“El hundimiento de los partidos políticos…: el caso de COPEI”

Juan Carlos Rey reseña y comenta el libro de Dinorah Carnevali.

Dinorah CarnevaliUna crisis de un régimen político de magnitud y espectacularidad tales como la que sufrió la democracia representativa venezolana a finales del siglo XX, siempre se debe a una multitud de causas heterogéneas —políticas, económicas, sociales, etc.— que han interactuado entre sí  en forma muy compleja, y durante un considerable período de tiempo. Entre tales causas el comportamiento de los partidos políticos, tanto por su acción como por omisión, sin duda juega un papel relevante, principalmente en un país como Venezuela, en el que desde 1958 esas organizaciones —especialmente dos de ellas, AD y COPEI— han desempeñado un papel fundamental en la instauración y el mantenimiento de la democracia, para constituir un sistema político que durante años pudo ser un modelo para muchos países de América Latina. Pero aunque algunos politólogos, tanto  venezolanos  como extranjeros, han tratado de explicar las causas de esa crisis y el papel que  en ella han desempeñado los partidos políticos, hacía falta que tales estudios se apoyaran en análisis pormenorizados de  la actuación de partidos concretos durante periodos precisos.  Tal es la tarea que emprende y culmina con notable éxito  Dinorah Carnevali (arriba en la foto) en el libro que comento, con un análisis muy  detallado del “caso COPEI”, que sin duda es muy relevante para el estudio del “hundimiento de los partidos tradicionales venezolanos”, como dice en su título.

Libro Dinorah CarnevaliUna pequeña parte del libro, que sirve como su introducción,  está formada por dos breves capítulos,  El primero, bajo el título de “Marco teórico”, está dedicado a presentar una concisa síntesis de las aportaciones  de distintos autores, venezolanos y  extranjeros, que han tratado de explicar, con resultados disparejos, las diversas causas de la crisis de la democracia representativa venezolana y el papel que en ella han tenido los partidos políticos. Sin embargo, la fuente principal de la investigación del libro que comento, la constituyen las declaraciones, comentarios y entrevistas directas a los protagonistas de los sucesos,  así como los propios análisis de la autora, en su carácter de calificada observadora participante de muchos de los fenómenos estudiados. 

El capítulo segundo del libro trata del enfrentamiento entre Rafael Caldera y Luis Herrera, con motivo de la elección del candidato copeyano para las elecciones presidenciales de 1973, en la que Caldera impuso al hombre de su total confianza, que era su Ministro de Relaciones Interiores, Lorenzo Fernández, frente a Herrera. La autora considera este episodio como el antecedente más relevante del posterior enfrentamiento  generacional y la lucha interna por el poder que se va a producir en COPEI, a partir de 1987, entre Rafael Caldera y Eduardo Fernández.

Logo CopeiPor lo demás, el grueso del libro, que abarca sus cuatro quintas partes,  se concentra en analizar muy detalladamente las que, según la autora,  fueron las “causas internas” fundamentales que llevaron al hundimiento de COPEI como partido político, que ella sitúa en el periodo 1987-1998, pues considera que tal proceso comenzó en noviembre  de 1987, con motivo del III Congreso Presidencial  del partido, en el que la candidatura de Eduardo Fernández triunfó sobre la de Rafael Caldera, dando lugar a que éste “pasara a la reserva”, y posteriormente rompiera con COPEI para crear su propio partido, CONVERGENCIA,  con el fin de impulsar su candidatura presidencial  y ganar las elecciones siguientes.  Para Dinorah Carnevali dichas causas fundamentales fueron:  1) el conflicto generacional por la candidatura presidencial y por la dirección del partido, que si bien tenía antecedentes  que se remontaban a muchos años atrás, fue en el periodo antes indicado cuando se  profundizó y se agravó, dando lugar al trauma que supuso la primera división seria del partido, por obra de quien había sido su fundador y durante muchos años líder indiscutido del mismo;  2)  la debilidad institucional del partido  y la pérdida de su credibilidad, que también se ahondó durante esos años; y 3) un conjunto de medidas equívocas que finalmente tomó el partido, fruto de una política exclusivamente pragmático e inmediatista. 

Si bien hubo en COPEI importantes antecedentes del conflicto generacional que culminó en el periodo 1987-1998, ninguno de ellos provocó una crisis en el partido que afectara seriamente su integridad, ni sus posibilidades electorales futuras. Es oportuno recordar que en el caso del conflicto ideológico y la crisis política que se produjo en los años 60 en la Juventud Revolucionaria Copeyana, que la misma autora, Dinorah Carnevali,  analizó en su excelente libro anterior  “Araguatos, Avanzados y Astronautas”, en 1972,  la crisis se cerró con la expulsión de la minoría más radical, mientras el resto del partido, casi su totalidad,  se unió bajo la autoridad indiscutida de Rafael Caldera, para conseguir su triunfo en la elección presidencial de 1968.  

También en el caso del conflicto por la candidatura presidencial, en 1973, en el que Rafael Caldera impuso la candidatura de Lorenzo Fernández, frente a la de Luis Herrera, del que trata el capítulo segundo del libro que estamos comentando, el candidato perdedor y los que le apoyaban acataron la decisión que no les favorecía, y no cuestionaron la autoridad de Caldera.  Y aunque quien resultó ganador en esa confrontación, Lorenzo Fernández, perdió las elecciones presidenciales,  hay que recordar que el porcentajes de votos que en tal ocasión obtuvo como candidato copeyano fue superior al que había obtenido Caldera cuando ganó la presidencia, lo cual mostraba que el prestigio de COPEI no se había resentido seriamente por la confrontación.  Pero además, para las elecciones subsiguientes de 1978, el anterior perdedor, Luis Herrera, fue el candidato presidencial de COPEI, sin oposición interna, ganando la presidencia con el mayor porcentaje de votos (el 45,28%) que ese partido obtuvo en toda su historia.  (Sin embargo no se puede olvidar  que el gran deterioro posterior de este partido, tanto a nivel de la opinión pública como electoral, comenzó como consecuencia de la reacción contra el pésimo gobierno de este presidente) 

Rafael CalderaLa autora recuerda que, según decía el propio Caldera,  “el único que puede dividir a COPEI es Rafael Caldera”; y en efecto, así fue. Para la mayoría de los espectadores, la confrontación entre Caldera y sus antiguo “delfines” no se debió fundamentalmente a conflictos ideológicos sino a una lucha por el poder, que adquirió los visos de una tragedia griega, en la que la imagen de Caldera, frente a sus “delfines”, se asemejaba a  la de Saturno devorando a sus propios hijos, con el fin de que no le arrebataran el poder,  en tanto que los “delfines” se comportaron como parricidas edípicos , dispuestos a asesinar metafóricamente al padre, pues esto era necesario para poder desarrollar sus propias posibilidades de poder, como que le recomendó a Eduardo Fernández, desde   noviembre de 1986, su asesor alemán, Gerhard Elscher, de la democracia cristiana de aquel país europeo.  

En cuanto a la debilidad institucional del partido,  hay que recordar que durante los primeros veinte años de la democracia,  COPEI,  si bien fue un partido “segundón” —como así lo calificó el propio Rafael Caldera— fue la única alternativa real capaz de desplazar del poder a la poderosa Acción Democrática, como lo demostró el hecho de que en dos ocasiones consiguió hacerlo, y como tal atrajo a muchos jóvenes partidarios de la democracia representativa, pero que por diversas causas no se identificaban con AD. Pero el hecho de  que COPEI se hubiera “pragmatizado”, abandonando su ideología original, y que tanto en este aspecto, así  como en su práctica como gobierno se asemejara cada vez más a AD, incurriendo en el mismo de vicios que su partido rival,  hizo que quienes tenían una  vocación de tipo ideológico se sintieran defraudados, mientras que quienes eran predominantemente pragmáticos (en el sentido de que lo que más les atraía era el poder,) el hecho de que el partido permaneciera durante los tres periodos constitucionales seguidos sin acceder al gobierno, y sin ver posibilidades de recuperarlo,  también les alejó sin duda del partido. 

Caldera, en su confrontación con la política que defendió Eduardo Fernández como candidato a la presidencia de la república,  que denunció por ser pragmática y neoliberal, el expresidente  reivindicó los grandes principios fundamentales de la ideología  socialcristiana, que los copeyanos no debían traicionar. Sin embargo para los adversaros de Caldera esas eran manifestaciones insinceras y oportunistas que no obedecían a una verdadera preocupación ideológica,  pues lo único que buscaba con ellas era conseguir el poder.  En cuanto a Eduardo Fernández y las jóvenes generaciones,  en su oposición al líder tradicional, propugnaban una ideología más moderna, como la del neoliberalismo, que desde los tiempos de Ronald Reagan y Margaret  Thatcher era arrolladora y se imponía en todo el mundo, y que pretendía pasar por ser una pura racionalidad técnico-científica y la negación o fin de todas las ideologías. 

En cuanto al “personalismo”, que según todos los politólogos era un fenómeno  común de la política venezolana, y que Dinorah Carnevali señala como uno de los defectos que contribuyó a la decadencia de COPEI, creo que hay que empezar por distinguir el personalismo que se puede dar en cualquier partido democrático del mundo occidental, que se caracteriza por la existencia de un líder con una fuerte  personalidad, al que se le reconoce gran autoridad como el  intérprete fiel de la ideología,  y por su dedicación y servicios al partido. Pero sin embargo, en el partido existe una ideología y una estructura organizativa que se impone a todos sus miembros, inclusive al líder. Distinto es el caso de un partido personalista, pues se trata de un partido creado al servicio de la voluntad de un líder. Los objetivos del partido, no dependen de una ideología, ni existe una dirección colectiva, sino todo depende de la voluntad del líder. La ideología o no existe o es la que el líder decide adoptar, pero él es libre de cambiarla cuando quiera, de acuerdo a su libre voluntad. Los objetivos tanto estratégicos como tácticos son los que en cada caso decida el líder del partido,  que pueden contradecir, sin ningún problema,  lo que se proclamó como su ideología.  Y de la misma forma, la estructura partidista  se debe  amoldar permanentemente a los deseos del líder.  En resumen:  El líder es en realidad el amo del partido que puede imponer en todo de acuerdo a su voluntad. 

Logo MVRAsí definido, es evidente que mientras Caldera ejerció su hegemonía sobre COPEI, aunque en muchas ocasiones se practicó un culto a su  personalidad que fue excesivo y se desatendió la democracia interna y la dirección colectiva, el partido nunca llegó a ser un verdadero partido personalista, en el sentido extremo que antes lo hemos definido. Algunos rasgos típicos de un partido personalista, pero sin llegar a serlo plenamente, los encontramos en CONVERGENCIA, pues fue un partido creado con el fin de hacer triunfar la candidatura presidencial de Rafael Caldera, y aunque declaraba que su ideología básica era el socialcristianismo, varios de sus dirigentes principales declararon que era, sobre todo, un  partido “calderista”, lo cual nunca hizo COPEI. Si tuviéramos que señalar ejemplos recientes en nuestro país  de partidos plenamente personalista, tendríamos que nombrar el  Movimiento V República (MVR) y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ambos creados por Hugo Chávez al total servicio de su voluntad.

Resultaron patéticos los esfuerzos de Eduardo Fernández por aparentar una fuerte personalidad juvenil y llena de energía, que pudiera ser  capaz de sustituir a la de Rafael Caldera o de competir exitosamente con aquel monstruo de energía y maestro en el manejo de la demagogia, que fue Carlos Andrés Pérez,  mediante actos tan pueriles como atribuirse el sobrenombre de El Tigre o practicar pequeños actos demagógicos, como pasar la noche con su mujer  durmiendo en un rancho.

 El libro concluye con el relato de  las políticas inmediatistas y pragmáticas, pero totalmente equivocadas, que llevó a cabo el partido COPEI,  en su angustia por tratar de salvarse de la debacle que se avecinaba, pero que al final lo hundieron aún más. 

En resumen, se trata de un libro ciertamente importante, no sólo porque contiene un análisis muy  detallado y hasta entonces inexistente,  de la fase final del hundimiento del partido, que durante el siglo XX fue el segundo más importante de Venezuela, sino porque, como lo señala su título, en él se invita a estudiar “el  caso COPEI”, desde la perspectiva más global del “hundimiento de los partidos tradicionales venezolanos”. Es de esperar que este libro pueda ser un ejemplo para que se desarrollen estudios semejantes en rigor y acuciosidad, pero aplicados al caso del otro gran partido,  que es AD, y que permitan ver la comparación de las semejanzas  y diferencias que existen entre los procesos de ambos partidos, pues de tal tipo de comparaciones va a depender  el progreso de la Ciencia Política en Venezuela.

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