El Malquerido y Los Invisibilizados. Reflexiones desde el festival de cine

En medio de inmensas colas para comprar alimentos, apagones programados y pequeños focos de protesta social en distintos puntos de la ciudad de Mérida, se realizó entre el 5 y el 9 de junio del presente año el XII Festival del Cine de Venezuela. Según nota de prensa de regional, el evento captó la atención de más de 1500 cinéfilos de distintas partes del país

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 Rafael Duarte.

Con 10 películas en competición, de las cuales 7 llegaron como operas prima, el jueves 9 de Junio resultó ser El Malquerido de Diego Rísquez, la película ganadora del certamen, arrasando con más de 10 galardones, dejándole así a Amor Cuesta Arriba, del novel director Nelson Núñez, categorías como mejor opera prima y mejor guión

Entre los títulos presentes en las operas primas figuraron: Sonata del pajarillo, El Secreto de mi amigo Sebas, Redención, Muerte Suspendida, La Gran Pelea, Guerra entre Vargas y Morillo y Suramericano. En los tres días de proyección, una decena de cortometrajes universitarios de distintas casas de estudios del país, así como un quinteto de talleres referentes a la dirección de fotografía, dirección de arte, semiótica, guión y cine digital, acompañaron las proyecciones.

El festival contó con la asistencia de figuras del medio como el director de cine Miguel Ferrari, ganador del premio Goya 2014 a mejor película por Azul y no Tan Rosa, quien también fue jurado del certamen, la joven actriz Greisy Mena, protagonista junto a Jesús “Chino” Miranda de El Malquerido, Juliana Cuervos, actriz de películas como Brecha en el Silencio y La Gran Pelea (presente en el festival), Jackson Gutiérrez, realizador de las películas Azote de Barrio quien esta vez presentaba Cuatro Esquinas y otras figuras como la joven promesa Leónidas Urbina, actor de películas como Piedra, Papel o Tijera y El Desertor, quienes llenaron de simpatía la gala.

El Malquerido.

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El film de Rísquez, cuenta de forma biográfica la vida del bolerista venezolano Felipe Pírela. Protagonizado por el cantante de reggaetón Jesús “Chino” Miranda, mejor conocido como “Chino”, la película que narra los orígenes artísticos de Pírela desde su Maracaibo natal, pasando por su acenso musical de la mano del gran Billo Frómeta, así como episodios turbulentos de su matrimonio con una menor de edad y las gloria y desdichas en el extranjero.

 La cinta que estéticamente es atractiva,  persuade a través de una buena fotografía haciendo que el espectador se deslastre lo antes posible de la figura comercial que tiene Miranda. El film de Rísquez, a pesar de haber ganado como mejor película no convence por completo en el trabajo de edición, pues vemos cómo en dos escenas de animación (hechas en chroma key), la mala construcción digital -que a mi juicio pudieron justificarse de otra manera- le resta seriedad a la narración. En la primera escena, observamos a Felipe y a su esposa delante de un falso avión y en la otra, usando la misma tecnología, vemos a Pírela con su esposa compartiendo un banquete en medio del mar. La mala construcción de las escenas, perturban la estética ya enaltecida, haciendo que el film pierda belleza. Si bien es cierto que es difícil recrear la época y los detalles oníricos, el director se reivindica honradamente con la buena representación de personajes como Billo Frómeta (Héctor Manríquez), Felipe Pírela niño (Dylan Pérez) Mariela Montiel (Greisy Mena), así como por el buen anclaje de la banda sonora.

La cinta del director de Reverón es curiosa. Por ejemplo en una de las primeras escenas vemos a personalidades de la talla del arquitecto Fruto Vivas, el cineasta Carlos Azpúrua, el diputado a la Asamblea Nacional Fernando Soto Rojas y hasta el mismísimo y polifacético locutor Luis Chataing. Todos ellos en un mismo lugar. La escena transcurre en un bar mientras Pírela canta junto a La Lupe, quien fuera una cantante cubana (Samantha Castillo). ¿La intención, algún mensaje político? No lo sé, lo cierto es que la secuencia termina en pelea generada por el personaje que encarna Azpúrua.

A decir verdad cuando vi  El Malquerido no pensé que ganaría tantas categorías por algunas de las razones ya mencionadas, me dije con asombro: ¡¿Rísquez, con estos detalles en su producción?! y cuando comparé su trabajo con el resto de producciones presentes en el festival, supuse que el veterano director de películas como Manuela Sáez, Francisco de Miranda o Reverón tendría posibilidades para ganar algunas dos o tres, pero el jueves 9 de Junio el jurado calificador lo hizo merecedor de siete más, fortaleciendo su carrera como director.

Los Invisibilizados.

Los días de festival estuvieron cargados de grandes inciertos por los focos de protestas que se originaron a lo largo y ancho del país. El país seguía entre apagones y colas para comprar alimentos;  y ante este escenario, se desarrollaba el modesto festival. A ciertas horas de la mañana y de la tarde en las salas de cine se escuchaban las plantas de gasoil que servían como salvavidas para ver cada proyección y aunque en el recinto se tenía la sensación de que con planta todo sería normal, no todo el tiempo fue así. En uno de los conversatorios en el que participaba la actriz Juliana Cuervos junto a dos chicas de la película La Gran Pelea (Luis Cerasa), se fue la electricidad y todos quedamos a oscuras. Algunos rieron, otros sonrieron y uno que otro criticó. Indistintamente de lo sucedido, el hecho nos recordó de distintas formas la crisis que está atravesando el país.

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En La Gran Pelea,  película que vale la pena ver porque visibiliza muy bien algunas situaciones del país como el problema de los apagones, el estado de los centros de salud del gobierno y la indomable inseguridad, toma algunos de estos elementos y los muestra con humor y seriedad.  El film que narra la relación de dos hermanas; una boxeadora y la otra músico, que para alcanzar sus sueños tienen que sortear los problemas de las barriadas en el oriente del país, es una película que a pesar de abordar temas vinculados a la violencia; temas que le han hecho mala fama al cine nacional, se acerca a la realidad actual de la país, apoyándose en el matricentrismo como argumento central. En la cinta, la mujer oriental ocupa un papel protagónico que sirve de reflejo para mostrar la fuerza espiritual de la mujer venezolana.

En uno de los conversatorios, Juliana Cuervos (quien hace de madre en el film) comenta que la película es un proyecto comunitario desarrollado por el profesor Luís Cerasa y su escuela de formación audiovisual, que tienen por objetivo hacer cine con pueblo. A través de un guión bien estructurado y con un puñado de jóvenes actores, la mayoría estudiantes de la escuela de formación, el film muestra el talento emergente en el campo actoral.

Guerra-1-384Otra de las películas que vale la pena visibilizar por el gran potencial actoral es Guerra entre Vargas y Morillo de Sandro Sánchez. Aunque tiene ciertos problemas técnicos y de guión que el mismo director reconoce con mucha humildad, el film elaborado en formato de bajo presupuesto, cuenta la historia de dos familias de los campos larenses (Sarare) que a raíz de la muerte de un chivo entran en una lucha a muerte para defender sus apellidos y su dignidad. La rivalidad de ambas familias se cruza con una historia de amor, al estilo shakesperiano. Lo agradable de la obra de Sánchez es que muestra la geografía e idiosincrasia de la región, haciendo énfasis en el argot popular. Con la participación del primer actor Pedro Durán, el film es una de las pocas películas venezolanas que exhibe el trabajo del campesino venezolano y que suma actores no profesionales que sin estudios académicos y actorales, representan muy bien.

 

Finalmente, otro de los films que es necesario ver por su profundidad simbólica desde la simplicidad es Sudamericano del novel director Domingo Olavarría. La cinta, realizada como un road movie o película de viaje, cuenta la historia de 5 personas que cruzan sus vidas en un viaje en autobús desde Caracas hasta Buenos Aires. Catalogado por el mismo Olavarría como una película experimental que superó las trabas del financiamiento institucional a través de la autogestión, la cinta es una invitación a conocer a Suramérica por carretera en una expedición que fuera de la ficción dura aproximadamente 21 días. Apenas usando cámara en mano y el diseño de un guión técnico, Domingo nos muestra a través de personajes bien dibujados la vida de Carmen, Eduardo, Karina (Karina Velázquez), Alfredo y Emilio que en el camino  más allá de mostrarnos sus historias personales, nos muestran una serie de elementos identitarios de la región a través de una compilación de hermosos paisajes y gentilicios propios de nuestro sur.

El personaje de Emilio, interpretado por Emilio Alonso Aquino es un personaje casi biográfico en la película. Aquino quien fue atleta olímpico de Venezuela en los años 80, es uno de los miles de invisibilizados que llenaron de gloria e historia a este país, pero que lamentablemente por distintas razones quedaron olvidados. Aunque su profesión actual difiere de la del film en la que se desempeña como una suerte de asesino a sueldo, nos dice que a ratos ejerce como entrenador de Sambo (disciplina deportiva rusa que se traduce como defensa personal sin armas), también como empresario y actor. Con mucha humildad,  Emilio nos dice en uno de los conversatorios: “gracias a ustedes ya no quedare olvidado, viviré en el séptimo arte”. En conversación personal, Emilio me cuenta que además tuvo una pequeña participación en la película Libertador de Alberto Arvelo y que tiene proyectos para seguir contribuyendo con el cine nacional.

Otro que se ha visibilizado formalmente en el cine nacional es Jackson Gutiérrez, conocido por sus películas caseras como Azotes de Barrio (que en la actualidad tiene más de 7 secuelas). Gutiérrez quien siendo barbero se convirtió en un referente del cine guerrilla o underground del país, se dio a conocer gracias al mundo buhoneril y selló su pase a la industria cinematográfica nacional, gracias al director de cine Carlos Malavé con la codirección del film: Azotes de Barrio, Recargado. Los primeros trabajos audiovisuales de Gutiérrez, y el fenómeno comunicacional que este originó, sirvieron como tema de estudio sociológico en algunas universidades del país por el hecho de mostrar la violencia en el barrio a través de una suerte de ficción documental.

En el festival me cuenta que ha abandonado el oficio de barbero y que se ha dedicado al cine porque ha descubierto que éste es su pasión. Añade que seguirá trabajando con la temática social, proponiendo siempre alguna solución. Finaliza su conversación diciéndome que el cine venezolano está atravesando por una crisis desenfundada por la crisis económica del país: “hay problemas para obtener los financiamientos por parte de CNAC, por eso vemos que la mayoría de las producciones son auto-gestionadas”. Y cierra contándome que a pesar de la crisis trabaja en una nueva producción llamada: Cara o Sello.

Fotograma Final.

La historia de Cerasa, Sánchez, Domingo, Emilio, Jackson y otros más, es la historia de cada venezolano que a pesar de la crisis sortea las dificultades para seguir construyendo un mejor país. No importan si les colocan trabas institucionales, si tienen que hacer colas o en sus proyectos les cortan la electricidad. Todos ellos, los malqueridos e invisibilizados; artesanos de la memoria, son los que a pesar de los problemas técnicos, de financiamiento o de guión, siguen buscando visibilizar a todos aquellos que son protagonistas de la historia del país. Indudablemente cada uno de sus trabajos audiovisuales es un almacén del imaginario social y cultural de la nación que es necesario ver y analizar, para seguir entendiendo lo que somos como país.

 

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