Informe sobre la XIII Asamblea de la CONVER

Angel Villasmil

logo_converLa XIII Asamblea de la Conferencia de Religiosas y Religiosos de Venezuela (CONVER) se llevó a cabo de los días 4 al 7 de mayo, en la Casa de Ejercicios “Madre Emilia”, de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía, en Montalbán – Caracas. En esta reunión se dieron cita las superioras y superiores mayores de los distintos Institutos de vida consagrada que hacen vida en el país. Los superiores que no pudieron participar enviaron sus delegados, con derecho a voz pero no a voto, conforme a lo establecido en los Estatutos de la CONVER. También participaron los delegados regionales de la CONVER en el país. El lema de este encuentro fue Escuchemos a Dios donde la vida clama; una vida consagrada nueva que sea encarnación del Evangelio, Profecía y Esperanza y en continuidad con el icono de Betania como casa de acogida y de encuentro, de acuerdo con el tema asumido por la Conferencia de Religiosos de América Latina (CLAR).

Quienes estén interesado en los pormenores del desarrollo de la Asamblea en sus aspectos puntuales, puede seguir la “crónica” que adjunto a este mensaje. Aquí sólo recogeré los aspectos más importantes, a modo de conclusión.

1. Desde una reflexión centrada en la profecía

El tema dominante, aunque no exclusivo, de la Asamblea fue la profecía. Se trató de una reflexión comunitaria, personal y grupal, desde la que se intentó dar respuestas concretas al tema de la profecía en general y de la vida religiosa en particular. Los ponentes del tema fueron los Padres Pedro Trigo, S. I. y Carlos Caamaño, S.C.J, la Hermana Alphonsine Kitumua y Monseñor José Rodríguez Carballo, ex Ministro General de la Orden de Frailes Menores (franciscanos) y actual secretario de la Congregación para los Religiosos.

La diversidad de los ponentes hizo posible la diversidad de la reflexión en torno a la profecía. Pero en el tono de la reflexión se notó evolución y madurez en torno a los contenidos iniciales de la teología de la liberación sobre el tema de la profecía. La realidad del país –marcada por la polarización, la violencia y el desencuentro- hizo posible, además, que la profecía se asumiera como una expresión concreta de la filiación y de la fraternidad que busca la reconciliación y el encuentro con el otro, en sus diferencias y en su diversidad. Sólo desde la experiencia de la filiación –asumirnos como hijos de Dios en el Hijo Jesús- es posible la fraternidad como camino que exige la reconciliación y la paz.

Como fruto de esta perspectiva de reflexión de la profecía, las superioras y superiores mayores de las distintas Órdenes y Congregaciones religiosas decidimos suscribir un comunicado a la opinión pública. En este comunicado nos hacemos eco de la difícil situación que atraviesa nuestro país, una situación caracterizada por la violencia en todas sus manifestaciones y exhortamos a todos los que vivimos en Venezuela a asumir el compromiso por la reconciliación y la paz. Nos cuidamos mucho de que este comunicado tuviera tintes políticos e ideológicos, aun reconociendo que la situación de violencia que vive el país es originada por estos factores. Pero reconocimos que nuestra misión en el acompañamiento del pueblo debe ser procurar el encuentro, la reconciliación y la paz, por lo cual decidimos no situarnos en ninguno de los bandos en pugna. Nuestro manifiesto se hizo desde el Evangelio y desde la conciencia de país, en el que todos cabemos, independientemente de nuestras diferencias.

2. Desde el acompañamiento al pueblo pobre y empobrecido

La vida religiosa en América Latina en general y en Venezuela en particular, sigue estando presente en sectores populares y situados a los márgenes de la sociedad establecida. Si bien es verdad que la presencia de los religiosos en Venezuela impregna todos los estratos de la sociedad, los religiosos seguimos moviéndonos en la convicción de que son los menos favorecidos los que deben ser acompañados desde nuestra misión. Desde este horizonte, la vida religiosa se sigue situando en las principales barriadas del país, así como en medio de los pueblos indígenas y de las minorías históricamente excluidas en la sociedad. Así como ha habido una madurez notable en la reflexión teológica que inicialmente originó este movimiento en la vida religiosa en América Latina y Venezuela, también ha habido un proceso de madurez en la forma de acompañar al pueblo desde nuestra misión en estos sectores.

Hay dos experiencias que son dignas de especial mención en este sentido. La primera es la Casa de Acogida. Se trata de una experiencia intecongregacional que tiene como finalidad la acogida de personas en situación de calle, con la decidida intención de hacer todo lo posible por lograr su sana reinserción en la sociedad. Esta experiencia intercongracional tiene lugar en El Valle, Caracas, y actualmente cuenta con la participación de una religiosa compasionista y una religiosa de las hermanitas de los pobres de Maiquetía. También cuenta con la participación activa y comprometida de una seglar de los Sacerdotes del Corazón de Jesús. En la Asamblea se vio la necesidad de fortalecer esta experiencia desde las demás Congregaciones religiosas, con una participación que no necesariamente exige una dedicación exclusiva. Todos sabemos y asumimos que uno de los problemas más urgente de la vida religiosa en Venezuela es la falta de religiosas y religiosos para sostener las tareas que emprendimos en un tiempo en el que éramos suficientes. Sin embargo, la Casa de Acogida es una experiencia en la que es posible dedicar unas horas, un día, unos días, unos meses… Todo depende de la disponibilidad de cada Congregación y de cada religiosa o religioso. Lo importante es asumir esta obra como una obra de la vida religiosa en Venezuela.

La segunda experiencia que se destacó en el marco de la Asamblea fue la obra que realizan las Misioneras de la Acción Parroquial en la Vicaría El Nazareno, en el sector La Pradera, en La Vega. Se trata de una experiencia que viene desarrollando desde hace más de veinte años en uno de los sectores más altos de La Vega, con la colaboración de los Padres de la Compañía de Jesús. En este sentido se puede decir que también se trata de una obra intercongregacional. Las hermanas y los hermanos que realizan su misión en esta obra vienen desarrollando distintos programas de educación, de formación y de evangelización que buscan fortalecer la conciencia de dignidad de las personas que viven en ese sector. Las obras son modestas en sí mismas, pero no dejan de ser grandiosas si nos detenemos a considerar el interminable número de carencias de un pueblo que no sólo vive geográficamente en la periferia, sino que está inmerso en la situación de violencia que vive el país. Las hermanas que viven en esa misión no viven como ricas en medio de los pobres. Ellas viven como la gente que vive en el sector, pero las anima la fe y la conciencia de la dignidad inalienable del ser humano.

3. Desde la intercongregacionalidad y desde la revalorización de los laicos

Las religiosas y religiosos de Venezuela vivimos un período de reestructuración. Reestructuración es una palabra a la que todos tenemos miedo y a la que todos miramos con recelo, pero que repentinamente ha aparecido en nuestras conciencias y en nuestros proyectos de vida como un imperativo ante la evidente falta de religiosas y religiosos para seguir sosteniendo nuestras obras. O no reestructuramos o morimos. Ese parece el desafío que se presenta a nuestros ojos. Las religiosas y los religiosos de Venezuela asumimos el reto de la reestructuración, pero no sólo desde el cierre definitivo de nuestras obras o desde la manutención de las mismas a media marcha. Más bien hemos visto en la experiencia de la intercongregacionalidad y en la revalorización del papel de los laicos en nuestra misión como uno de los mecanismos que nos garantizan no sólo la continuidad de nuestras obras, sino la posibilidad de seguir ejerciendo la misión.

Es evidente que si la palabra reestrucuturación nos produce temores y sospechas, es evidente que la intercongregacionalidad y la toma de conciencia del papel de los laicos en nuestra misión podrían acrecentar esos temores y esas sospechas. Nos falta disponibilidad, audacia y valentía para aceptar que quizá no tendremos los mismos ámbitos de influencia y el mismo poder en la toma de decisiones, pero habremos ganado en libertad y disponibilidad para el ejercicio de la misión. Sobre todo en las labores de dirección de nuestros centros educativos, las religiosas y los religiosos hemos de tener capacidad de confianza en aquellos seglares que pueden colaborar con nosotros en la obra de la evangelización. No se trata simplemente de tener buenos gerentes y fieles administradores. Se trata de tener conciencia de la necesidad de ser ayudados por laicos que asuman la educación como una plataforma de evangelización y de misión.

En una u otra medida esta experiencia se viene viviendo ya al interno de muchas Congregaciones religiosas. La misma Casa de Acogida y la Vicaría El Nazareno, en La Pradera, lo demuestran así. Pero debemos superar nuestros miedos y asumir la fortaleza del Espíritu para darnos cuenta que el momento coyuntural que vive la vida religiosa exige de nosotros la audacia de nuevas formas, de nuevos estilos y de nuevas experiencias que den lugar a nuevas expresiones de evangelización.

Pero la intercongregacionalidad debe ir más allá. Las religiosas y religiosos de Venezuela estamos llamados a fortalecer nuestros encuentros y nuestros intercambios. Por eso es por lo que valoramos la labor que viene realizando la CONVER desde las distintas comisiones, al tiempo que cada religiosa y cada religioso debe ser consciente de la necesidad de vivir esta comunión y fraternidad intercongregacional como experiencias del Espíritu Santo en nosotros. El ITER y el CER nos muestran que sí es posible vivir espacios de intercongregacionalidad en la que todos podemos ser fortalecidos en la particularidad de nuestros carismas.

4. Desde la conciencia de ser Iglesia

La reflexión de Monseñor Carballo dirigida a la Asamblea fue el fruto de su experiencia como maestro de novicios primero, como Ministro General después y ahora como secretario de la Congregación para los religiosos. Haberse desempeñado en estos frentes le dio, por un lado, un conocimiento experiencial de la vida religiosa y, por otro, una visión de conjunto de lo que la misma vida religiosa va siendo en toda la Iglesia, tanto en sus expresiones tradicionales como en sus nuevas expresiones. Desde esta experiencia personal y desde el magisterio del Papa Francisco –sobre todo en este año, año de la vida religiosa-, Monseñor Carballo hizo una radiografía universal de la vida religiosa y abordó aquellos temas que para nosotros tienen particular sensibilidad, de manera especial la formación, el gobierno y los problemas que hoy impiden la renovación de la vida religiosa.

Las religiosas y los religiosos estamos llamados a vivir nuestra consagración como una expresión de la vida de la Iglesia y, de manera especial, a ser testigos de su vida y de su santidad, a través de nuestra propia vida y del ejercicio de nuestra misión. Nuestros fundadores recibieron cada carisma para ser vivido en bien de la Iglesia y para mejor servir el reino de Dios. Esta conciencia eclesial debe constituir para nosotros un impulso que nos lleve no sólo a la reestruturación de nuestras instituciones, sino a la renovación tanto de nosotros mismos como de las Congregaciones a las que pertenecemos. Sólo una auténtica renovación constituye un garante para que nuestra

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