La narrativa final

Wooldy Edson Louidor

espacinsular.- El pasado 2 de marzo de 2015, hace cuatros meses aproximadamente, lancé mi Columna “Narrativas de hospitalidad y desarraigo” en el renovado sitio web de la agencia de información dominicano-haitiana “Espacio de Comunicación Insular” .EDSON

espacinsular.- La Columna fue presentada como un espacio de reflexión académica y social desde el periodismo alternativo. ¡Interesante mezcla que ha marcado, desde hace más de una década, mi escritura en Francés, en Español y en Creole haitiano! Mi paso sucesivo por el periodismo, las organizaciones de la sociedad civil y la academia no ha alterado para nada este estilo mestizo y ecléctico.

He disfrutado de cada artículo, y de cada palabra y signo de puntuación que tejen las frases de mi Columna. He saboreado las ideas, las preguntas y los problemas planteados allí. La Columna ha sido, para mí, un escenario de gozo total para dar libre curso a la pasión por la escritura y al “placer del texto”, como diría Roland Barthes. Para dar vuelo al gusto de dejarme atrapar en los tejidos textuales. La escritura es un asunto de seducción. El texto es un lienzo encantador. Las narrativas embrujan.

Además, me ha apasionado este estilo peculiar de la Columna que oscila en el intersticio entre la academia, el compromiso social y el ejercicio periodístico. Como resultado, los artículos eran a veces largos; otras veces, cortos; pero siempre articulados en torno a un tema profundo y de gran calado para nuestra historia latinoamericana.

De hecho, la Columna se ha propuesto alimentar, mediante la publicación semanal de un artículo, la reflexión de nuestros lectores latinoamericanos sobre la migración, la etnicidad, la discriminación, el racismo, la alteridad, la diversidad, la hospitalidad, el desarraigo y un plexo de temas afines. Ha sido una Columna “temática”, “analítica” y “reflexiva”. En fin… un pretexto para provocar, convocar, evocar, hacer preguntas, generar dudas e inquietudes, cuestionar. Un “pre-texto” perfecto para iniciar diálogos, tender puentes, construir puntos de intersección, tejer complicidades, entrecruzar miradas.

Lo confieso: he sido muy feliz desbrozando los temas arriba mencionados desde distintos ángulos, articulando pistas de reflexión y pautas de acción, interpelando la razón y el afecto. Para ello, me han servido la literatura, la sociología, la filosofía y varias otras disciplinas de las ciencias sociales.

Mi Columna ha sido un espacio que ha gozado de buena acogida no sólo en República Dominicana (en Espacio de Comunicación Insular), sino también en México, en Venezuela, en Colombia, en Ecuador, entre otros países de la región de donde me han llegado comentarios muy cariñosos. Se ha convertido en la casa de varios lectores desconocidos y de tantos y tantos amigos con quienes sigo manteniendo vínculos, desde lejos. Ha sido un puente de encuentros y reencuentros.

Aprovecho la ocasión para enviar mi más sincero agradecimiento al medio de comunicación dominico-haitiano “Espacio de Comunicación Insular” que ha acogido la Columna, así como a los Jesuitas de Venezuela, a los colegas periodistas de la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI) basada en Ecuador, a los amigos de la Agencia de Información Fray Tito de América Latina (ADITAL) radicada en Brasil y a los compañeros y compañeras de mi semillero de investigación y de mi Departamento de Filosofía e Historia del Derecho en la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ) en Colombia. Todos ellos han hecho suya la Columna y han divulgado los artículos entre sus conocidos y en sus redes sociales.

Pero lo más importante: esta Columna me ha permitido compartir una pasión y despertar el interés de colegas investigadores y estudiantes para investigar temas y preguntas, pertinentes para nuestra región. Para convertir en objetos de investigación problemas sociales que encontramos a diario, lágrimas que derramamos en muchas situaciones dolorosas y utopías que soñamos en secreto. Definitivamente, la Columna ha prendido fuegos.

Sin embargo, como cantaba el salsero puertorriqueño Héctor Lavoe, “todo tiene su final”. Las narrativas de hospitalidad y desarraigo también tienen su final, pero con la gran diferencia de que poseen la virtud de introducirnos para siempre en un cuento y en un relato. El cuento de un mundo a la vez fracturado y en espera de ser humanizado. El relato de vidas desarraigadas y con necesidad de hospitalidad. Pero, la última palabra, la tienen quienes escuchan estas narrativas que son como un libro abierto y siempre inconcluso. Relatos que nos religan. Textos que nos atrapan en su telar.

Durante los cuatro meses en que se han hilvanado voluptuosamente esas narrativas, he tratado de relatar historias olvidadas. Plantear preguntas “molestas”. Cuestionar estereotipos. Dudar de certezas bien arraigadas. Interpelar a las conciencias sosegadas. Desafiar la desesperanza. Retar la irracionalidad. Llamar a la acción a favor de un mundo y una región más humanos y justos.

A través del desarraigo y de la hospitalidad he tematizado a la vez mis preocupaciones y mis utopías. He nombrado sociológicamente a un conjunto de identidades, subjetividades, alteridades y condiciones histórico-estructurales que marcaron el nacimiento de América Latina y el caminar de unos grupos sociales específicos tales como los indígenas, los negros y los campesinos.

También he plasmado mi propuesta ético-jurídica, orientada a humanizar el mundo y la globalización, por medio de la acogida incondicional de los extranjeros y lo extraño, de la facilitación de los encuentros entre culturas, de la apertura a lo otro diferente y de la necesidad de convertir el  globo en un ethos común. En la casa de todos, donde quepamos los diversos que somos. En un hogar que pertenezca a todos, independientemente del territorio concreto en donde cada uno haya nacido.

La Columna ha trazado geografías de pobreza, exclusión, marginalización, pero ha dibujado estelas de esperanzas y horizontes de luchas. Ha criticado contextos de injusticias contra grupos desarraigados y contra los modos históricos de construir sociedades en la región, fundamentados todos en la exclusión. También se ha atrevido a soñar con  una América Latina y un mundo hospitalarios, donde las leyes y las políticas migratorias se basen en la acogida, el respeto a la diversidad y la cultura de la convivencia.

Ha planteado debates académicos y preguntas de investigación en filosofía, en derecho y en ciencias sociales. Ha articulado nuevos estilos de hacer periodismo, investigación, nuevos modos de ser latinoamericanos, caribeños  y humanos en general.

Ha convocado a reflexionar, pensar, analizar, pero ha invitado sobre todo a los lectores a celebrar, bailar, danzar, así como lo vienen haciendo los negros y los indígenas desarraigados. Ha evidenciado cómo el desarraigo se danza y cómo la hospitalidad es un caminar utópico, a la vez alegre y bajo un cielo encantador.

Hoy cierro mi Columna, esperando abrir pronto otro espacio de escritura, igual de fluida, pero con artículos mucho más frescos, poéticos, cortos y, sobre todo, que puedan seguir alimentando una reflexión de alcance latinoamericano sobre temas invisibilizados.

Queridos lectores: gracias por haberme permitido entrar a sus casas cada semana. No es un adiós, es un simple “hasta luego”. Hoy la Columna se ha desarraigado de sus lecturas, pero nos volveremos a encontrar hospitalariamente en otra Columna con sabor a América Latina.

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