Warao: Del canto triste a la esperanza

Carlota Rojas

“Vengo con las manos vacías, pero la cabeza llena” así me dijo el señor Alfonzo Campero en Tucupita. Estaba ahí sentado con todo pensado para presentar lo que sería su propuesta de proyecto comunitario Karina Aidanoko (La cría de pollos), una propuesta para aprovechar terrenos en la comunidad warao de Araguaimujo en el Bajo Delta, y junto a los vecinos criar pollos de engorde para minimizar la escasez de alimentos y beneficiar a quinientas familias de esa comunidad y otras cercanas.8.1.1_Minerva Vitti

Así como él, otros nueve participantes que culminaron el programa Liderazgo para la Transformación presentaron sus propuestas con las manos vacías de papeles, de informes y diagnósticos escritos que no se ajustan de ninguna manera con la tradición oral de su pueblo, pero la cabeza llena de ideas, de historias, de referencias y deseos de ayudar a sus comunidades que viven contando problemas “porque la mayoría de las familias son pobres, el warao está desempleado y comprar comida es muy costoso”.

Barriga llena, corazón contento

La comunidad de Araguaimujo, a unas tres  horas del puerto de Volcán en el Bajo Delta, es una de las incluidas entre esos proyectos. Los  hermanos Jesús y Alfonzo Campero, con Pascual García, vieron en sus terrenos y en los vecinos la posibilidad de reavivar la granja avícola que mantenía ahí la misión católica de los capuchinos y producir pollos para las escuelas bolivarianas y los vecinos “porque el traslado para comprar comida hasta la ciudad de Tucupita cuesta diez mil bolívares ¡eso sí! si tienes embarcación”, recuerda el señor Alfonzo.

Yakariyene también cuenta su rosario de penas; una de ellas, los escasos recursos de las cincuenta familias que llegaron del  Bajo Delta, de paso, y se quedaron a vivir en barracas con “padres de familias que no tienen empleo estable ni ayuda del Gobierno, y el sustento de las familias es la caleta”, cuenta Jesús Núñez, un warao que con su familia ahí también recurre a la caleta –cargar y descargar los camiones de Pdval o Mercal en Tucupita– para que les paguen entre quinientos y mil bolívares. Jesús y Gelvis proponen construir un galpón de veinte metros para gallinas ponedoras en la comunidad de Yakariyene “y así diez personas se benefician con el trabajo y los vecinos tienen pollos y huevos para vender y comer”.

Ismael Velásquez junto a otros vecinos plantearon una propuesta parecida para el sector Palomar: “Aprovechar terrenos para criar gallinas ponedoras y beneficiar a 150 familias”. Tienen claro que la mejor ayuda para sus comunidades es darles acceso a un trabajo que les permita mantener la barriga llena y el corazón contento.

 8.1.2_Minerva VittiLa artesanía otra fuente de sustento

“Lo que queremos lograr es una fuente de trabajo para vivir vivendo, no para sobrevivir”. Esa frase se lee en el papelógrafo con el que Abraham Marquina presenta su propuesta para crear una “Fábrica de Artesanía con Palma de Moriche, Bora, Tirire,  Liasa y Hierro Forjado” en la comunidad de Palomar.

Abraham llegó a Palomar en el año 1998, es uno de los fundadores y ya cuenta diecisiete años esperando que la comunidad mejore y en ella se cumplan las promesas de quienes han gobernado en el Delta. Ahora, para beneficio de sus 220 vecinos del sector, espera poder asociarse a otros sin empleo para producir chinchorros, cestas, bolsos, collares, canaletes, curiaras y muebles que pueden ser vendidos y reporten ingresos para las familias del sector, “porque nosotros necesitamos empleos, empleos dignos y la artesanía es lo único que tenemos”.

Como él, Yaneidys Bustillos y José Naveda ven en la artesanía una salida y aspiran crear en la comunidad de Yakerawitu un Centro de acopio para la comercialización de los productos elaborados con las manos del warao, que les permita “comprar la artesanía en los caños a mejor precio que el jotarao y venderla en diferentes puntos del país y, por qué no, del mundo, para que paguen el valor que realmente se merece el trabajo de las manos del warao”, dice Naveda. El de ellos es un esfuerzo por generar empleo, pero además reconocer el valor de su pueblo.

Triste es tu canto warao…

Triste es el canto del warao en Delta Amacuro porque vive olvidado, porque no tiene alimentos, ni hay empleo digno para ellos. Mientras tanto, sigue esperando esas pequeñas cosas: un hospital que funcione en su comunidad, que una embarcación esté dispuesta a sacarlos hasta Tucupita en busca de medicina, para cobrar el sueldo o visitar amigos; siguen esperando un trabajo que les garantice poder comprar comida para su familia, o un conuco que les permita vender y autoabastecerse. ¡Nada que no le ofrecieran antes!

“Cuando yo aprendí a hablar este idioma que es el español, fue un gran paso para mí”, dice Abraham Marquina en su exposición, “ahora aprendo un poquito más con estos proyectos para ayudar a mi comunidad”, reitera y recuerda que las esperanzas del warao siguen vivas y toman forma en estos cinco proyectos, impulsados por diez líderes con la cabeza y el corazón llenos de las tristezas y anhelos de su pueblo.

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