Brújula para tiempos de incertidumbre

161123-vida-espiritual_solo-con-dios-hombre-sentadoBlai Silvestre

Llevamos una vida espiritual cuando las distintas dimensiones de la vida de cada día están integradas y “permeabilizadas” por la vida espiritual. Cuando esto no ocurre uno se queda enano en la vida espiritual. Uno reza todos los días. Pero si se olvida de conocerse, de realizar su trabajo sin máscaras, buscar la verdad, no hay duda, su vida espiritual quedará enana.

La primera virtud para la vida espiritual es la humildad. Ya que la vida espiritual no es una escalera, ni un camino esforzado. Estamos habitados por Dios. Si hay que escalar algo o realizar algún esfuerzo, simplemente tenemos que entrar dentro de nosotros mismos. La llave está en nuestra mano. La vida espiritual está dentro de nosotros. No hemos de pedir permiso a nadie. Entremos. Jesucristo nos abre la puerta hacia nosotros mismos, nos toma de la mano y nos conduce por nuestro interior. Dejémonos llevar por Él. Claro, habrá que conocerle en su vida entre nosotros. Es decir, conocer los misterios de su vida desde su Encarnación hasta su vuelta a este mundo en la segunda y definitiva venida.

Según vayamos progresando en la vida espiritual no abandonaremos los pasos anteriores. Una familia cuando nace el segundo bebé no abandona al anterior. Cuida de todos ayudando los mayores a los recién llegados. Avanzamos sin renunciar a lo anterior… o, retrocedemos porque nunca hay seguridad total. Una y otra vez volveremos sobre nuestros pasos con mayor intensidad. Iremos avanzando. Dios tan solo nos pide nuestra colaboración; mejor: nuestra entrega. Quien se abandona del todo en manos del misterio del Dios de Jesucristo y entrega su vida, ése caminará dando grandes pasos en su vida interior. El amor dará la medida de su avance.

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