Cine Venezolano premiado en festival de Venecia

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Julio Vallejo Herán

A primera vista, Desde allá parece casi una variación de La Virgen de los sicarios. Con la novela homónima de Fernando Vallejo como base literaria, el director Barbet Schroeder nos mostraba la particular relación sentimental que se establecía entre un hombre de mediana edad y un matón juvenil en la agitada ciudad colombiana de Medellín. Al igual que aquella, la ópera prima en el largometraje del venezolano Lorenzo Vigas aborda una historia de venganza y amor homosexual entre dos personas de distinta clase social y edad en un entorno turbulento, en este caso Caracas.

Frente a la visceralidad de la película de Schroeder, Vigas impone un ambiente enrarecido donde los roles de verdugo y víctima se alternan. La clave de esta atmósfera malsana la encontramos en el personaje de Armando, el protésico dental que se enamora de un joven vándalo. Desde el primer momento, se dibuja como un hombre solitario y triste que recluta a chicos en la calle para llevarlos a su casa y masturbarse sin mantener un contacto físico con ellos. Simplemente les hace desnudarse y darse la vuelta sin que entre ellos exista ningún acto sexual compartido. El trato con el resto del mundo parece igual de frío y distanciado con la única excepción de su hermana y el bebé que ella acaba de adoptar. El espectador va poco a poco descubriendo las razones de parte de su comportamiento: el odio hacia un padre ausente y un complejo de Edipo que se adivina por la omnipresencia de fotos de su madre en su apartamento.

La aparición de Elder, un chaval reclutado como otros para satisfacer las bajas pasiones del hombre maduro, supondrá un aparente cambio. A pesar de la paliza que le propina el joven en su primer encuentro, Armando se acercará poco a poco a él colmando sus caprichos y mostrando por él un aparentemente desinteresado cariño que conquistará a un joven que no ocultaba inicialmente su homofobia. Poco a poco, el chico se encontrará en deuda con su particular valedor del que se acabará enamorando y al que tratará de pagar con lo que más desea: el asesinato del padre que lo abandono. En el fondo, es una particular cinta de cine negro en la senda de Perdición, Fuego en el cuerpo y La última seducción. Cierto que Armando está lejos de ser una femme fatale a la manera de las que interpretaran Barbara Stanwyck, Kathleen Turner y Linda Fiorentino en las cintas de Billy Wilder, Lawrence Kasdan y John Dahl, pero, como ellas, utiliza estrategias de mantis religiosa para seducir a su presa, utilizarla y deshacerse de ella. Eso sí, al aspecto meramente sexual se añade en esta ocasión una relación casi paternofilial entre el cincuentón y el pandillero.

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El filme parece una continuación de Los elefantes nunca olvidan, un cortometraje del propio Villegas que fue seleccionado para participar en el Festival de Cannes. En aquella pequeña película de poco más de diez minutos éramos testigos del intento de asesinato de un padre a manos de su hijo, que le reprochaba el abandono del hogar familiar. Desde allá parece dialogar con aquella obra al mostrar cómo podría haber sido la vida adulta de ese niño que quiso matar a su progenitor y fracasó en el intento. Allí ya dejaba entrever un rasgo de su particular estilo que aquí se repite: un gusto por escamotear información al espectador para que éste rellene los huecos con sus propias suposiciones.

En resumen, un más que notable thriller que se beneficia de la espléndida interpretación de Alfredo Castro, que logra con su inquietante mirada expresar el turbio mundo interior de un tipo atormentado por su pasado, y un más que convincente Luis Silva, perfecto como ese delincuente aparentemente duro que acaba siendo más sensible de lo que parece en un principio. Quizá haya que reprocharle a Vigas, que firma el guion junto al escritor mexicano Guillermo Arriaga, un giro final precipitado y algo forzado que resta interés a su debut. No obstante, este pequeño defecto no invalida una notable ópera prima, premiada con el León de Oro de la edición 2015 del Festival de Venecia.

Fuente: http://www.cineparaleer.com/critica/item/1921-desde-alla 

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