Un pacto que cambió la democracia de Colombia

Sandra Milena Montoya

El 9 de marzo de 1990 se convirtió en un día histórico para Colombia, pues en esta fecha se firmó lo más cercano al primer acuerdo de paz con un grupo guerrillero en el país.  Alrededor de 800 hombres del M-19 se congregaron en Santo Domingo (Cauca) para entregar sus armas y, en parte como producto de este proceso, surgió la Asamblea Nacional Constituyente, cuyo mayor baluarte es la Constitución de 1991, que sentó las bases de una democracia participativa y un Estado Social de Derecho.

Paz en ColombiaElmundo.- El M-19 o Movimiento 19 de abril surgió en 1970 como respuesta al supuesto fraude electoral de las elecciones presidenciales de esta fecha, en las que Misael Pastrana Borrero resultó elegido presidente de la República y Gustavo Rojas Pinilla perdió en los comicios. En ese momento, un grupo de personas pertenecientes a la Anapo, al partido comunista  y provenientes de las Farc, decidieron crear el M-19.

20 años después, luego de una intensa lucha y de vivir el holocausto del Palacio de Justicia, en la que fueron desaparecidos y torturados algunos de sus miembros, el movimiento decidió optar por dejar las armas y pactar con el Gobierno de Virgilio Barco lo que el Estado denominó un armisticio.  El actual senador por el partido Alianza Verde, Antonio Navarro Wolf, recuerda que el M-19 dejó las armas, “porque no había posibilidad de victoria y la guerra sin victoria no tiene sentido”.

Varios factores conectaron el proceso de dejación de armas con la Asamblea Nacional Constituyente. Para Rafael Pardo, quien se desempeñó como consejero presidencial para la paz en el Gobierno de Virgilio Barco, la Constitución del 91 representó un cambio muy significativo en la vida del país y el proceso con el M-19 contribuyó a esto, “quienes se desmovilizaron tenían claro que su retórica y su discurso tenían que estar sintonizados con la población y la gente lo recompensó con votos, ellos lograron el 30 por ciento de la Constituyente y fue por su discurso ya no basado en reivindicaciones arcaicas o violentas sino centrado en las transformaciones que el país reclamaba en ese momento”.

El valor de la palabra

Sin embargo, como ya tenían la experiencia de lo que había ocurrido en procesos pasados, el miedo a ser asesinados se instaló en el grupo de desmovilizados. Y pasarían siete semanas luego de entregar las armas para que uno de sus comandantes, quien lideró el proceso con el Gobierno, fuera asesinado. Carlos Pizarro Leongómez fue acribillado en un avión en pleno vuelo y a la fecha se desconocen los autores intelectuales del crimen.

René Guarín, exmilitante del M-19, quien se unió al grupo luego de perder a su hermana que no tenía que ver nada con esta guerrilla en los hechos acontecidos en el Palacio de Justicia en 1985, considera que la dejación de armas ha sido un ejemplo para Colombia desde lo que significa el valor de la palabra, y “otra lección fue descubrir que en Colombia se puede hacer política sin armas”, dice.  “El proceso fue exitoso porque muchas personas tuvimos el valor de pedirle perdón a Colombia por un pasado guerrillero, cosa que no hizo el Estado”, continúa. En cambio, señala que el Estado está en deuda, pues nunca pidió perdón por el asesinato de líderes guerrilleros del M-19 que cayeron en una guerra sucia, no en los combates con el Ejército.

Hoy, algunos de los guerrilleros del M-19 que participaron de la dejación de armas en 1990 se dedican a hacer política, otros, quienes tuvieron la posibilidad de estudiar, ejercen sus profesiones como abogados, ingenieros, economistas y unos más, quienes no contaron con todo el apoyo prometido por el Estado, probablemente engrosen las cifras de desempleados, no existe un censo al respecto. Sin embargo, la gran mayoría cumplió el compromiso pactado con el Gobierno.

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