F. Cardenal: “Yo espero que los jóvenes regresen a las calles a hacer historia”

Antonio Pérez Esclarín

En el año 2010, el padre Fernando Cardenal hizo llegar a Antonio Pérez Esclarín una copia de su testamento, razón por la que en noviembre de dicho año Pérez Esclarín publicó un artículo titulado Testamento del P. Fernando Cardenal. Tras la recién ocurrida muerte del P. Cardenal, el pasado sábado 20 de febrero, queremos compartir con nuestros lectores el mencionado artículo:

El Padre Jesuita  Fernando Cardenal, hermano del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, es actualmente el Director de Fe y Alegría en Nicaragua. Fue Ministro de Educación en el primer gobierno sandinista, durante  los años 1984-1990, y en 1980 había dirigido  la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización,  en la que miles de jóvenes voluntarios se adentraron en montes y caseríos parara enseñar a leer y escribir a millones de nicaragüenses analfabetas.  El pasado mes de septiembre, Fernando Cardenal, al que considero un gran amigo y con el que he compartido sueños, trabajos y proyectos, publicó su testamento en un periódico de Nicaragua.

Comienza reconociendo  la posibilidad cercana de su muerte: “Voy a cumplir pronto 77 años y aunque no estoy jubilado y sigo trabajando, es natural a mi edad pensar, sin dramatismo y con sencillez, que la muerte puede estar cerca…Por eso se me ocurrió escribir desde ahora las reflexiones que me gustaría trasmitir a la hora de mi muerte”.

Comienza con un acto profundo de fe en su salvación después de la muerte porque se fía de la Misericordia de un Dios Padre Bueno al que durante toda la vida ha tratado de servir, sobre todo en sus hijos más pobres. Cuenta que en 1970 tras vivir en un barrio muy pobre en Medellín (Colombia), al despedirse de esa gente que le habían robado el corazón “les hice un juramento solemne, les dije que dedicaría lo que me quedara de vida a la liberación de los pobres, a la lucha por la justicia, por amor a ellos, inspirado en ellos. En este año 2010 cumplo 40 años de aquel juramento, que sigo cumpliendo todos los días desde entonces. Actualmente cumplo con mi juramento con mi trabajo en Fe y Alegría, dándoles educación de calidad a nuestros  alumnos y alumnas para liberarlos de la pobreza a través de una educación que les abra un futuro digno para una vida digna y propia de seres humanos e hijos de Dios. Trabajamos con los más pobres del país, o por lo menos con gente muy pobre”.

“Cuando me llegue la hora de irme de esta vida −continúa en su testamento Fernando−  me iré muy feliz y muy agradecido con Dios por la vida que me ha tocado vivir. Pero también me iré con grandes tristezas: tristeza de que todavía cerca de la mitad de la población de Nicaragua vive en pobreza. Seguimos siendo el país más pobre del Continente Latinoamericano. Pero además, mientras se invierta tan poco dinero en la educación nacional, no saldremos nunca de esta pobreza. No nos engañemos tontamente, ni engañemos a nuestro pueblo. Nosotros en Nicaragua no hemos comenzado a invertir en serio en la educación. Peor aún, a finales de la semana pasada, el Ejecutivo ha enviado a la Asamblea Nacional una reforma del Presupuesto Nacional, con ‘trámite de urgencia’ y allí le quitan al Ministerio de Educación más de 54 y medio millones de córdobas. ¡Qué pena! En vez de avanzar, vamos para atrás…

También me da tristeza ver la profunda y amplia corrupción en la vida política del país. Y más me entristece que algunos altos dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional participen de esa corrupción, con lo que frustraron las esperanzas que el pueblo había puesto en ellos para conseguir su liberación. Me entristece profundamente la falta de respeto y la repetida violación a la Constitución de la República, y también la falta de respeto a la institucionalidad del país. Me entristece tanta violencia familiar contra las mujeres, y tantas horrendas y criminales violaciones de niñas y niños…”.

Fernando Cardenal cierra su testamento afirmando que, a pesar de todo, es un hombre de Esperanza. Esperanza porque “creo profundamente en los jóvenes. Trabajamos juntos en la lucha contra la Dictadura Somocista desde el Movimiento Cristiano Revolucionario. Entonces fui testigo directo de su entrega, su mística, su valor ante el peligro de ser asesinados (14 perdieron la vida). Luego fui también testigo directo de las maravillas de valor y compromiso, en algunos casos hasta el heroísmo, de los 60.000 jóvenes voluntarios que se fueron a las montañas en la Cruzada Nacional de Alfabetización. Y después trabajé 5 años con la Juventud Sandinista, la juventud de la revolución. En estos tres escenarios encontré que los jóvenes tenían una fuerza interior muy grande y una entrega sin límites para trabajar en todas las tareas en beneficio del pueblo. A mí no me cuentan cuentos. Yo estuve con ellos y ellas. Ellos son mi esperanza. Sólo hace falta que la sociedad les ofrezca una causa grande, noble, bella, si es difícil, mejor, y que al frente de ella haya personas con autoridad moral. Yo espero que los jóvenes regresen a las calles a hacer historia”.

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