Guerra de inusitadas presiones en el TPP

Alejandro Villamar (ALAI)

Acciones en contra del TPP

El TTP pasa por momentos críticos. Aunque siempre la avalancha de propaganda de falso optimismo gubernamental y trasnacional ha buscado invisibilizar la batalla social de presiones políticas, los diques de contención se han roto.

Siendo el TPP (acuerdo Trans-Pacífico) un proyecto promovido por los intereses del capital trasnacional, es natural la resistencia manifestada por sindicatos y organizaciones sociales, pero no así, la inusitada protesta e incluso amenaza de poderosos grupos empresariales trasnacionalizados del área del TLCAN.

De manera destacada, los sindicatos de Canadá, EEUU y México del sector automotriz y autopartes, han protestado por la amenaza de mayores pérdidas de empleos directos y en empresas conexas por la pretensión de rebajar la cantidad mínima de materiales originados en la región y facilitar el tsunami de importaciones de otros países.

A la par, las asociaciones empresariales de manufactura de autos y autopartes de los mismos tres países, con similares preocupación a los sindicatos, han levantado la voz y han buscado el respaldo de poderosos legisladores de EEUU y Canadá, conscientes del actual favorable clima pre-electoral.[1]

Y ante el fundamentalismo ideológico y la sordera al reclamo social que caracterizan a los negociadores gubernamentales y sus asesores trasnacionales, que insisten en mantener sus posturas en aras de alcanzar el final del acuerdo[2], nuevas y poderosas voces corporativas les han salido al paso.

Ya que a los tecnócratas les gusta tanto hablar de las “cadenas de valor”, el pasado 21 de septiembre los ministros de los tres países recibieron una carta suscrita por el Instituto Estadounidense de Hierro y Acero (AISI), la Asociación Canadiense de Productores Siderúrgicos (CSPA) y la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero (Canacero)[3]. El mensaje es simple: “Ha habido reportes de que un más bajo contenido de valor regional para automóviles y partes automotrices está bajo consideración en el TPP. Nuestros miembros se oponen fuertemente a ello”.

Un día después, las centrales sindicales del NAFTA entregan otra Carta a los discretísimos ministros de comercio instándoles a que más que preocuparse por terminar las negociaciones del TPP, deben

“rechazar la agenda comercial corporativa y en su lugar poner prioritariamente las vidas y el sustento de las familias trabajadoras de América del Norte”.[4]

La propuesta contenida en la Carta de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), del Congreso del Trabajo de Canadá, y de la Unión de Trabajadores de México (UNT), es que el TPP debe:

“Promover una solución al déficit de trabajo decente (término que de acuerdo con la OIT, incluye además de buen salario y condiciones laborales, la libertad de asociación y otros derechos fundamentales de los trabajadores, la seguridad social, la estabilidad laboral y el diálogo social) de una manera sostenible, reconstruir nuestras economías mediante el fortalecimiento del mercado interno, aumentando el poder adquisitivo de los trabajadores, y superar las asimetrías entre nuestros países a través de la distribución equitativa del trabajo productivo”. (Véase texto completo al final como Anexo)

Pese a las tradicionales promesas de negociadores neoliberales de que por ningún motivo se aceptará afectar los intereses de los trabajadores, como lo hizo explícitamente el Sr Ed Fast, ministro de comercio de Canadá, los miembros del mayor sindicato del sector privado de Canadá, los sindicalistas de FIOR (automotriz), decidieron actuar directamente por los flancos, pidiéndoles definición pública a los actuales candidatos conservadores (del actual gobierno en riesgo de cambio) sobre su posición ante el TPP[5].

Con anterioridad, los empresarios mexicanos sobrevivientes al TLCAN, como los del castigado y catatónico sector textil y de la confección, como los del azúcar, y lácteos, habían expresado a los medios de comunicación su preocupación por el curso de las negociaciones[6], pero varios de ellos, participando en el “cuarto de a lado” de las negociaciones, seguían confiando ingenua u oportunistamente en la posibilidad de que los negociadores mexicanos les apoyaran y salieran menos perjudicados.

Otros numerosos pequeños y medianos empresarios, agrupados en Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), han pedido al gobierno federal que “abra más su participación hacia los pequeños y medianos empresarios, porque son los que tienen mayor representatividad, y que el diálogo y los acuerdos no sólo se concentren en las compañías de mayor tamaño”[7].

Mientras otros, como la Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos (Amelaf), y la Asociación Mexicana de Fabricantes de Genéricos (Amegi), han rechazado el acuerdo de propiedad intelectual y las propuestas trasnacionales de patentes[8], en tanto que la industria digital en voz de la Asociación Mexicana de Internet (Amipci)[9], reclaman libertad de internet y rechazo a contra reformas a la Ley de Propiedad industrial a gusto del TPP.

Ambos sectores también han optado por construir alianzas de presión hemisférica con sus pares mundiales (La Alianza internacional de medicamentos genéricos) y redes civiles como Internet Society capítulo México, Artículo 19, la Electronic Frontier Foundation, y Registro de Direcciones de Internet de América Latina y el Caribe (LACNIC)[10], entre otras redes latinoamericanas.

Este cúmulo de presiones sociales, quizá ayude a entender porqué el inquilino de Casa Blanca llamó telefónicamente al Presidente de México, éste 23 de septiembre, e inmediatamente, de manera inusual, ambos hicieron público[11] que “Ellos discutieron la situación de las negociaciones del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica y la importancia de llevarlas a una rápida conclusión”.

Sin embargo, nada esta decidido, ni siquiera con los neoliberales trasnacionalizados en el poder en México. La incertidumbre esta sustentada en que, por un lado, la credibilidad del gobierno mexicano está por los suelos, dados los fracasos de las promesas de reformas estructurales, es muy difícil que el propio “gran” empresariado se trague una nueva evidente mentira de libre comercio, o que la mayoría del pueblo la respalde.

Pero, por otro lado, las protestas y presiones inusitadas, también provienen de organizaciones y empresarios que son integrantes de los “poderes fácticos”, que han sostenido y usufructuado hasta ahora la política económica dominante. Son empresario ubicados en sectores claves del modelo exportador. No en balde, el Embajador mexicano ante Canadá, en pleno ambiente electoral controvertido y de manera poco común declaró a la prensa de Canadá que “es una prioridad para México preservar el sector automotriz en las negociaciones del TPP.”[12] Así, estamos ante una situación donde oligarcas mexicanos coinciden con sus contrapartes de Canadá y EEUU en vislumbrar una amenaza a sus planes y fortunas con el curso actual del TPP.

Empresarios miembros de la infame lista Forbes, y poderosos dueños de exitosas empresas, ejes de sectores económicamente poderosos, como las autopartes, o comercializadoras (destacamos a A. Madero Bracho-RASSINI), de empresas acereras (A. Ancira Elizondo-AHMSA, Rufino Vigi Gpo-ICH), azucareras (J. Gallardo Turlow- Cultiba-Gpo Azucarero México) y lácteos (Eduardo Tricio Haro-Gpo Lala); varios de ellos ex presidentes o participes del grupo empresarial negociador del TLCAN y otros tratados. Esos opositores al actual curso de las negociaciones del TPP son destacados miembros del oligárquico Consejo de Hombres de Negocios, y del Directorio del poderosísimo Grupo Carso, encabezado por el multimillonario trasnacional Carlos Slim; todos ellos entrelazados en la red financiera los ha convertido en miembros del gobierno sombra de México.

Así como Obama ha perdido poder político para imponer el TPP, no sólo por desgaste en el ejercicio del poder, sino por la creciente hegemonía de otras fuerzas político-financieras y sociales, Peña Nieto y su operador Ildefonso Guajardo Villareal, guardando las proporciones, tienen que sopesar muy bien si continúan apostando al pasado o reconocen que a quien representan no les interesa perder lo ganado por un proyecto de mega-tlc que no los representa de manera satisfactoria.

Así, el TPP seguirá en la incertidumbre, pero la guerra continua y los pueblos deben aprovechar estas contradicciones, pero sobre todo, aumentar su oposición frontal a este modelo. Para los pueblos no se trata solo de cambiar aspectos o términos de la negociación; sino de abandonar un modelo dejado a las fuerzas del mercado, es decir a la ley del más fuerte. Como RMALC y más redes sociales han afirmado: el problema no es solo los términos de la negociación, sino el modelo mismo del libre comercio.

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