La respuesta de doble rasero de la UE

no-shelter-from-the-panama-papers-displayHenri Makkonen

Mossack Fonseca no creó 214.000 empresas solamente para sus clientes en Panamá.  La mentalidad transfronteriza es parte integral de la evasión y elusión fiscal y otras formas de actividad financiera ilícita.  Ocultar dinero de las respectivas autoridades nacionales casi siempre implica su transferencia a través de numerosas fronteras, hacia jurisdicciones que aplican el secreto fiscal, para que finalmente regrese al bolsillo propio.  Los clientes de Mossack Fonseca llegaron de todas partes del mundo, pero aún así, siendo que el bufete era (tristemente) célebre por su capacidad de aligerar las obligaciones fiscales, sus clientes no afluyeron por sí solos.  Fueron otros abogados, banqueros de inversión y similares, los que conectaron comprador con vendedor.  Los datos de los Panama Papers dan una idea de dónde provinieron estos clientes y sus intermediarios: Hong Kong, Suiza, Reino Unido y Luxemburgo, todos tenían más intermediarios activos trabajando con Mossack Fonseca, que Panamá o cualquier otro país de las Américas.  El éxito de Mossack Fonseca no fue resultado de la falta de supervisión de los reguladores panameños, si bien ésa también figura en la ecuación.  Este particular bufete legal de Panamá era apenas un nodo de una amplia red de actores que juntos tejieron la tela de secretismo offshore (extraterritorial).  Los datos muestran que para encontrar los otros nodos, es preciso iniciar la búsqueda en Europa.

Naturalmente, los Panama Papers llenaron los titulares de los periódicos europeos y ante la creciente presión pública, la Unión Europea también tuvo que responder a las revelaciones.  La propuesta legislativa del bloque para introducir nuevas reglas para frenar el fraude fiscal y el blanqueo de dinero se presentó a principios de julio.  En muchos sentidos, fue la continuación de las iniciativas contra la evasión fiscal tomadas a inicios de este año.  Los impuestos figuran como tema de alta prioridad en la agenda de la actual Comisión Europea, entre otras cosas porque se reveló, poco tiempo después de que la Comisión tomara posesión del cargo, que su líder, Jean-Claude Juncker, había desempeñado un rol prominente en la adopción de resoluciones tributarias favorables a las grandes multinacionales, lo que provocó un gran escándalo fiscal (conocido como LuxLeaks).  Además de proponer cambios en las normas internas, la Comisión y otras instituciones europeas han estado pidiendo soluciones internacionales y la colaboración transfronteriza para abordar tanto la evasión como la elusión.  Teniendo en cuenta la compleja telaraña de los intermediarios, esto parece ser un enfoque sensato.  Sin embargo, una mirada más atenta a las políticas propuestas muestra que la idea europea de acción transfronteriza utiliza un doble rasero.  Mientras se prevé estrechar la cooperación y el intercambio de información en la Unión Europea y tal vez de ésta con otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –OCDE–, al resto del mundo se le ofrece más garrote que zanahorias.

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