Una católica atípica: La luchadora social Dorothy Day

Jesús María Aguirre

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Si hiciéramos una encuesta sobre el conocimiento de las figuras de Dorothy Day y Thomas Merton en los ambientes católicos, nos encontraríamos con una ignorancia supina. A lo más la figura de Thomas Merton, sería reconocida por algunas élites literarias y religiosas por la proyección de sus escritos.

Por ello la referencia del Papa durante su intervención ante el Congreso de Estados Unidos (24.09.2015), a estas dos figuras, junto a las personalidades de la talla del expresidente Abraham Lincoln, y el activista y premio Nobel Martin Luther King, que forman parte de lo que denominó “sueños” de América, daba a entender que el catolicismo no es una excrecencia, sino que está también entrañado en la cultura estadounidense, así sea bajo la sombra de los apellidos del gran sociólogo R.K. Merton y la popular actriz Doris Day.

En el marco de la cultura latinoamericana y venezolana las dos figuras mencionadas, la fundadora del Movimiento del Trabajador Católico Dorothy Day y el monje cisterciense Thomas Merton, sobre todo la primera, no dejan de ser unas estrellas sino de tercera magnitud, por cuanto ni siquiera están en el santoral como Fray Junípero Serra, recientemente beatificado en medio de la controversia por su procedencia española.

La revista SIC, atenta al  acontecer religioso y espiritual, dedicó más de una vez sus páginas a Thomas Merton, como puede verse en el enlace del articulista Ricardo Bello, http://gumilla.org/biblioteca/bases/biblo/texto/SIC1985480_448-451.pdf, pero lamentablemente a pesar de su trascendencia social, no reparó en la figura de Dorothy Day, nada menos que Fundadora del Movimiento del Trabajador Católico.

En honor de esta luchadora social transcribimos esta minibiografía:

Dorothy vino al mundo en 1897 en Bath Beach, Brooklyn, que entonces era una ciudad con ayuntamiento propio y hoy es un barrio, como entonces, sobre todo de inmigrantes. Su padre era periodista, originario del estado de Tennessee, escribía novelas y aventuras sobre deportes, amenizaba sus artículos con citas de Shakespeare y de la Biblia. Per no fue nunca un escritor de éxito y la familia vivía en condiciones muy pobres, la madre de Dorothy la enviaba a comprar plátanos pasados porque costaban solo diez centavos la docena. La infancia de Dorothy se desarrollará con normalidad en el seno de esta familia, que era de religión protestante, en ella aprendió a conocer la Biblia y a valorar la palabra de Dios. Asistió, aunque no se graduó, a la Universidad de Illinois, pues no pudo pagar una de las caras universidades neoyorkinas. En el año 1916 la familia Day se mudó a Chicago, donde ella, que hasta entonces no había tenido la menor noticia de la situación política en vísperas de la primera guerra mundial, comenzó a interesarse por la realidad social. Devoró las descripciones de miseria de Jack London, así como varias teorías anarquistas. Se involucró en asuntos candentes como: los derechos de la mujer, el amor libre y el control de la natalidad. Al mismo tiempo ingresaba en el Partido Socialista de América. Después de 2 años se aleja de su familia, se instala en el barrio judío Eastside y se hace periodista, colaborando en el diario socialista “Call”. Escribía sobre manifestaciones de protesta, intervenciones brutales de la policía, mítines de huelga y actividades pacifistas. En Washington se manifestó junto a un grupo de feministas, que habían convocado una huelga y por ello fue arrestada.

Tuvo una serie de amantes, se quedó embarazada de uno de ellos y tuvo un aborto, que entonces era ilegal en aquel país. Como consecuencia de ello, para superar el shock y buscando estabilidad emocional, se casó con Foster Buttermann, pero no encontró dicha estabilidad y el matrimonio sólo duró un año. En 1926, Dorothy se encuentra embarazada de nuevo. Esta vez se decide a tener el bebé, como madre soltera. Aunque el padre de la niña era un ateo comprometido, Dorothy había decidido bautizarla como católica y hacerse católica ella misma. En los años anteriores se había ido enamorado de la Iglesia Católica, a la que veía como la Iglesia de los emigrantes y de los pobres. Pero era imposible hacer aquello y seguir teniendo un amante a la vez. Así que, con gran dolor de corazón, se separó de él un día y se bautizó en la Iglesia católica al día siguiente. “Una conversión es una experiencia de soledad. Nosotros no sabemos qué está pasando en las profundidades del corazón y el alma de otra persona. Apenas nos conocemos a nosotros mismos”.

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Acerca del autor

Jesús María Aguirre sj

Sacerdote Jesuita. Filósofo, Licenciado en Comunicación Social y Doctor en Ciencias Sociales. Investigador del quehacer comunicacional en el ámbito de América Latina. Colaborador en las Revista SIC y Comunicación del Centro Gumilla