Olimpíadas para agarrar impulso

Jean Pierre Wyssenbach

olimpiadasEn criollo se repite que para atrás, ni para agarrar impulso. Como este año en varias olimpíadas hemos ido para atrás, ahora nos proponemos que esto sea para agarrar impulso para el próximo curso.

En Punta de Mata participaron 699 alumnos, de una matrícula total de 2 mil 270 alumnos. Alcanzan el nivel olímpico de logro los alumnos con calificaciones de catorce sobre veinte o más. Este año hubo tres escuelas ganadoras. En los dos últimos años hubo una escuela en la que el número de clasificados subió de siete a trece, en otra de siete a veinticinco, y en otra de dos a diez. ¡Muchas felicitaciones!

El número total de clasificados subió de 71 a 74. Bajó el número de clasificados en castellano. Pero el número de clasificados en matemáticas subió de nueve a dieciséis. Una profesora logró que clasificaran en matemáticas siete alumnos de su salón. ¡Felicitaciones!

En Barrancas del Orinoco participaron 332 alumnos. Los clasificados subieron en 50 %. Una escuela subió su récord de clasificados de 11,42 % a 16,66 %. Pero quedamos por debajo del mejor de los años anteriores.

En Santa Bárbara participaron 275 alumnos de una matrícula total de 406 alumnos (las dos terceras partes del total). Una maestra batió el récord por salón, que el año pasado estaba en 10,52  % de clasificados y lo puso en 18 %. ¡Muchas felicitaciones! Una escuela que el año pasado había tenido un porcentaje de logro del 1,61 % subió al 4,38 %. ¡Felicitaciones! Otras en cambio bajaron su porcentaje de logro sobre la matrícula, por lo que no alcanzamos el número de clasificados olímpicos del año pasado.

En Uracoa participaron 93 alumnos de la Luis Beltrán Prieto Figueroa y 61 alumnos de la Chaimas. En total 154 de un universo de 226, o sea 68,14 %, más de las dos terceras partes. Se batió el porcentaje total de clasificados, que estaba en 4,66 % y se subió a 5,53 %. ¡Felicitaciones!  Todos los clasificados fueron en castellano. En la escuela Luis Beltrán Prieto Figueroa se batió el récord por salón.

De seiscientos alumnos habíamos tenido ochenta clasificados, en 2011; 111 en 2012 y 131 en 2013. Este año esperábamos 150 y fueron 78. Nos llevamos la gran decepción.

En Tunapuy (estado Sucre) participaron 305 alumnos de catorce escuelas. El año 2011 llegamos a 89 clasificados. En 2012 fueron 99. El año 2013 fueron 118. Y este año bajamos a 78. El resultado más bajo en cuatro años. Hubo una escuela que logró los mejores resultados de quinto y sexto grado en cuatro años, subiendo el porcentaje de logro de 4,54 % a 9,61 %. ¡El doble! En sexto grado lo subieron de 11,53 % a 13,63 %. Se llevaron una gran alegría al día siguiente, cuando les anunciamos los resultados.

En La Vega de Caracas clasificaron en las Olimpíadas de Educación Inicial 41 de 119 participantes. En Ciencias de la Naturaleza y Geografía, 231 clasificados de 600 participantes. En Historia 256 clasificados de 900 participantes. Y en castellano y matemáticas 736 clasificados de 2 mil 180 participantes. En total entregamos mil 090 diplomas entre  3 mil 487 participantes.

Para agarrar impulso

La primera explicación que se nos ocurre para lo sucedido en oriente este año es que los alumnos no están acostumbrados a evaluaciones. En la prueba escriben lo primero que se les ocurre. Les falta motivación al logro, a la superación. Nosotros, año tras año, apuntamos hasta las centésimas de superación. Pero ellos no participan de esa actitud.

Si en la olimpíada de matemáticas les damos sesenta minutos para resolver diez problemas, eso da un promedio de seis minutos por problema. Ahora pensamos proponer el problema diario. A las maestras amigas les vamos a pedir que todos los días les planteen un problema de matemáticas a sus alumnos. Que les den seis minutos para resolverlo. Que apunten en el pizarrón los nombres de los que lo van resolviendo correctamente. Y que al final totalicen el número de los nombres del pizarrón. Esa es la nota del salón. Y nos gustaría lograr despertar en los alumnos el deseo de superación diaria. A poner cada vez más alto el número de clasificados del salón. Un problema diario, con las emergencias, podrían ser cien problemas durante el curso. Podría ser una buena preparación para las olimpíadas.

Con las tablas en la cabeza

Vivimos una crítica muy fuerte contra la memoria. Está justificada la crítica del memorismo como los loros, que hablan sin entender lo que dicen. Pero hay que recuperar la valoración de la memoria. Es imprescindible en muchísimas cosas.

 En matemáticas, los que no quieren aprender la tabla de multiplicar no podrán dividir, usar la regla de tres, sacar el interés bancario, calcular áreas, etcétera. Nos proponemos lanzar la semana de las tablas, a ver si logramos que bastantes alumnos las aprendan. Podría ser la semana del 4 de noviembre, cuando en 1831 nuestro gran matemático Juan Manuel Cajigal inauguró en Caracas la primera academia militar de matemáticas.

Las escuelas de vacaciones

Este año 2014 tuvimos dos escuelas de vacaciones. Una en La Invasión de La Puente, en la escuela Batalla de los Godos. Y otra en La Gran Victoria, en la escuela Cacique Guanaguanai.

En la primera llevamos siete años repitiendo esta experiencia. El primer año solo nos vinieron quince alumnos, porque las maestras no creían en nosotros y no hicieron propaganda. El segundo año ya tuvimos cincuenta alumnos. Este año tuvimos 140 inscripciones. Luego no asistían todos. Pero si venían cien ya era una bonita cantidad.

En Cacique Guanaguanai era el tercer año que la hacíamos. Se nos inscribieron ochenta y a veces venían algo más de la mitad. A todos les regalábamos sus cuadernos y lápices, que nos los habían regalado de ofrendas en las misas de graduación de los liceos y escuelas de la parroquia. Hubo otra urbanización en la que algunos catequistas organizaron una tercera escuela de vacaciones.

Nuestras escuelas son para los alumnos con más necesidad. Teníamos alumnos que terminaron el sexto grado sin saber la tabla de multiplicar. Otros estaban peor y llegaron a sexto grado sin saber leer y escribir. Algunos le llaman inclusión a pasarlos de grado sin que estén preparados.

Los problemas de los alumnos no eran solo académicos, sino muchas veces familiares. El cariño que nos tenían facilitaba la comunicación, para poder enfrentar algunos de esos problemas.

Un sábado vinieron de una comunidad cristiana vecina y nos trajeron un castillo inflable, sándwiches, refrescos, morrales, material educativo. Los alumnos gozaron muchísimo. Al final los voluntarios pidieron permiso para entrar al castillo inflable.

En La Invasión de La Puente trabajaron veinte voluntarios y en La Gran Victoria diez. El martes siguiente hemos tenido la evaluación. Se ha hablado de mejorar las inscripciones y planificaciones. Una voluntaria que vino todos los días desde una población cercana ya ha decidido organizar otra escuela de vacaciones en su pueblo. Hemos decidido seguir con nuestro programa los primeros sábados de mes en la escuela de La Invasión, tal como lo hicimos este curso pasado.

Claro que esto es una gota de agua. Pero si lo hiciéramos en todos los barrios de Venezuela sería una inundación.

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