La migración forzosa: un reto humanitario

Colombians await to cross the Colombia-Venezuela border in Cucuta, North of Santander department, Colombia on August 20, 2105. Venezuelan Venezuela's President Nicolas Maduro has ordered part of frontier with Colombia closed after four people were wounded in an overnight attack along the border. Maduro said two men on motorcycles had attacked soldiers involved in anti-smuggling operations along the northwestern border with Colombia and ordered two sections of the border closed for 72 hours. AFP PHOTO/Schneider Mendoza

El 20 de junio se celebra el día mundial del refugiado para recordar a las personas que han dejado su lugar de origen a causa de conflictos armados o desastres naturales. Uno de los retos fundamentales para los países es pasar del enfoque de seguridad y militarización a uno humanizador y respetuoso de los DD.HH, para que estas personas que huyen para salvar sus vidas puedan reconstruir sus proyectos

 Yovanny Bermúdez, s.j.*

 Una vez más la humanidad asiste, en primera fila, al drama que siguen viviendo miles de personas que cruzan las fronteras internacionales en búsqueda de protección y resguardo. Somos espectadores de una “colosal crisis humanitaria” ocasionada en distintos puntos del mundo producto de la guerra, de la violencia generalizada, por la intolerancia y por la pobreza extrema. Esta crisis muestra historias de destierro y de inhumanidad. En el 2014 hubo 59,5 millones de desplazados forzados. Según estimaciones del Acnur, en el 2015 se superó la barrera de los 60 millones de refugiados, y de estos “solo 2 millones están en Europa y en los países ricos, el resto se encuentra en los países pobres o en vías de desarrollo, entre los cuales están los 4 millones de sirios que permanecen entre Líbano y Jordania”[1].

Las noticias de los medios de comunicación social muestran una tragedia humanitaria de alcance mundial. Siria, Irak, Afganistán, Palestina, Nigeria, Eritrea, el Congo y Somalia, son puntos álgidos desde los cuales el éxodo de personas, buscando salvar sus vidas, continúa y no para. El cierre de fronteras europeas ha sido la respuesta, y este continente sigue impávido ante la situación de los refugiados, quienes pasan a convertirse en un problema de números y de repartición de cuotas. Turquía a cambio de fuertes auxilios económicos y, al parecer, su acelerada inclusión a la UE, “salva” y deja al viejo continente “solvente” ante esta catástrofe humana.

El papa Francisco recordó a los eurodiputados: “Es igualmente necesario afrontar juntos la cuestión migratoria. No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. (…) Ha llegado la hora de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana, de los valores inalienables”[2] y en Lesbos, el Sumo Pontífice dijo: “No debemos olvidar que los emigrantes, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias. Europa es la patria de los derechos humanos, y cualquiera que ponga pie en suelo europeo debería poder experimentarlo”[3].

Ahora bien, el mar Mediterráneo no es el único cementerio de refugiados. En América Latina y el Caribe (ALC) también se está viviendo una crisis migratoria. La ruta centroamericana-mexicana sigue alarmando a los países involucrados como a la sociedad civil, porque los cubanos, centroamericanos, mexicanos, los de América del Sur, y de otros continentes, siguen transitando esa zona para llegar a los EE.UU. A lo anterior se añade las migraciones intra-regionales. Aunque no hay una guerra declarada, ALC está padeciendo las consecuencias de la guerra silenciosa producida por la violencia y el crimen organizado.

América Latina, una ruta dolorosa

En ALC la situación de violencia en la mayoría de los países de la región es preocupante: “ALC es la región más violenta del mundo. En ella habita el 9 % de la población mundial, pero se registra el 33 % de los homicidios de todo el mundo”[4]. La violencia generalizada, las bandas criminales, la pobreza, el desempleo y la desigualdad social son factores recurrentes que esgrimen las personas en situación de movilidad humana, para decidir abandonar el país de origen, y arriesgarse a iniciar el duro camino que los lleve a un lugar donde encuentren protección y sus vidas no corran peligro. “En América Central, miles de personas que intentan cruzar México son secuestradas, violadas o pierden la vida en uno de los viajes más peligrosos del mundo. Durante el trayecto están expuestas a sufrir abusos a manos de funcionarios de los servicios de migración, agentes de policía, militares, traficantes de seres humanos y bandas criminales”[5].

Las fronteras internacionales en ALC se están convirtiendo en zonas peligrosas: son consideradas lugares violentos, olvidadas por el poder ejecutivo nacional, territorios donde prevalece la economía ilegal como las bandas organizadas. Estas situaciones adquieren relevancia no solo local, sino internacional: “Los problemas locales se pueden convertir con facilidad en retos internacionales debido, principalmente, a que los conflictos globales crecen a una mayor velocidad que las instituciones generando áreas de oportunidad para la delincuencia organizada internacional, la cual se adapta con facilidad a las nuevas circunstancias, buscando constantemente nuevos territorios para explotar de forma ilícita”[6].

Entonces, podemos decir que en ALC la migración, en la mayoría de los casos, es forzosa porque quienes emigran o se desplazan internamente lo hacen obligados por las circunstancias, porque sus vidas penden de la decisión de emigrar o de mantenerse en zonas con altos niveles de violencia. En los últimos años estamos viendo cómo la violencia, el cierre de fronteras y la militarización de la vida civil en las zonas fronterizas, se convierten en nuevos vectores a considerar para la búsqueda de mecanismos eficaces de protección y de respeto de los DD.HH. de las personas en condición de movilidad forzosa.

En el 2014 presenciamos una crisis humanitaria por el éxodo masivo de niños no acompañados (aprox. 60 mil) procedentes de Honduras, El Salvador y Guatemala conocidos como países del Triángulo Norte de Centroamérica (TNC), quienes llegaron a los Estados Unidos, por alguno de los siguientes motivos: para salvarse de ser reclutados y/o vinculados a las pandillas delincuenciales de esos países, por la pobreza y para la reintegración familiar. A lo anterior se suma el aumento de las solicitudes de refugio de ciudadanos de países del TNC bien en los países vecinos o en EE.UU: “Desde el año 2008, ACNUR ha documentado un incremento de casi cinco veces en el número de solicitudes de asilo en los Estados Unidos de ciudadanos de los países del TNC y un incremento de casi trece veces en México y otros países de Centroamérica. Los más vulnerables, mujeres y niños, suelen ser los primeros en huir de la violencia”[7]. Según el Acnur, en el 2015 hubo 3.423 solicitudes de refugio de personas de alguno de los países del TNC siendo las principales causas de estos movimientos migratorios: la violencia a gran escala y la persecución a manos de grupos criminales armados, junto con la pobreza y la falta de empleo[8]. Estas causas se mantienen vigentes en otros flujos migratorios en ALC.

Las fronteras: zonas en emergencias

Todos los países tienen el derecho de proteger su territorio. Sin embargo, el punto que cuestiona dicha obligación radica en la creciente militarización de esas zonas. El esquema de seguridad y defensa nacional no puede quedar por encima de los DD.HH. de las personas que migran en condición forzosa. Precisamente este es el punto deshonroso del modo en el cual Europa ha tratado la crisis humanitaria de refugiados de distintos países. Es importante destacar que este enfoque también se sigue en ALC.

A las causas de violencia, pobreza y proliferación de bandas criminales se debe añadir la decisión de los países de la región de cerrar sus fronteras internacionales y así limitar el acceso y la permanencia de migrantes irregulares en sus países. Los migrantes no exportan delitos, y esto es distinto a que algunos migrantes fomenten la ilegalidad. En ALC se han presentado varios casos de cierre de fronteras. Esto pudo verse recientemente con los flujos de cubanos que permanecieron en Costa Rica por la decisión del gobierno nicaragüense de expulsarlos de su territorio. Además de esta ruta, los cubanos viajan a Ecuador para continuar por Colombia, entrar por la selva del Darién a Panamá, y así intentar arribar a EE.UU. Otra frontera cerrada, aunque por motivos políticos, pero con repercusiones humanitarias, es la colombo-venezolana produciéndose una emergencia humanitaria con la deportación de más de 1.950 colombianos y un poco más de 22 mil retornados, durante los meses de agosto y septiembre de 2015. La frontera mexicana-estadounidense sigue siendo un paso fronterizo peligroso, por este corredor “pasan 12,2 millones de inmigrantes al año, el 6 % mundial”[9]. Por el canal de La Mona continúa el paso migratorio de haitianos, dominicanos y cubanos para llegar a Puerto Rico, “según datos de la Guardia Costera de EE.UU, en el 2014 detectó 949 haitianos y 293 dominicanos”[10]. El flujo de haitianos también se ha diseminado por ALC: “La costa noroeste de Haití es el principal punto de partida para los migrantes irregulares que desean llegar a las Bahamas, Islas Turcas y Caicos, o los EE.UU. Muchos de los migrantes haitianos tratan de llegar a Brasil a través de Perú y de Bolivia, aunque en menor medida”[11].

Y los retos

Para concluir podemos decir que en ALC la migración, en cualquiera de sus modalidades, se enfrenta a los siguientes retos: pasar de un enfoque de seguridad y militarización a uno humanizador y respetuoso de los DD.HH.; la migración debe pasar de ser una ruta de sobrevivencia a una oportunidad para re-construir nuevas maneras de vivir; y pasar de una crisis de protección a una nueva arquitectura jurídica en torno a la migración.

Ahora bien, un reto significativo y urgente es cómo lograr que la sociedad civil no se acostumbre a que valores fundamentales de los pueblos latinoamericanos queden subrogados a esquemas militaristas. Como sociedad civil la tarea, ardua y compleja, consiste en recuperar las fronteras como espacios comunes para el desarrollo y la plenitud de la vida, lo cual debe repercutir en la construcción del bien común. Lo contrario será acostumbrarnos a vivir en condiciones de guetos por temor al otro, que es otro humano. Y esto rompe la hospitalidad, la solidaridad y la fraternidad propia de los latinoamericanos.

*Director del Servicio Jesuita a Refugiados Venezuela.

Notas

[1] MICALLEF, R. Rifugiati e opinione pubblica. En: www.agensir.it/quotidiano/2016/4/27/rifugiati-e-opinione-pubblica-p-micallef-gregoriana-i-gesti-provocatori-del-papa-sfatano-i-miti/ (Consultado el 27-04-2016)

[2] Papa Francisco. Discurso al Parlamento europeo, Francia, 24-11-14.

[3] Papa Francisco. Encuentro con la población y la comunidad católica, Lesbos, 16-04-16.

[4] JAITMAN, Laura (2015): (ed). Los costos del crimen y la violencia en el bienestar en América Latina y el Caribe. (Prólogo), Ediciones BID.

[5] www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/refugio-e-inmigracion/?L=0 (Consultado el 16-04-16)

[6] www.unodc.org/mexicoandcentralamerica/es/webstories/2016/inicia_congreso_internacional.html (Consultado el 16-04-16)

[7] ACNUR. Women on the run. Hoja informativa.

[8] Cf. En: www.acnur.org/t3/index.php?id=559&tx_ttnews%5Btt_news%5D=10003 (Consultado el 16-04-16)

[9] www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150422_rutas_inmigracion_latinoamerica_ep (Consultado el 27-04-16)

[10] www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150422_rutas_inmigracion_latinoamerica_ep (Consultado el 27-04-16)

[11] Ibíd.

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