Escenarios políticos ante una eventual renuncia de Maduro

barreto-w800-640x322Víctor Álvarez R

Durante una entrevista por radio, Juan Barreto, ex alcalde metropolitano y coordinador nacional de REDES, estremeció la opinión pública nacional al asegurar que se está negociando la renuncia de Nicolás Maduro para evitar la desaparición del chavismo: “al presidente  le han recomendado que renuncie para que no se mida, porque si se mide podría perder hipotéticamente el Revocatorio y de perderlo con 80% podría sepultar al chavismo”.

Barreto reveló que esta recomendación se la han hecho a Maduro en las negociaciones en las que se ha considerado un escenario “para que esa salida negociada se lleve a cabo”, pero agregó que Maduro “no ha dicho sí o no”.

Por su parte, el primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, le respondió a Barreto: “Estás equivocado, Juan; te están informando mal”. “Aquí nadie está negociando la renuncia del presidente Maduro”. “No hay nada que negociar de la renuncia porque Maduro es presidente constitucional”, afirmó Cabello en su programa “Con el Mazo dando”, transmitido por Venezolana de Televisión.

La renuncia: un secreto a voces

Desde enero, el Consejo de Partidos y Movimientos Sociales del Gran Polo Patriótico (GPP) no se reúne con el presidente Nicolás Maduro ni con la cúpula del PSUV. Sin bien la renuncia de Maduro no figura explícitamente en la agenda del GPP, es un secreto a voces que desde las cúpulas del oficialismo hasta las corrientes y voces críticas que apoyan la Revolución Bolivariana, se plantea cada vez más con más fuerza el escenario de la renuncia. Estos factores consideran que al adelantar las elecciones se pueden preservar espacios de poder en las gobernaciones y alcaldías que se perderían todas, por el efecto dominó que generaría una aplastante derrota en el Referendo Revocatorio, mucho más si éste se realiza después de cumplidos los cuatro años del período constitucional.

Voces que han hablado muy duro son las de Nicmer Evans, de la corriente Marea Socialista, quien ha planteado que: “La renuncia permitiría generar condiciones para articular al chavismo sin traumas, preservar el cuerpo político y facilitar la toma de decisiones y la transición”. Una voz más radical es la del ex viceministro Roland Denis, quien plantea que: “El movimiento revolucionario debería estar convocando a todo el pueblo a pedir mañana la destitución de Nicolás Maduro (…) exigir la retoma del gobierno y reimpulsar el movimiento revolucionario. El actual movimiento es corrompido, pacificado. El proyecto revolucionario, bolivariano, socializante, libertario, igualitario, comunitario, obrero lo aplastaron quienes hablan de socialismo”. Otra figura que se ha sumado a este coro de voces es la del general retirado Clíver Alcalá Cordones, quien afirmó que el fallecido ex presidente Hugo Chávez “se equivocó” al elegir a Nicolás Maduro como su sucesor” y se declaró a favor del Referendo Revocatorio: “Hay muchos venezolanos que no están de acuerdo con lo que está pasando y las Fuerzas Armadas son parte del pueblo venezolano. Nosotros estamos ahora rozando una crisis humanitaria”, cuestionó.

Consecuencias electorales de una renuncia presidencial

Si el oficialismo logra posponer el Referendo Revocatorio hasta después que se cumplan los cuatro años y se aferra al poder a través del Vicepresidente Ejecutivo –quien completaría el período constitucional-, la aplastante derrota que sufriría en 2017 sería aún mayor y le quitaría toda legitimidad para gobernar, sobre todo al perder el respaldo de las gobernaciones y alcaldías que quedarían en manos de la Oposición.

Para evitar esta catástrofe electoral cobra fuerza en la nomenclatura oficialista la renuncia del presidente. Es la única manera de preservar alguna posibilidad para las candidaturas chavistas en las elecciones de gobernadores y alcaldes que se perderían todas si Nicolás Maduro resulta barrido en un Referendo Revocatorio.

Divide y vencerás

Los mejores estrategas se preparan para los peores escenarios. Pero ante una eventual renuncia de Nicolás Maduro, se generaría una grave crisis que pondría al borde de la división tanto a la MUD como al GPP-PSUV, ninguno de los dos ha escogido quien sería su candidato en una inminente elección presidencial.

Si en una maniobra de última hora, el Gobierno se plantea dividir la Oposición al dejar en libertad a los presos políticos, esta amnistía enredaría la escogencia de su candidato, toda vez que pondría en la carrera presidencial a Leopoldo López, Manuel Rosales y Antonio Ledezma, quienes saldrían de la cárcel a disputar la candidatura a Henrique Capriles, María Corina Machado y Henry Ramos Allup.

En las filas del chavismo, la lista de precandidatos la encabeza el delfín de Nicolás Maduro, Tareck el Aissami, actual  gobernador de Aragua; y se agrega el nombre del Vicepresidente Ejecutivo, Aristóbulo Istúriz, viejo y experimentado político a quien la nomenclatura oficialista le atribuye mayores posibilidades para manejar la crisis económica, política y social que heredaría el nuevo mandatario.

Un nuevo sujeto socio-político

En un ambiente político cada vez más crispado, donde Gobierno y Oposición apuestan a exterminarse, sin escuchar el clamor nacional que exige a las élites políticas retomar el diálogo para acordar las urgentes medidas que se necesitan para superar la crisis, surge y crece un elector más consciente que está obstinado de la polarización y no se considera chavista ni tampoco de oposición. Este sector ha dado origen a la conformación de un nuevo actor sociopolítico que crece al calor del descontento.

Se trata de una marcha silenciosa en la que suenan cada vez con más fuerza los nombres de dos figuras que bien pudieran capitalizar el descontento que se multiplica tanto en el chavismo como en la oposición. Por un lado, Henri Falcón, actual gobernador del estado Lara; y, por el otro, el mayor general Miguel Rodríguez Torres, ex Ministro de Interior y Justicia. Ambos han despertado una ola de simpatías por un mensaje basado en la necesidad de retomar el diálogo político para poder construir los grandes consensos que el país necesita, a fin de superar la crisis económica y evitar el estallido de una conmoción social.

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