Las sombras de los niños warao

Minerva Vitti

Mujer warao en La Mora (Delta Amacuro)_Carlos MurgaEl niño lloraba pero no salía ni una sola lágrima de sus ojos hundidos que miraban al vacío. Su cuerpo flojo era sostenido por su madre para mantenerlo erguido en sus piernas. En la piel, sobreinfectada con bacterias y hongos, tenía manchas blancas. El cabello había perdido el brillo y ahora parecía simplemente paja. La deshidratación y desnutrición estaban haciendo estragos. Al lado estaba otro niño tendido en el suelo, en un sueño tan profundo que ni siquiera la vibración de los palos del janoko (vivienda tradicional de los warao) o las voces de los visitantes que llegaron a Jobure lo sacaron de su letargo. Junto a él un fogón con una olla donde estaban hirviendo ocumo chino, y alrededor otros waraitos que jugaban, reían o se lanzaban al río.

“Yo me acuerdo cuando yo tenía como doce años, aquí murieron veinte muchachos con diarrea y vómito”, rememora Silvio Rico, wisidatu (dueño del dolor) de San Francisco de Guayo, que ahora tiene 73 años de vida. Y es que las poblaciones warao del bajo delta tienen uno de los mayores índices de mortalidad infantil. Uno de cada tres de sus niños mueren antes de los cinco años por enfermedades evitables y curables. De hecho varios antropólogos han reportado que las mujeres warao esperan que la mitad de sus niños mueran durante su vida.

A finales de 2013 fue publicado el estudio “Low child survival index in a multi-dimensionally poor amerindian population in Venezuela” en la revista Plos One[1]. La investigación estuvo a cargo de Julián Villalba, médico que realizó su rural en San Francisco de Guayo –una comunidad ubicada en el municipio Antonio Díaz del estado Delta Amacuro–en conjunto con otros investigadores del Laboratorio de Tuberculosis del Instituto de Biomedicina, y la Escuela de Medicina José María Vargas de la UCV, el departamento de Pediatría del Hospital de Niños J.M de los Ríos, y del Laboratorio de Genética Molecular del IVIC. El objetivo del estudio era: 1) determinar el índice de sobrevivencia infantil; 2) determinar las causas de la mortalidad infantil; y 3) evaluar la situación socio-demográfica y los factores asociados a la mortalidad infantil.

Se entrevistó a 688 mujeres que reportaron haber tenido 3 mil 937 hijos, un promedio de 5,7 hijos por mujer. Las 688 mujeres pertenecían a 97 comunidades en siete diferentes subregiones del Delta del Orinoco, y los datos recogidos incluyeron características sociodemográficas y la historia reproductiva de cada mujer encuestada.

De estos, 2 mil 692 (68,4 %) seguían vivos y mil 245 (31,6 %) habían muerto por diversas causas, el 97,3 % antes de llegar a los 5 años. El índice de sobrevivencia de los niños fue 73,8 %. De las muertes infantiles, mil 245, el 97,3 %, eran menores de cinco años de edad y más de la mitad, 56,3 %, de todas las muertes eran varones.

Las mujeres entrevistadas reportaron un total de 196 mortinatos (0,28 / mujer), que se traduce en 1 por cada 20,1 nacidos vivos, aproximadamente cinco veces más que en la población general venezolana[2]. La gama de niños muertos por cada madre era 0-15, y la gama de los niños todavía vivos por madre era 0-12.

Las enfermedades infecciosas fueron responsables de 85 % de las muertes; con diarrea 63 %; e infecciones agudas del tracto respiratorio y neumonía 18 %. La determinación de la causa de la muerte se basó en la información proporcionada por madres entrevistadas y los certificados de defunción, raramente disponibles.

Tabla 1: Distribución de la muestra y el índice de sobrevivencia infantil en diferentes subregiones del delta del Orinoco

tabla mortalidad infantil

 

 

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del estudio “Low child survival index in a multi-dimensionally poor amerindian population in Venezuela”

Mueren de sojo

El agua de los caños que generalmente consumen los warao está infectada de heces humanas y animales, por eso la mortalidad infantil está asociada con la diarrea que, junto con los vómitos, son las enfermedades que más impactan al warao debido a la forma en que la complexión del cuerpo se consume. Las deposiciones de heces blandas son tan comunes entre los warao que el término para una evacuación normal kimi, ha sido reemplazado en el habla común por la palabra sojo (diarrea). Las enfermedades dermatológicas representan más morbilidad que mortalidad. Sin embargo, las molestias que algunas de ellas provocan entre los infectados: dolor, picazón, inhibición del sueño, etcétera, crean una considerable tensión debido a la frustración de no poder llevar a cabo las actividades cotidianas de forma eficiente[3].

Otros datos de la investigación apuntaron a las condiciones de salubridad y servicios en las comunidades que dan cuenta de lo anterior: las plantas de tratamiento de agua solo están presentes en 8 % de las comunidades, y el 43,5 % de las mujeres recogen y beben agua directamente del río sin tratamiento previo, mientras que el 37,4 % recoge el agua de lluvia cuando está disponible. Solo un pequeño porcentaje consume agua de grifos comunales, 16,3 %; grifos domésticos, 1,9 %; o agua mineral, 1,3 %. Ninguna de las 97 comunidades tenía sistema de alcantarillado. La mayoría de las mujeres (83,7 %) no tenía área designada como baño y un porcentaje similar (84,7 %) defecaba al aire libre. Las mujeres suelen dejar caer basura en el suelo (71,9 %) o en el río (23,3 %), y solo un 3,9 % practica la quema de basura. La mayoría de las comunidades no tenía las plantas de energía de combustibles fósiles (76 %). No había médico en el 93 % de las comunidades y el 85 % carecía de un centro de atención médica primaria.

Pero en este informe también se reseñó una investigación previa[4], realizada entre 1990 y 1993, que indicaba que la tasa de mortalidad por año en la población warao era de doce por cada mil habitantes, mucho más alta que la tasa de mortalidad de cinco por cada mil habitantes para la población venezolana en general durante el mismo período. Aquella encuesta reveló que las enfermedades infecciosas, principalmente gastroenteritis y la tuberculosis, fueron las causas más comunes de muerte (46,5 %). Otras enfermedades respiratorias, representaron el 8,2 % de las muertes, y 2,8 % de estas se asociaron con el parto. El informe también señaló que en 60 % de las muertes, los individuos no recibieron atención médica por la causa de la muerte durante el precedente de seis meses.

Por su parte, los antropólogos Ayala y Wilbert reportan que en otra encuesta que se llevó a cabo entre doscientas madres, representantes de dos generaciones, se determinó que dieron a luz un total de 2 mil 400 hijos, de los cuales 930 (38,75 %) fallecieron a causa de enfermedades. De estos, 726 (78 %) fallecieron antes de los cuatro años y 204 (22 %) no llegaron a la adolescencia. Las enfermedades febriles son consideradas como una causa principal de morbilidad y mortalidad entre los grupos más susceptibles. Mientras los niños mueren de agotamiento y hambre, los adultos son considerados menos delicados, aunque las mujeres embarazadas, a veces, cuando tienen fiebre, llegan a abortar[5].

Un reporte de la ONU señala que las enfermedades que matan a más niños en el mundo son la neumonía, la diarrea y las complicaciones al nacer. Angola, país que tiene la tasa más alta de mortalidad infantil en el mundo (167 muertos por cada mil nacimientos), tiene 84 veces más probabilidades de morir antes de su quinto cumpleaños que un niño nacido en Luxemburgo, que tiene la tasa más baja (dos muertes)[6].

Las almas de los niños warao

En la primera imagen hay un niño acostado en una camilla, debajo de su cuerpo hay un líquido verde pastoso: diarrea. El doctor desliza el dedo sobre la pantalla de su celular y aparece otra foto de un niño lleno de manchas blancas de distintos tamaños, una especie de hongo que algunas personas llaman empeine. Y en el último retrato, otro más con un carcinoma. Todos han sido pacientes que llegan al hospital Hermana Isabel López en San Francisco de Guayo, una comunidad a ocho horas de navegación de Tucupita, capital del estado Delta Amacuro.

“Nosotros vimos muertos once niños en dos meses, por diarrea, vómito y fiebre. Un niño se había muerto ese día cuando yo llegué”, dijo la diputada indígena Dalia Herminia Yánez en una entrevista realizada en 2013. Todos lo saben desde hace tiempo, pero no se ha procurado un enfoque integral para mejorar la sobrevivencia de los niños y en general el derecho a la salud indígena de estos pueblos.

En estos contextos hay que ir en busca de las personas en lugar de esperar que ellas acudan a los establecimientos de salud, tomando en cuenta lo distantes que quedan estos lugares de los hospitales y ambulatorios. Se necesitan lanchas con motores fuera de borda, combustible, medicinas, electricidad en los centros de salud y hasta agua potable. Se necesita que el Ministerio del Poder Popular para la Salud, a través de la Dirección Regional de Salud de Delta Amacuro y la Dirección de Salud Indígena, asuma su responsabilidad; y que el Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas justifique su existencia. Alrededor de los indígenas hay mucha desidia.

Los warao sostienen que los dioses cardinales destruyen las almas de los niños, específicamente cuando estos mueren de alguna dolencia donde esté implicado cualquier tipo de sangramiento. Las almas de los niños que fallecen por otras causas en las que no han intervenido los jebu (espíritus malos), se quedan en la tierra vagando por los bosques y aldeas en forma de sombras[7]. Otras causas. Diarreas, neumonía y enfermedades del tracto respiratorio. Todas prevenibles, todas curables. Es así como tanta belleza natural está salpicada de muerte porque las sombras de los niños warao hacen parte del paisaje, porque estos ven su vida diluirse en una diarrea.

Referencias

[1]Villalba JA, Liu Y, Alvarez MK, Calderon L, Canache M, Cardenas G, Del Nogal B, Takiff HE, De Waard JH. Low child survival index in a multi-dimensionally poor Amerindian population in Venezuela. PLoS One. 2013: 31; 8(12):e85638. http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0085638

[2] Country stillbirth rates per 1000 total births for 2009: http://www.who.int/pmnch/media/news/2011/stillbirths_countryrates.pdf

[3] WILBERT, Werner y AYALA LAFEÉ-WILBERT, Cecilia (2007): Salud indígena en Venezuela. Volumen II. Ediciones de la Dirección de Salud Indígena, Ministerio del Poder Popular para la Salud.

[4] DOMÉNICO, C. (1998): Informe Warao CVP-Fundación Zumaque. Primicia. 14: 32-38.

[5] WILBERT, Werner y AYALA LAFEÉ-WILBERT, Cecilia (2007): Salud indígena en Venezuela. Ob. cit.

[6] http://www.entornointeligente.com/articulo/3506947/La-mortalidad-infantil-en-el-mundo-cayo-a-casi-la-mitad-desde-1990-16092014

[7] WILBERT, Werner y AYALA LAFEÉ-WILBERT, Cecilia (2007): Salud indígena en Venezuela. Ob.cit.

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Acerca del autor

Periodista [UCAB]. Jefa de redacción de la Revista SIC.