El hambre no es un juego

Pedro-Reyes-Guigue-Foto-Twitter_NACIMA20160521_0039_6Luisa Pernalete

“Los muchachos del equipo de fútbol no están entrenando, dicen que no tienen fuerza para correr”  comenta la hermana Silvia, de un colegio de Petare. “El profesor P., de un centro educativo de Puerto Ordaz, se descompensó en plena hora de clase, ¡claro, está comiendo muy mal!”. Llamo a una directora de un centro de los Valles del Tuy y lo primero que me dice es que se le acaba de desmayar un pequeño de preescolar, “No es el primero, ya es frecuente”. Y añadió que unos días atrás una niña estuvo  recogiendo las sobras de  las meriendas de los compañeritos para llevarlas a su casa porque  su madre y su hermanito tenían varios días sin comer. “Hasta hace dos meses las  maestras traían algo para darle a esos niños que sabemos que no están desayunando, pero ahora ni nosotras tenemos nada para desayunar, no tenemos para compartir”, me dijo Teresa, del Zulia.

Tengo historias para un libro. El título no es sólo un título: es un grito  generado por la angustia que da cada historia recogida, en vez de ver crecer mi admiración por los  que  siguen  atendiendo a los niños, niñas y adolescentes en escuelas y entidades de atención. No se me quita el nudo en la garganta saber que hay  alumnos con hambre, y ahora también  maestros  -que esperan  desde hace meses el incremento  decretado para este año –  y obreros en las mismas  circunstancias.  No  es juego tener hambre. Si usted es de los que todavía come 3 veces al día, haga una prueba: sáltese  una comida, o simplemente retrase unas horas alguna y haga conciencia de cómo se siente. Ahora extrapole cómo se sentiría si la escena se repite día tras día. De paso piense cómo pueden unos maestros con hambre dedicarse a mejorar la lectura de los alumnos.

Alguien  tal vez pregunta ¿Y el SAE? (antes PAE). Le respondo: no todos los centros están en el sistema,  y además, donde existe, no alcanza ni para todos los días ni para todos los estudiantes.  Damos  sólo unos datos: en un centro de Nueva Esparta, lo que llegó la semana pasada para 150 niños fue 13 kilos de harina  y caraotas para 7 días; otro centro de Maracaibo reporta que en enero sólo   recibió para una semana, en febrero para 2, en marzo, abril y mayo, para una, en junio para dos, y lo último recibido fue: 6 patillas, 6 melones y 35 piñas, eso para 550 niños. No hago comentarios. “Aun así, algo comen, dice una directora, pero vienen las vacaciones, ni eso tendrán”.

Según nuestras leyes, los niños, niñas y adolescentes son prioridad absoluta, (Art. 78  de la CRVB), eso significa que si hay poco, eso tiene que ser para ellos. Hay que recortar presupuestos, por ejemplo, en franelas, propaganda, viajes, para poder  tomar las medidas necesarias para que esa población tenga garantizada su alimentación básica. Tenemos que gritar más fuerte para que las autoridades vean este drama.

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