15 años del trasnocho cultural

solveigJesús María Aguirre s.j

Hay un dicho castizo “hacerse el sueco”, que ya es común en el lenguaje castellano y que tiene una historia más longeva que aquél otro de “no somos suizos” de infeliz memoria.

Algunos autores atribuyen su origen al proceder de los marinos suecos que, por desconocer nuestra lengua, se hacían los desentendidos a las instrucciones en los puertos de desembarco. Otros buscan su origen en la palabra latina “soccus”, pantufla o zueco, para aplicársela a los tarugas de madera, digamos “cabeza de ñame” en criollo.

En conclusión significa el desentendido a los reclamos del entorno o a los reproches de personas e instituciones. Pero éste no es el caso de Solveig, que nacida en Suecia, se trasplantó en el país, y tiene en su haber un acervo filmográfico que ha hurgado los problemas más entrañables del país (Macu, la mujer del policía 1986; Santera, 1995; Maroa, 2006).

Pues bien, al frente del Trasnocho cultural, tenemos a la sueca Solveig Hoogesteijn, que durante quince años no se ha hecho la sueca ante los reclamos culturales del país, al emprender y sostener un proyecto visionario que se ha convertido en uno de los focos más exitosos y consolidados de Caracas, a pesar del huracán rojo, que ha barrido casi todas las iniciativas privadas.

Fallas eléctricas, escasez de agua, constricciones tributarias, desatención pública, inseguridad policial, inflación, etc. son algunas de las dificultades con las que ha tenido que enfrentarse, sin excusarse en el asedio económico, la invasión imperial, o la guerra de las estrellas. 

No es hora de hacer comparaciones con los espacios culturales degradados de lo que una vez fue el Ateneo de Caracas o el Museo de Arte Contemporáneo, ni de lamentar la lúgubre celebración del 50º aniversario de la Cinemateca Nacional, que tras una breve eclosión, se desbarranca en un ciclo de desidia y deterioro, sino de celebrar los 15 años –aún quinceañera– de un proyecto ha conseguido su éxito gracias a la lealtad de los más de 20.000 espectadores que nos visitan mensualmente.

Es también momento de aplaudir el equipo que la ido acompañando a través de la reinvención permanente de los espacios y propuestas artísticas. Esperamos que el proyecto perdure hasta la adultez de los treinta y que, tras el repliegue, del huracán puede proyectarse más allá de los espacios actuales.

 

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