Día del amor y la amistad

Antonio Pérez Esclarín

El domingo,  14 de febrero, celebramos el día del amor y la amistad, pero  ¿cuál es  el amor que celebramos? ¿Qué es para nosotros el amor? Hago estas preguntas porque estoy convencido de que la palabra amor es muy usada y abusada, y siento que  nos estamos volviendo incapaces de amar. Si bien abordé ampliamente este tema en mi libro “Educar es enseñar a amar”, quiero retomar  aquí algunas cuestiones esenciales.  

Con frecuencia, el supuesto  amor no pasa de ser un mero gustar, una  atracción, un sentimiento, un deseo de posesión.  Por confundir al amor con una emoción o un simple sentimiento, muchas personas se enamoran y desenamoran con una gran facilidad, pues los sentimientos suben y bajan, aparecen y desaparecen, son volubles, inconstantes.

Pero si el amor no es un mero sentimiento, ¿qué es entonces el amor? Intentaremos responder esta pregunta valiéndonos de la definición de Aristóteles en su Retórica: Amar es querer el bien para el otro en cuanto otro.

El amor es, en primer lugar,  un acto de la voluntad. Implica decisión, elección,  coraje y capacidad de entrega y sacrificio  para mantenerse firme en esa decisión. Es un ejercicio supremo de la libertad. Un amor sin voluntad es un amor inmaduro, superficial,  un mero sentimiento que va y viene según soplen los vientos. Es el falso amor de una vida  sin hondura,  sin compromiso, que va mariposeando de cuerpo en cuerpo  sin adentrarse en el alma de las personas.

El amor, como todo lo que está vivo, o crece o muere. El amor vence a la muerte, pero la rutina y el descuido vencen al amor. De ahí la necesidad de alimentarlo todos los días con  detalles, con sonrisas, con atenciones, con palabras…, apartando todo lo que pueda debilitarlo o dañarlo.  El fracaso de muchos matrimonios se debe a que, por no seguir alimentando su amor, lo dejaron morir de hambre.

Amar a una persona significa  preocuparse y ocuparse por su bienestar,  por su felicidad. Quien ama quiere lo mejor para la persona que ama. ¿Cómo puede decirte alguien “te amo” y después maltratarte, engañarte, abusar de ti, humillarte y faltarte al respeto?  Pero amar no es consentir, sobreproteger, sino ayudar a la persona a superarse, a ser mejor, más libre, con más capacidad de amar. El amor no es ni permisivo ni autoritario. La permisividad lleva al capricho, y el autoritarismo a la timidez o la agresividad. Por eso, el amor abraza, pero no retiene. No genera dependencia, sino que da alas a la libertad.

El amor significa la afirmación, no la posesión o utilización del ser amado. El amor confiere a la persona amada la libertad de ser ella misma.  No manipula, no se aprovecha, sino que está pendiente de buscar su bien, aunque ello suponga esfuerzos y acarree sufrimientos. Quien ama de verdad no sólo ayuda a ser mejor al otro, sino que se esfuerza cada día por ser más bueno para  así poder ser un mejor regalo para la persona que ama. Más que regalar cosas, se regala él o ella, regala lo mejor de sí mismo: su tiempo, su atención, su sonrisa, su escucha, su vida. Lo mejor que pueden hacer los novios por sus novias, los  esposos por sus esposas, los padres por sus hijos, los amigos por sus amigos, los profesores por sus alumnos, es intentar cada día ser mejores.

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