“El estado fragmentó la cohesión social”

alfredoinfantexrobertomata-8360Hugo Prieto

El Centro Gumilla, en diversas ocasiones, ha hecho valiosos aportes y revelado claves que dan una idea de lo que ocurre en el mundo popular venezolano. Para muestra, un botón. El estudio sobre las percepciones políticas del venezolano, liderado por el padre José Virtuoso. “Este es un pueblo respondón”, dijo en una oportunidad Virtuoso. Sí, lo demostró en Villa Rosa y antes, multitudinariamente, en la concentración del 1ero de septiembre.

¿Cuál es la caracterización del movimiento popular venezolano? ¿Qué visión tiene de la crisis? ¿Dónde poner los acentos? Prodavinci entrevistó al sacerdote jesuíta Alfredo Infante, director de la revista SIC. Infante se crió en el barrio Simón Bolívar de Maracaibo, bajo la égida del también cura jesuita, Acacio Belandria. Desde muy niño se vinculó al movimiento popular. Primero en Fe y Alegría, luego en la Compañía de Jesús. El tema, pues, está en su tono. La matriz relacional Estado-Sociedad, marcada por el clientelismo y el populismo, ha generado una perversión política difícil de romper. El Estado no ha tenido interés en formar ciudadanía, ni en preguntar, desde la perspectiva del mundo popular, ¿Qué país queremos? El Caracazo no ha sido procesado como duelo y está en el inconsciente de los habitantes de los barrios. Una pulsión psicológica que se manifiesta sobre todo en la actualidad, “cuando hay tantos militares en la calle”.

¿Qué caracterización haría del movimiento popular venezolano en la actualidad y qué incidencia tiene dentro de la sociedad vista como un todo?

Para responder a esa pregunta, primero recuperaría algo de la memoria. Por la característica del “petro Estado”, en Venezuela, a diferencia de otros países de América Latina, el Estado ha producido a la sociedad, no la sociedad al Estado. Y este hecho establece una dinámica relacional que va a darle una impronta al movimiento popular. Yo lo caracterizaría como la base de esa sociedad, que busca ser sujeto para defender sus propios intereses. Pero en la gestación del movimiento popular, el Estado establece una relación clientelar y populista que va a ser un desafío. ¿Cómo cambiar la naturaleza de esa relación? Haciéndose, como movimiento popular alternativo, a contracorriente del populismo, del clientelismo. Eso, como una primera fase.

Fase que no se ha roto, entre otras cosas, porque han mediado propuestas políticas de diversa índole. Unas más acentuadas en el terreno de la autonomía y otras en la mera cooptación. ¿Le interesa al Estado construir ciudadanía o ganarse al movimiento popular para un determinado proyecto político?

Si queremos construir un movimiento popular que se piense desde sí mismo y con autonomía, que dialogue —siendo sujeto de políticas públicas—, con el Estado, eso va a suponer una enorme trascendencia social. Pero eso sólo es posible si trabajamos profundamente en la formación de sujetos populares, tanto personales como colectivos. Ese es el desafío. Ciertamente, durante los 40 años de democracia ese desafío estuvo presente y en medio de él se construyó un movimiento popular del cual soy actor y testigo, entre otras cosas, porque me formé allí ¿Pero qué ocurre cuando llega este proceso revolucionario, ya sea  porque se dieron las condiciones, porque la crisis de los 80, de los 90, generó una disminución muy fuerte de la inversión social, porque las maquinarias políticas —especialmente la de Acción Democrática— se fueron afianzando como meras maquinarias, generando exclusión y resentimientos? Que todo eso fue aprovechado políticamente por el chavismo. Hugo Chávez llega con una agenda social, en teoría, interesante: la recuperación del sujeto popular y la superación de la exclusión. Pero la gerencia que se hizo del proceso social, sin duda, tuvo lo peor de las dinámicas clientelares y relacionales. Yo suelo decir, irónicamente, que el chavismo es la expresión más eximia de lo peor del adequismo.

Como trasfondo, lo que se puede advertir es un conjunto de relaciones políticas pervertidas. Quizás las expresiones más  concretas sean la plancha de zinc y el saco de cemento en el pasado o la Misión Barrio Nuevo Tricolor ahora. ¿Cuál ha sido el impacto de esas relaciones en los sectores populares?

El mundo popular, en su convivencia, tiene una serie de dinámicas relacionales, entre sí, que son muy valiosas. De solidaridad, de encuentro, de fraternidad, de esto y aquello, pero que no se han capitalizado ni organizativa ni políticamente. ¿Por qué ha sucedido esto? Porque en la perspectiva rentista y clientelar (desde el Estado) se ha generado un imaginario de lo que es la política, que nada tiene que ver, precisamente, con esas relaciones que caracterizan al mundo popular. Esas relaciones, a su vez, constituyen un capital social y político importante y alternativo. El Estado, al desconocer esta lógica y estas dinámicas, lo que ha hecho es desligar la política de la experiencia cotidiana de la gente. Más bien ha fragmentado la cohesión social. Ha habido un divorcio en ese sentido. Por eso, los procesos de organización social tienden a ser lentos, entre otras cosas, porque implica una deconstrucción de esos imaginarios políticos, producto de esa relacionalidad Estado—sociedad, donde se ve a la gente como depositaria de una fracción de la renta, pero a quienes no se les toma en cuenta para pensar, desde su perspectiva, por ejemplo, ¿Qué país queremos?

Podríamos decir, no una fracción sino una migaja de la renta.

En la mal llamada IV República, que nosotros en el Centro Gumilla y en la revista SIC, llamamos el período de la concertación de élites, porque realmente fue un proceso democrático de concertación de élites (lo que no tendría cabida hoy, pero sí tendríamos que alcanzar una forma de concertación), llegaron las migajas. Uno no puede negar que durante esos gobiernos se construyó la red de hospitales, la red de escuelas.

Para continuar leyendo la entrevista ingrese al siguiente enlace: 

http://prodavinci.com/2016/10/02/actualidad/alfredo-infante-el-estado-fragmento-la-cohesion-social-por-hugo-prieto/

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