EL chavismo visto desde dentro

Alfredo Infante

Después de haber buscado infructuosamente a una persona, con vinculación orgánica en el proyecto bolivariano, que nos hiciera una presentación de la situaciónNicolas Maduro, Diosdado Cabello interna del chavismo, se decidió compilar una serie de opiniones que dan cuenta de los debates actuales al interior del oficialismo. Como fuente principal, aunque no exclusiva, se utilizó la plataforma de Aporrea.  Aquí algunas respuestas que nos ayudan a trazar los brochazos para captar el  retrato.

 Tendencias en torno al poder en el Gobierno revolucionario

En este punto ha parecido interesante la descripción hecha por el exviceministro de Planificación y Desarrollo (2002-2003) Roland Denis, quien señala:

Tenemos por un lado una primera tendencia ganadora liderizada por el componente de militares de alto rango, Diosdado, Nicolás, Arreaza, etc., cada quien peleándose su espacio respectivo. Una segunda liderizada por Giordani y protegidos definitivamente derrotada en este lapso. Allí probablemente podemos situar de añadidura a Elias Jaua, que él lo confirme, si es que está en algún lado. Otra tercera (…) liderizada por Ramírez, quien pierde gran parte del inmenso poder que llegó a acumular alrededor de él.

 ¿Hacia dónde apunta el reacomodo interno?

La inercia presidencial expresada en el enrosque anunciado, define una línea política que excluye a la llamada izquierda reformista y a la señalada izquierda trasnochada, apostando por la línea militar y la llamada boliburguesía, pragmática y celosa de sus intereses y negocios.  Por eso, continúa Roland Denis en su artículo:

 Ganó la primera tendencia, dirigida a garantizar los controles básicos en cuanto al manejo centralizado y discrecional de las divisas, los mercados públicos de alimentación, medicinas, servicios públicos, comercio básico. Con ello la corrupción de gran calado se garantiza una victoria extraordinaria. Quedan intocables los procedimientos básicos alrededor de los cuales se ha consumado la generación de una nueva burguesía directamente ligada al gobierno y la apropiación directa y desinformada de divisas: absolutamente aislada de todo componente productivo, sin tener otra cosa aún que una gigantesca cantidad de dinero acumulada fuera y dentro del país que irá convirtiéndola en propiedad y poder como toda burguesía que se respete y está haciendo.

 La línea reformista

Liderada por el exministro Felipe Pérez Martí y su equipo, propone lo siguiente:

 Nosotros tenemos unas propuestas que en lo económico son cinco puntos. Este es un programa porque no se puede hacer una cosa separada de la otra, y en lo político, tenemos un punto (…)  El problema de la inflación ha sido producido por el Gobierno, si colocan en el BCV a gente responsable que no sea del Gobierno eso se frena en seco (…) Si relajan el tipo de cambio no habría un efecto inflacionario, al contrario, si lo hacen en conjunto con lo fiscal, lo monetario, lo productivo y lo institucional, pueden bajar los precios de un solo golpe y después se generaría una inflación normal a los niveles de estándares de Latinoamérica.

El cuarto punto es lo productivo; ya con lo cambiario y lo monetario se controla la inflación, de esa manera lo productivo puede desplegar sus alas (…) Hay que darle valor al trabajo, a la producción, no al rentismo.

Aquí hay una crisis política que hay que resolver (…) En particular, los poderes públicos, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la Controlaría, la Fiscalía, y todos los organismos deben conservar su independencia.

La llamada izquierda trasnochada

Radicalmente estatista, tiene como bandera la fidelidad al legado del finado expresidente Chávez. Considera que la raíz de la crisis no está en la inviabilidad del modelo Chávez- Giordani. La crisis obedece a factores exógenos como el imperialismo, la guerra económica y, a nivel interno,  a la ineficiencia de los funcionarios responsables de llevarlo a cabo, de hacerlo cumplir y, sobre todo, a la estatura moral y revolucionaria de estos sujetos. Están convencidos que no hay que rectificar el modelo, sino profundizarlo, y para ello urge cambiar a los operadores políticos corruptos que han distorsionado la bondad y eficiencia del modelo. Se necesita una revolución ética. Critican seriamente el programa de reformas de Felipe Pérez Martí por considerarlo ingenuo al no tomar en serio el tema de la guerra económica y  los intereses imperialistas. Tal reforma es un neoliberalismo sui géneris, con sensibilidad social, camuflado de socialismo, contrario al proyecto del líder y comandante Hugo Chávez.  Así lo juzgan:

 Estos agentes, recomiendan pragmatismo y, por tanto, olvidarse por los momentos de la revolución, convencidos que los programas de ajuste de corte liberal, son técnicamente neutros (como el bisturí de un médico), inevitables y la única salida (…) La filosofía que inspira este tipo de política económica lleva a otras recomendaciones complementarias: son reformas dentro del paradigma Consenso de Washington. Esto significará reversión de las nacionalizaciones y estatizaciones con la excusa de ser un ensayo ineficiente y corrupto; regreso a la concepción del Banco Central autónomo, es decir a la concepción neoliberal de los bancos centrales. Felipe Pérez propone colocar como presidente del Banco Central a una persona que no pertenezca al Gobierno, que sea impoluta, que tenga suficientes conocimientos económicos, para que el Banco Central sea independiente de los políticos. Esto es lo que aprendió en Chicago University: la prepotencia le impide conocer otras visiones sobre el papel de los bancos centrales que no sea la visión neoliberal.

 El sacudón: ni a la derecha, ni a la izquierda

En el sacudón no fueron escuchados por el Presidente ni la línea reformista, ni la izquierda trasnochada. Mientras unos esperaban un sacudón hacia la reforma y apertura económica, otros esperaban una profundización revolucionaria más estatizante pero con un énfasis  ético. Una revolución moral. Nada de esto pasó. Ganó el negocio, no las agendas de país, porque:

 …se decidió por el dólar negro (…) Decidió crearse de cualquier manera, la continuidad de un círculo vicioso de saqueo y desfalco, que puede llevarnos a una especie de desesperación colectiva donde no hay dirección ni intelectual ni política de suficiente peso y capacidad comunicacional en estos momentos como para explicar algo que no se entiende y construir una nueva vanguardia colectiva.

La relación entre bases y élites en el partido de gobierno

Las primarias del PSUV evidenciaron la desmovilización política de las bases, como señal del desencanto, respecto al modo como se ha venido dirigiendo el partido. Hay un claro distanciamiento entre el cogollo del partido y las bases del mismo. De igual modo, un ventajismo del sector vinculado orgánicamente al Gobierno, que dispone de las instituciones y sus recursos para controlar el partido. Nicmer Evans, miembro de Marea Socialista, evalúa esta relación a partir de las recientes elecciones primarias:

La realidad es que lamentablemente este proceso electoral pone en evidencia serios problemas que vienen arrastrándose, tanto en la movilización como en la motivación política para mostrar fuerza desde el PSUV.

Si la participación fue de aproximadamente un millón de militantes, no tengo duda que esto sea positivo, pero cuando pretende basarse en un registro de 7.6 millones de electores, por supuesto que es un fracaso. Pero por otra parte, cuando has logrado movilizar tres millones de militantes en procesos similares, es imposible no evaluar el por qué hoy la maquinaria no sólo no funcionó como se esperaba sino, qué elementos sopesan sobre el hecho de que esto esté pasando.

Para mí, aunque para el momento de hacer este escrito estemos sin cifras oficiales, el hecho de que no sean dichas es una muestra de debilidad, y aún más, al permitir reforzar cifras extraoficiales como las que he mencionado, lo que pone en tela de juicio la legitimidad del método como fue convocada la selección de los delegados. Eso de un porcentaje de delegados ′natos′, de un porcentaje de postulados por las diversas direcciones, y el resto de candidatos que en su mayoría eran ′hijos de′, o ′ministros de′, o ′apoyados por′, o los que tienen ′el cargo de′, que se sabía eran imposible de superar, produjeron desánimo y molestia en las bases, cansadas además de un conjunto de normas y reglamentos que sólo se aplican a ′los pendejos′ ya que la propaganda y publicidad ′prohibida′ por el artículo 20 de las normas del proceso de elección, fue violado por la mayoría de los que hoy fueron electos, con entregas y distribución de ′Kinos′, con los que no estoy en desacuerdo, pero estaban prohibidos y punto.

 El poder popular vs hegemonía

¿Cómo se entiende el poder popular? El sector que controla el aparato estatal  lo entiende como hegemonía, es decir, nada de autonomía en los movimientos sociales de base; el poder popular debe ser rojo, rojito y punto. Otra línea, al margen del poder, le apuesta a la autonomía, y señala que la pretensión hegemónica de las élites que gobiernan es estalinismo puro y duro. La línea crítica sitúa el poder popular no en el ámbito de lo político, sino en lo público. El líder social Santiago Arconada reflexiona al respecto:

Soy miembro del Comité Promotor del Consejo Comunal Terepaima-Parte baja de El Refugio del barrio Santa Ana, parroquia Antímano. Participo con cierta regularidad en la sala de batalla social José Félix Ribas que pretende agrupar a los consejos comunales del barrio Santa Ana. En una de sus reuniones dominicales sobre finales de octubre o principios de noviembre de 2010, uno de los funcionarios del Ministerio del Poder Popular para las Comunas, por supuesto miembro del Frente Francisco de Miranda, regañaba a los allí presentes, como es su costumbre, por la falta de asistencia. Para una futura reunión que estaba convocando advertía: ′a esta reunión no deben venir sólo los consejos comunales, también tienen que venir las comunidades′.

El representante del Ministerio del Poder Popular para las Comunas, lamentablemente, no se estaba equivocando. A cinco escasos años de la Ley que reserva a la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas el poder total de los consejos comunales, éstos ya son una cosa y las comunidades son otra.

No desconozco que hay manifestaciones vigorosas del poder popular que se han desarrollado en el gobierno bolivariano. Me enorgullezco de ser cofundador del Consejo Comunitario de Agua del Sistema Clavellino en el estado Sucre, porque a siete años de su constitución (17-01-2004) sigue siendo un espacio público, periódico y permanente  de procesamiento de información que produce al acueducto Luisa Cáceres de Arismendi  al mismo tiempo que produce organización y poder del pueblo; pero si tengo que hablar de lo que no nos ha sido posible en el espacio en el que vivo, el cual es la parroquia Antímano del municipio Libertador, debo decir que en los casi doce años de gobierno bolivariano no hemos tenido la información, que como usted sabe es la base del poder, para planificar y ejecutar los recursos que nos pertenecen en la solución de nuestros problemas, como sí la manejamos durante los años del gobierno municipal de Aristóbulo Istúriz (1993-1996). Si el poder popular no tiene el poder para acceder a la información más primaria como es la del presupuesto, ¿qué contraloría social puede desarrollarse?, ¿qué poder es ése que no logra ni siquiera acceder al derecho a la información más elemental? (…)

En otro orden de ideas persiste el problema que una señora de la comunidad de La Salina en el estado Vargas, durante una actividad del ENFODEP en la Biblioteca Salvador Garmendia, resumió así: ′Dejé de ir al consejo comunal porque era como estar en una reunión del PSUV′.

En abierta manifestación de estalinismo puro y duro, desde el Ministerio del Poder Popular para las Comunas se promueve la noción de que mientras un dirigente parroquial del PSUV puede estar en la asamblea de ciudadanos y ciudadanas de cualquier consejo comunal ataviado con las insignias del PSUV, un militante de Un Nuevo Tiempo, o de Copei, o de AD, o de la MUD, no puede hacerlo, es más, no se supone que esté allí alguien que no sea del PSUV o de su periferia.

Esta apropiación del espacio público, pero sobre todo de los recursos públicos, que el PSUV pretende hacer ver como una acción revolucionaria y que está a punto de matar al poder popular, es propia de quienes creen que ésa es la manera en la que se logra la hegemonía.

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