¿Qué opinan las otras confesiones cristianas de la familia hoy?

M. Gómez

sinodofamilia23102015

Los delegados fraternos intervienen en la Asamblea del Sínodo

Además de los obispos católicos representantes de la Iglesia universal, en la XIV Asamblea General del Sínodo de la Familia 2015 han participado miembros de otras confesiones cristianas, “delegados fraternos” que en el transcurso de la 12ª Congregación General, han podido hablar en el Aula ante toda la asamblea. Sus preocupaciones son similares a las escuchadas hasta ahora: los desafíos de la familia como célula de la sociedad, los problemas particulares según las culturas, las familias heridas, la pastoral con divorciados y parejas homosexuales, la necesidad de buscar un lenguaje comprensible.

Ortodoxos, anglicanos, luteranos… han dado su punto de vista sobre la vocación y la misión de las familias hoy, y cómo la Iglesia debe acompañarlas en este recorrido. Ofrecemos a continuación un resumen de esas intervenciones:

Reverendo Dr. Walter Altmann, moderador del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias (2006-2013)

  • “Desde mi propio continente de América Latina, y desde mi experiencia como Moderador del CMI, sé cómo muchas mujeres y hombres, al igual que los hijos necesitan que la iglesia sea una comunidad de inclusión y curación, reconociendo nuestras diferencias en el vínculo de amor”.
  • “La apertura necesaria para el cambio, y para el nuevo compromiso con la llamada de Dios hoy, debe ser un signo de nuestra peregrinación como un viaje común de las iglesias”.

Metropolitano Bishoy de Damiette, Iglesia Copta Ortodoxa

  • “La primera misión de la iglesia hacia las personas con tendencias homosexuales es explicarles con ternura, tolerancia y convicción que la homosexualidad es un gran pecado prohibido por Dios de acuerdo a las Sagradas Escrituras”
  • “En consecuencia, la principal misión pastoral de la Iglesia es animar a estas personas al arrepentimiento guiándolos para llevar una vida pura”.
  • “Si un miembro de una pareja es homosexual y obliga a la otra a tener relaciones contra el uso natural, la Iglesia no debe obligar a la parte inocente a continuar una relación marital sexual con él/ella, porque esto la perjudica física, fisiológica y socialmente.
  • Nuestra Iglesia permite el divorcio en caso de adulterio y en los casos que llamamos ‘adulterio legal’, que son todos los que se cuentan como adulterio: la homosexualidad, cópulas contra el uso natural, instar u obligar a la parte inocente a relaciones prohibidas para conseguir ganancias o al intercambio sexual”.
  • “Tal vez muchos casos de personas divorciadas civilmente o vueltos a casar se deben a alguna de las razones mencionadas anteriormente, que la Iglesia puede evitar, permitiendo el divorcio y el nuevo matrimonio solo a la parte inocente“.
  • “Los que están casados civilmente o se han vuelto a casar necesitan un servicio pastoral que debe ser tolerante y convincente. Debe quedar claro para ellos que el matrimonio fuera de la iglesia no es un sacramento y no es un vínculo sagrado, y que impide a la pareja la integración en la vida sacramental de la Iglesia”.

Metropolitano Iosif, patriarca de Rumanía

  • “La familia conyugal, como la familia o la comunidad monástica, se rigen por los mismos principios: la castidad (consagración de la sexualidad), la obediencia (a Cristo y entre sí en una jerarquía de servicios), la pobreza (puesta en común de los bienes de propiedad)”.
  • “La familia, hacia el exterior tiene una dimensión doble: a) la dimensión social; la caridad, la hospitalidad y el testimonio de la fe y el amor en la Ciudad; b) la dimensión ecológica, hoy en día, es necesario precisarlo (respeto por las criaturas y la creación, transformación de las criaturas por la agricultura, como alimentación dictada por los cánones de la Tradición), una dimensión eucarística.

Reverendo A. Roy Medley, secretario general de las Iglesias Baptistas Americanas, delegado fraterno de la Alianza Baptista Mundial

  • “No hay familia perfecta ni matrimonio perfecto. En nuestro mundo roto, las familias no son solo una fuente de gran bendición, también pueden ser una fuente de gran daño como cuando un padre molesta a sus hijas, o los hermanos y hermanas se pelean por la herencia. Esta es la realidad pastoral: las familias tienen sus bendiciones y sus disfunciones. En medio de esas experiencias las personas anhelan misericordia“.

Metropolitano Stephanos de Tallinn y de toda Estonia, representante de de SS Bartolomé, patriarca ecuménico de Constantinopla

  • “Nuestra primera tarea es la evangelización. Se debería –si es posible y sin coacción, tanto menos disimulada– hacer que las mujeres y hombres de hoy sientan que no son huérfanos, que Jesús los acoge, que ama a todos como lo son para darles coherencia y responsabilidad, como amaba a esas mujeres ‘perdidas’ que eran la Samaritana y la Prostituta”.
  • “Dirigirnos a nuestros contemporáneos con un lenguaje de juicio acerca de la sexualidad desde la perspectiva de lo permitido y lo prohibido, mientras que en muchos casos no saben muy bien si realmente creen en Dios, es absurdo. Esto puede alejarles por mucho tiempo de Dios, de Cristo, y de la Iglesia”.
  • “Solo si encontramos la palabra conveniente, para mostrar a las parejas la sacramentalidad del amor que les pertenece, podemos hacerles entender el significado de ‘sacramento del matrimonio’. Ciertamente, el verdadero amor puede ser un lugar privilegiado de evangelización”.

Tim Macquiban, director de la Oficina de los Metodistas Ecuménicos en Roma

  • “A veces este Sínodo se ha centrado en una forma familiar de padres e hijos, como se define a través del matrimonio sacramental y su vocación, olvidando que muchas personas experimentan diferentes formas de familia por los diversos contextos y culturas. A pesar de que con razón celebramos la alegría de la nueva vida y la centralidad de la vida matrimonial y familiar (como se define tradicionalmente), aquellos que son solteros, con o sin hijos, o en matrimonios civiles o que conviven, e incluso aquellos dentro de matrimonios celebrados en la iglesia y sin hijos, pueden sentirse fácilmente excluidos“.
  • “La Iglesia tiene el desafío de aceptar que se puede (aunque no intencionalmente) añadir estas dificultades dentro del Evangelio de la Familia”.

Obispo emérito Ndanganeni Petrus Phaswana, de la Iglesia Evangélica Luterana en Sudáfrica

  • “El gran compromiso entre católicos y luteranos es buscar la unidad cristiana a través del diálogo teológico conjunto y que estas discusiones teológicas apoyen a los cristianos individuales en los desafíos y las penas que deben enfrentar en su vida cotidiana”.

Reverendo Timothy Thorton, delegado anglicano

  • “Yo uso la palabra cuestiones, no problemas, no solo por eufemismo inglés e ironía, sino también porque, como se ha dicho por muchos de los padres sinodales, la primera parte del Instrumentum laboris está demasiado centrada en los aspectos negativos de la vida familiar. Hay mucha alegría en la familia y en la vida familiar, y mucho que celebrar”.

Robert K. Welsh, delegado fraterno de la Iglesia Cristiana, Discípulos de Cristo

  • “¿Cómo entendemos el matrimonio y la vida familiar hoy en día? ¿Qué podemos hacer para responder al creciente número de divorcios y el impacto en los niños de esas familias? Cuestiones urgentes para todos los cristianos y todas las sociedades, que representan grandes desafíos teológicos, prácticas y pastorales”.
  • “He tomado nota de que a lo largo de estos párrafos, los matrimonios mixtos solo se nombran en el contexto de la presentación de los problemas; por ejemplo, a nivel pastoral de la educación religiosa de los hijos y en la relación con la vida litúrgica. Mi esperanza es que este Sínodo también pueda identificar los ‘matrimonios mixtos’ en un contexto más positivo y esperanzador como ‘grandes oportunidades’ para dar testimonio del don de la unidad en el amor de Cristo y de Dios para todas las personas de Dios, especialmente para los matrimonios entre personas bautizadas como cristianos”.
  • “Mi esposa es católica; mi hija se ha convertido en Católica Romana a través de su matrimonio con un católico romano de toda la vida; y ahora tengo tres hermosos nietos, todos bautizados en la Iglesia Católica. Mi nieto mayor, Trace, de 14 años, con frecuencia sirve como monaguillo. Él, ama a la Iglesia, ama la Misa y sobre todo ayudar durante la celebración de la Eucaristía. Mi pena está en que, cuando asisto a misa con mi nieto, no se me permite participar en la Eucaristía. Es personal, y es doloroso, viniendo de mi formación como discípulo de Cristo y ecuménico de toda la vida, no solo la experiencia de ser excluido de mi propia familia personal, sino, también experimentar la exclusión de la familia de la Iglesia: una, santa, católica y apostólica que todos nosotros profesamos”.

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