en cuanto a escoger entre dos opciones malas. Ante un dilema así, una persona inteligente escogerá la situación menos perniciosa de ambas situaciones, pero al final la sumatoria seguirá siendo un cúmulo de males.

Lss Hermanas del Sagrado Corazón en Venezuela escribieron una carta a sus “compañeras y compañeros latinoamericanos” que han manifestado preocupación por las noticias que les llegan de Venezuela, como expresan preocupación todos aquellos que tienen familia y amigos en Venezuela. La carta de las Hermanas fue originalmente publicada en el Diario Público de España y reproducida en el portal www.aporrea.org.

Queridas Hermanas,

He leído con atención la carta que enviaron a sus compañeros en el exterior, sobre todo porque como antigua alumna del Sagrado Corazón me mueve, me conmueve y me preocupa la situación de ustedes en cualquier parte del mundo donde se encuentren. Fue mucho lo que recibimos de nuestras queridas Madres hasta que el colegio cerró en 1974. En mi caso particular, fueron 11 años de exposición diaria a las enseñanzas de la Santa Madre Magdalena Sofía Barat, enseñanzas que están arraigadas en mi mente y sobre todo, en mi corazón.

Lo primero que debo hacer es poner en duda que esta carta la haya escrito una religiosa del Sagrado Corazón -no por no creer en sus capacidades intelectuales- sino porque colide con los valores de amor al prójimo y solidaridad que nos enseñaron en el colegio. La carta es un manifiesto político en contra del empresariado venezolano, los Estados Unidos, los políticos de oposición y cualquiera que ose criticar u oponer al gobierno chavista. Además el léxico también me hace dudar, por cuanto usa los trillados términos “amigos y amigas, compañeros y compañeras…” que la Real Academia de la Lengua Española ha desechado. Pero pensemos que, en efecto, fueron las Hermanas quienes escribieron la carta.

No sé si cuando ustedes dicen que agradecen “la solidaridad y la disposición para oír distintas voces de nuestra realidad” es invitando a que alguien como yo exprese su opinión, o hablan de la suya versus a los que se dice de Venezuela en el mundo entero. Pero como es ambiguo, tomo la primera.

Me preocupó su carta, queridas Hermanas, tengo que confesarlo. Porque en ella ustedes presentan una realidad bastante sui generis. Escudándose en el pretendido reconocimiento de algunos hechos, clavan sus lanzas a la clase empresarial y comerciante venezolana. Sentí como si estuviera leyendo “Rebelión en la granja”, especialmente  porque para ustedes, “hay unos animales más iguales que otros”. Lo que más me preocupa es que el gobierno, como los cerdos de Orwell, sale librado de toda responsabilidad.

Por ejemplo: ustedes confirman la falta de insumos básicos, cosa que es absolutamente cierta. Pero a la vez se quejan de que en las panaderías no han faltado “pan dulce, tortas y galletitas a muy altos precios” y se preguntan:  “¿fallo gubernamental o imposibilidad de sancionar porque quien hizo la ley, hizo la trampa?”. (¡Qué bueno que reconozcan lo de la trampa, porque la Ley la hizo el gobierno!). Lo que no dicen, Hermanas, es que la única manera que tienen los panaderos –y todos los demás comerciantes- de no cerrar sus negocios es vendiendo a precios no regulados, pues los “precios justos” calculados por el gobierno están por debajo del costo de producción. ¿Y quién va a vender por debajo del costo de producción? ¡Ni siquiera el gobierno! En ese caso, los comerciantes tienen dos caminos: o quiebran o cierran, ambas opciones en contra de la esencia misma del comercio. Entonces el camino que les queda para no cerrar ni quebrar es el de traer trigo a precio de dólar libre y vender alimentos no regulados.

Hablando de divisas, me extraña la incongruencia en el cálculo de éstas, porque ustedes toman la tasa que más les conviene según sea el caso. Desde el pan, calculado a Bs. 11,80/dólar, pasando por el café, calculado a Bs. 400/dólar, y llegando a la leche, donde refieren que “la venta paralela que eleva nuestros niveles de costo de cualquier producto es de 1.000 bolívares (por dólar)”. ¿Se han preguntado, Hermanas, de dónde sale el dólar paralelo si no es por un control de cambio que en oposición a todas las normas de la economía se extiende en el tiempo? ¿A cuánto está el dólar, a Bs. 11,80, a Bs. 400 o  a Bs. 1000?…

Si ustedes mismas reconocen que es imposible saber cuál es la tasa, se están dando la respuesta de que esas diferencias abismales lo que logran es aumentar no sólo la confusión, sino la corrupción. El control de cambio es reaccionario y no accionario. Es un efecto, no una causa. Cada vez que hay cambios en el esquema cambiario es para hacerlo más restrictivo. Y en un país donde todo se importa, crea terribles distorsiones. La tendencia es que el dólar intermedio suba, contrario a todo lo manifestado de que aún sin vender un solo barril de petróleo, Venezuela seguiría inmersa dentro de la mayor suma de felicidad posible.

Ustedes también reconocen que “están desaparecidas las medicinas esenciales para mantener cualquier tratamiento regular de presión, circulación o cancerígeno. Es mucho lo que se tiene que preguntar, negociar o buscar para lograr cualquier medicina esencial”. Pero en ninguna parte mencionan a los responsables de que no se consigan esas medicinas esenciales, y mucho menos, a la cantidad de pacientes que han muerto en Venezuela por esa escasez de medicamentos. Los laboratorios necesitan divisas para traer los insumos para producir las drogas. O las mismas drogas, en caso de que aquí no se fabriquen. Ustedes que están tan cerca de la población más desfavorecida, tienen que saber la cantidad de personas que día tras día mueren de mengua en nuestro país.

En el siguiente párrafo, queridas Hermanas, ustedes hacen alarde de conocer de economía cuando escriben: “Para intuir la complejidad de lo que pasa en este gran país nuestro, hay que saber esos mínimos datos de mercado. El sistema financiero ha buscado todas las formas de saltarse el control cambiario de divisas que hemos tenido por 15 años, y el control de precios de alimentos básicos. La industria encontró las grietas de estos controles por los cuales hemos podido todos los venezolanos tener acceso a alimentación regulada, y por supuesto, estabilidad emocional de mantener una familia e invertir ingresos en recreación, arte o vacaciones. Hoy es un descontrol de precios, de no producción, y acaparamiento de lo poco producido, para “sacarlo” cuando al dueño de tienda le dé la gana”.  ¿De qué economía hablan ustedes? ¿De la economía de mercado, de la socialista al estilo europeo, de la marxista, de la maoísta?… No dicen tampoco que el control de cambio -y los excesos y la corrupción que de él han salido, que no niego- ha tenido cómplices en las más altas esferas gubernamentales. Una torta compartida por enchufados, boliburgueses, bolichicos y toda suerte de sinvergüenzas. Lo que sí puedo afirmarles con toda la contundencia del caso es que aquí no hay acaparamiento por parte de los empresarios. Aquí el gobierno sabe qué se produce, dónde se produce, cuánto se produce, para dónde se envía y quién lo envía. Es imposible que haya acaparamiento por parte de privados.  Si hay acaparamiento, es por parte del gobierno. ¿No se preguntaron de dónde salieron tan expeditamente los alimentos y las medicinas que enviaron a Ecuador después del terremoto, incluso contraviniendo la petición del gobierno ecuatoriano, de que sólo querían rescatistas? ¿Quiénes los tenían guardados, los empresarios? ¡No! ¡Los tenía guardados el gobierno! No son los empresarios quienes suben los precios. Los precios han subido según regulaciones del gobierno.

Las políticas públicas no deben ser dilemáticas en cuanto a escoger entre dos opciones malas. Ante un dilema así, una persona inteligente escogerá la situación menos perniciosa de ambas situaciones, pero al final la sumatoria seguirá siendo un cúmulo de males.

En el párrafo siguiente hacen mención de la “manipulación mediática”. ¿Saben ustedes, queridas Hermanas, que el gobierno posee y controla la mayor red de estaciones de televisión y radio del país? ¿Quién manipula mediáticamente? ¿Han visto ustedes la propaganda que dice “hoy los venezolanos comemos más proteínas que nunca”?… ¿De verdad ustedes creen eso? ¡Aquí la gente está pasando hambre y no sólo son las clases pobres, la clase media también!

¿Seguimos? “La escasez en este maravilloso país no es producida por este gobierno, ni por ningún gobierno de antes ni de los que vendrán después. Es producida por una industria capitalista, burguesa, manipuladora en sus precios y ganancias, empecinada en tumbar este gobierno legítimamente elegido con los métodos electorales reconocidos en el mundo entero”. Ninguna industria quiere “producir escasez”, Hermanas, y siento que a ustedes les hayan lavado el cerebro para creer lo contrario. Las industrias quieren vender. Y lo ideal es ponerlas a competir para que haya precios asequibles a todos los bolsillos. Eso es capitalismo. Capitalismo no es crear una sociedad de pobres donde nadie tenga con qué comprar.

“Hay gente gobernando en algunos países del mundo que no ha sido elegida por sus pueblos. No es nuestro caso. Y aunque no gusten a algunos, los resultados de las elecciones son legítimos. Si no nos gustan los resultados cambiemos el mecanismo, las formas organizativas de elección, cambiemos el sistema. Pero no injuriemos al elegido”. Les recuerdo –o les informo, mejor dicho, porque parece que no lo saben- que hay una figura que se llama Referendo Revocatorio (artículo 72 de la Constitución Nacional) que ha sido bombardeado y trabado por el Consejo Nacional Electoral. ¿Por qué no mencionan eso?  Es lo que constitucionalmente permite sacar un gobierno malo a la mitad de su periodo.

“No se cuestiona la dictadura financiera que nos somete a las y los venezolanos a estar en las amenazas del hambre todos los días, en las incertidumbres de las medicinas todas las semanas, en el desasosiego de que llegue el día en que las seguridades salariales que nos dejó el presidente Chávez ya no sean suficientes este mes para enfrentar al monstruo empresarial”. Chávez tuvo un barril de petróleo a más de $100 durante la mayor parte de su mandato. El grueso de esos ingresos está en cuentas en Andorra y otros paraísos fiscales, disfrutado por la cúpula “socialista” que ustedes defienden, que más bien debería llamarse “sucialista”, porque ha usado al pueblo y sus necesidades para enriquecerse groseramente. Por lo menos los empresarios a quienes ustedes culpan no son hipócritas ni andan pretendiendo lo que no son. Ese superávit logró la ilusión de que todo podía subsidiarse. Pero al bajar el petróleo, la debacle. No es lo mismo querer hacer que lograr. En una carrera un corredor puede estar de primero las tres cuartas partes y perderla. Incluso llegar de último. Y ustedes como religiosas deben saber que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

“Porque es una dictadura financiera la que vivimos, es un golpe industrial que sostenidamente no produce suficiente porque no quiere, porque su deseo es ver derrotados a las y los chavistas que osamos creernos personas con futuro, porque les duele que el gobierno haya producido educación, autoestima, sentido patrio, sistemas de salud gratuitos, derechos laborales, salariales y sociales. Este gobierno produjo la mayor cantidad de dignidad y sentido de vida para las mayorías pobres de este país, y eso no se olvida fácilmente. ¿Será por eso que hay más colas para comprar barato donde se puede que protestas?”. Lo siento, queridas Hermanas, pero en esto tampoco estamos de acuerdo. Reconozco que Hugo Chávez creó un sentimiento de autoestima en un sector de la población donde ésta no existía y eso además de válido es loable. Pero ustedes que han sido educadoras de excepción no pueden decir que el gobierno de Chávez y mucho menos éste “ha producido” educación. Educar no es construir infraestructuras, ni regalar canaimitas o morrales. Para no hablar del sistema de salud. Barrio Adentro fue una idea genial que no duró nada. Los dispensarios están en el piso. Los hospitales, Hermanas, ¿han estado últimamente en un Hospital? ¿Han ido al Hospital de Niños? ¡Yo sí he ido y lo que he visto me ha dejado sin habla!

“Lo poco que producen las empresas gubernamentales es lo que se vende a bajo costo, con precios regulados desde hace cinco años”. ¿Qué produce el gobierno? Tomemos la harina de maíz como ejemplo.  Venalcasa tiene dieciocho plantas que deberían producir maíz para cubrir las necesidades del país y para exportar. Pero no lo hace. Polar produce más de 600 millones de toneladas de harina de maíz al año, lo que da para cubrir las necesidades del 50% de la población. Y dieciocho plantas procesadoras del gobierno no pueden producir ni el 15% de lo que produce Polar. ¡No se puede tapar el sol con un dedo!

“Este noble pueblo aún no se ha puesto en la calle a manifestar por la falta de comida. ¿Por qué será?”… Yo les voy a decir por qué: ¡porque nadie que esté sobreviviendo puede sublevarse!. Si una madre no tiene comida para sus hijos, ¿cómo va a ir a una protesta? ¡Las protestas están en las muy humillantes colas!

En fin, Hermanas. No tengo el espacio que ustedes tuvieron para explayarse en apologías al régimen que hoy desgobierna a Venezuela. Ustedes dicen que en el mundo “nadie disculpa con este país por promover medias verdades y la vida sigue como si nada”. Lástima, porque es exactamente lo que ustedes hacen en esta carta. Y me duele, Hermanas, me duele, porque en el Sagrado Corazón religiosas como ustedes me enseñaron que la verdad había que defenderla a toda costa. Y las medias verdades no son verdades. Tampoco debe generalizarse. Las generalizaciones crean estereotipos que no ayudan para nada.

No son los gringos, ni la plutocracia. Es un sistema muy venezolano, con una corrupción muy venezolana, con un presidente que no sabemos si es venezolano, pero que ha demostrado una absoluta incapacidad para gobernar. Siento que el fanatismo haya obnubilado sus mentes, por lo que no sé si recibirán esta carta con apertura de mente y humildad de ver otra visión, que por ser distinta no es menos válida.

Las saluda cordialmente,

Carolina Jaimes Branger

Antigua Alumna del Sagrado Corazón de Caracas

7 de junio de 2016

Fuente: http://elestimulo.com/blog/carta-a-las-hermanas-del-sagrado-corazon-de-venezuela/

 

 

 

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Acerca del autor

Jesús María Aguirre sj

Sacerdote Jesuita. Filósofo, Licenciado en Comunicación Social y Doctor en Ciencias Sociales. Investigador del quehacer comunicacional en el ámbito de América Latina. Colaborador en las Revista SIC y Comunicación del Centro Gumilla