Confesiones familiares de Mercedes Pulido

Hercilia Garnica

La Dra. Mercedes Pulido, conocida abanderada de la causa de la mujer en Venezuela y exdirectora de la revista SIC, intercambia con su hijo las vivencias familiares, recordando particularmente las dificultades para compaginar las responsabilidades familiares y las cargar de una ejecutoria pública

La relación de Mercedes Pulido de Briceño con su hijo José Rafael Briceño se nutre, entre otras cosas, de la información. Escucharlos hablar es enterarse, casi que en tiempo real, de lo que ocurre no solo en Venezuela sino también en el mundo. Sus conversaciones son debates, análisis profundos de hacia dónde va la humanidad.

MercdesPulido

Es una biblioteca dentro de una casa. En la sala contigua al comedor hay un archivo móvil y el camino a la segunda planta ya no es una escalera sino una enorme biblioteca. Mercedes Pulido de Briceño, ex ministra de Estado para la Participación de la Mujer en el Desarrollo (más una lista enorme de cargos y funciones que quedan en reserva), no solo sabe con certeza cada libro que posee sino que también puede afirmar, sin temor a equivocarse, dónde está ubicado cada título. Tiene una memoria prodigiosa, aunque ella diga que no, que ya la está perdiendo.

Antes de la entrevista que le haría su hijo, el profesor universitario y comediante José Rafael Briceño, hablaban de la situación en Guatemala. Cada uno tenía su iPad a la mano, un cigarrillo, una taza de café, pero, sobre todo, ideas, nombres, protagonistas de la crisis generada en el país centroamericano luego de la renuncia y juicio al expresidente Otto Pérez Molina.

El debate encendido se prolongó por quince minutos, aproximadamente, en los que Mercedes Pulido hacía mención a figuras o personalidades guatemaltecas con las que viajó, se reunió o intercambió opiniones en algún momento.

Esta vez le tocó a Guatemala, por la coyuntura del momento, pero madre e hijo pueden dedicarse a componer o descomponer el mundo cada día. Señala José Rafael que si él no la visita, igual la llama y le pregunta: “Epa, ¿qué has sabido? “. O ella se comunica con él y le dice: “¿Qué vaina es esa? “, para referirse a cualquier pico de intensidad de esos que suelen registrarse en el país.

Por unos minutos, 43 para ser exactos, deciden hablar sobre ellos, su relación, la familia, los hermanos, Venezuela. José Rafael, periodista, esta vez asume el papel de entrevistador de un personaje controversial y denso: su madre, Mercedes Pulido de Briceño. Acá el intercambio de preguntas y respuestas cargadas de un inteligente y buen sentido del humor.

Cuando te ofrecen FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola) en Roma y Amnistía Internacional en Londres tú decides que hay que volver. Declinas esas invitaciones para venir a Venezuela y el mensaje es: Hay que volver al país del que uno viene, a trabajar por ese país…
“Y por la familia también. No era momento de que la familia se desperdigara. Cualquier trabajo de esos implicaba muchas cosas y ustedes ya estaban adolescentes y necesitaban cierta estabilidad”.

Pudiste haberte repensado esa decisión de haber sabido lo que iba a ocurrir con tu trabajo como senadora en Copei y la pelea que tuviste con el partido…
“Pero no hubo peleas. Las cosas hay que verlas con ecuanimidad. Indudablemente que las propuestas de trabajo implicaban una vida familiar distinta, implicaban también un compañero de vida al que tenías que respetarle su espacio. No solo eran ustedes. Para un ingeniero civil, dedicado a la construcción, como tu padre (Wenceslao Briceño), ya había sido mucho todo el acompañamiento en Nueva York. Aceptar era dedicarnos a una vida familiar distinta, menos cohesionada. Y respetando las diferencias de cada quien, pues tienes que buscar una estabilidad.

“Además, yo vengo de una generación que estaba dispuesta a construir un país. Como parte de la generación de los sesenta-setenta soñábamos con construir un país, educación, todo lo que significara formación profesional y técnica y eso implicó un atractivo muy grande para mí. En el país ocurrían cosas. Se había hecho la reforma del Código Civil, que mal que bien era la democratización de la familia. Mal que bien habíamos pasado de ocho universidades en los años sesenta a 80. Mal que bien había una visión de mucho interés por el conocimiento. El trabajo en el Congreso era de mucho compañerismo. Por ejemplo, con la eliminación de la Ley de Vagos y Maleantes empezamos a hablar de derechos ciudadanos, de ciudadanía, de derechos y deberes. Luego vino la eliminación del Servicio Militar Obligatorio y la apertura de una nueva generación.

“¿Qué pasó luego? Que coincidió con el boom de la gran Venezuela y rompió muchas instituciones y la capacidad de crecimiento organizado. Todo se podía comprar y todo se podía hacer. Después afrontamos la crisis económica de 1983/1984, comenzamos a trabajar en la Agenda Venezuela y salieron las grandes líneas de los programas sociales. Era una etapa en la que el ámbito político era la discusión de ideas y la definición de estructuras”.

En ese momento surgió una gran cantidad de proyectos sociales y hoy en día se le vende al país la idea de que esos programas son un invento del socialismo. ¿Cómo te sientes cuando ves todo eso como si fuera inventado ahora?
“Es más, estaban los módulos de servicio que fueron una innovación muy importante porque se instalaron en los barrios, en las zonas populares y la idea era bajar los servicios al acceso de la gente, por lo tanto había mucho que hacer y el habernos quedado fuera hubiera significado un beneficio personal, tal vez, pero a costa de la estructura familiar y a costa del sueño de hacer estas transformaciones en el país”.

En nuestra crianza hubo mucho énfasis en la libertad e independencia de cada uno. Héctor decidió estudiar fuera del país y hacer su vida en el extranjero. Por las razones que conocemos y casi por persecución Ana Teresa se estableció en Houston. Es decir, desde muy temprano abandonamos el nido. No pensaste, cónchale, la idea era que fueran independientes, pero no tanto…
“No, nosotros siempre pensamos que nadie era súbdito y que cada quien debía lograr la capacidad de definirse a sí mismo. Y en sus procesos todos decidieron estar interesados en el país, todos siguen de cerca al país y han sido actores en el país desde diferentes profesiones. Mercedes estuvo en Procompetencia e incluso de gira con Chávez por China representando a ese organismo, Ana Teresa trabajó en Fe y Alegría y Héctor participó en todo el proceso de renovación informática de El Universal. Todos mantienen un vínculo con el país y el orgullo de la autoafirmación. Cada quien ha escogido su propio camino y se le ha respetado y apoyado”.

Mis hermanos y yo crecimos en un hogar en el que con papá íbamos al mitin del MAS y contigo al de Copei. ¿No pensaron que podíamos crecer con un cortocircuito?
“Bueno, esa no era mi preocupación, tal vez la de ustedes. Mi preocupación era que debían crecer con acceso a todas las diferencias para poder tener capacidad de escoger. Las diferencias son importantes, quizás el exceso de libertad de escogencia implicaba que ustedes pudieran tener rechazo, pero cada quien lo manejaba. Nada era escondido, todo se hablaba y vivía abiertamente y, además, eso era parte de cada quien, aprender a ser persona por sí mismo”.

Siempre he dicho que el secreto del matrimonio es la distancia. En nuestra familia o viajabas tú o viajaba papá. Pero hubo una época en la que mis hermanos ya no estaban, pero yo sí y ustedes comenzaron a vivir juntos de nuevo. ¿Ese fue un momento para redescubrirse o para reajustarse?
“Más que para reajustarnos, para complementarnos. Mi referencia personal es el respeto y la aceptación de la libertad ajena y el compromiso de una vida en común. En la vida en pareja hay cosas que no entiendes, hay diferencias. Yo viví el exilio, viví fuera de Venezuela y de alguna manera tuve un protagonismo. Wence no, pero él tuvo la experiencia de ver la construcción del país, de caminar el país. Él forma parte de esa generación que se formó en el Ministerio de Obras Públicas, ingenieros que fueron actores de sus proyectos, una generación de gran orgullo. El MOP fue una gran escuela, el gran hacedor del país”.

Tienes un hijo doctor en Informática, una hija magíster en Biogenética, otra hija con maestrías en Economía y, por el otro extremo, un comediante, con visos de filosofía (pero esa tesis no será entregada por más que discutamos de eso en esta sala). ¿No sientes que en algún lugar cometieron un error?
“Es probable que hayamos cometido muchos errores, pero los errores también pueden ser de ustedes. Por supuesto que si me tocara volver a vivir habría muchas cosas que haría distintas. Por ejemplo, interesarme más en la investigación, en la antropología, favorecer otros intereses, pero la verdad es que no me arrepiento de nada. Después de casi 50 años de casados Wence y yo pudimos volver para atrás y decir que valió la pena vivir. Hay grandes contradicciones en ustedes, lógico, pero todos tienen proyectos personales y cada uno puede decir que han sido los constructores de sus vidas, no yo”.

¿Qué ha sido lo más inesperado que te ha tocado vivir en tu rol de abuela?
“La orfandad, soy una abuela huérfana de nueve nietos. Siete están fuera del país. ¿No soy huérfana? Soy huérfana”.

Y la tecnología, ¿no es suficiente?
“No, porque no te permite sobar a tus nietos. Sabrán que existo, pero no hay sobadera, apurruñadera, el afecto cotidiano, que eso hace mucho”.

En tu recorrido político nunca dejaste el ámbito académico y si hay una herencia clara en tus hijos es la herencia académica, aunque se trata de una de las profesiones peor pagadas. ¿No fue como un mal consejo?
“El mal consejo fue de ustedes que decidieron copiarlo. El mundo académico no es gerencial, en efecto, pero te permite estar en constante búsqueda sobre los cambios que el país y el ser humano necesitan”.

¿Cuál es la herramienta cognitiva de la que los venezolanos adolecemos en este momento para afrontar el país que vivimos hoy en día?
“Yo creo que deberíamos recuperar la euforia por hacer que teníamos en los años setenta, una euforia ambivalente entre el orden y la organización. Adolecemos del orgullo de sentirnos realizados. También creo que debemos construir un entorno tolerante y que acepte la diversidad. Somos, además, un país que no ha tenido grandes discusiones. No hemos sido un país de posiciones a ultranza, no hacemos defensas a ultranza y tenemos que tomar conciencia de que la persistencia en los objetivos es muy importante. Nos faltaron instituciones, políticas de Estado, políticas públicas. Creo que hay mucho de improvisación y ausencia de compromiso para lograr los objetivos”.

¿Qué te quedó por enseñarnos?
“Aceptar que nada es lineal, que tenemos una evidencia”.

Tus hijos fueron muy cartesianos…
“Mi hijos no. Cartesiano es causa y efecto. Necesitamos dosis de aceptación de la capacidad de innovar, de responsabilidad, de compromiso, de disfrute y persistencia. Aquí pensamos que el progreso era eterno. Pensamos que el petróleo sería de por vida y ahora vemos que las cosas pueden echarse para atrás. ¿Cuáles son los grandes logros de estos 15 años? Porque todo tiene algo de positivo. Hay una valoración de la realidad social venezolana, se han hecho visibles la diversidad y los problemas de los venezolanos. El empoderamiento, yo existo, tengo derecho y poder. Eso es importante”.

Por último, ¿cómo hiciste para que mis hermanos no se dieran cuenta de que yo era el favorito?
“Creo que sí se dieron cuenta, pero eran tan educados. En realidad, todos tienen su capilla, todos tenían su espacio y una relación de afecto entre ustedes que les permitió respetar sus diferencias”.

Imagen: Mónica Trejo

Fuente: Estampas

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