Venezuela, historias contrastadas: un mismo anhelo de paz.

Isaac Daniel Velásquez sj

calle el petroleo, 24 de enero 2012 c

Foto: Bach.María Luisa Pérez

Junto con tres jóvenes universitarios me dispuse a visitar algunas casas del Sector San Miguel, parte baja de la Vega, gran suburbio al oeste de Caracas. La intención, muy sencilla, compartir junto con las personas del sector: alegrías, tristezas e inquietudes. Estos espacios de conversación se hacen cada vez más frecuentes, como un modo de encuentro y desahogo ante la incertidumbre que envuelve al país.

Subiendo tantas escaleras, sin lugar a dudas, te viene a la mente  el título de la canción  “la cima del cielo”, subes y subes, y cuando piensas que ya no puede haber más casas ¡aparecen!  Justo dos señoras de esas que viven en la “cima del cielo” son las protagonistas de este relato.

Primero llegamos a casa de la señora Carmen, ella nos recibió con mucho cariño, y en tono cálido nos dijo: – “mientras yo esté aquí siempre tendrán las puertas abiertas”. Nos  preparó un cafecito y a su vez nos compartió que  se estaba recuperando de la muy conocida chikungunya, después de unos minutos se sentó y detrás de ella, como telón de fondo, emergía un afiche inmenso del fallecido Presidente Chávez. Agradecidos, nos despedimos con un “Dios le pague por su acogida y el detalle del café”. Ella nos contestó: -“Dios da pa´todo, yo  rezo siempre”, yo le recomendé: “No se canse de rezar abuela”. Ella conmovida, concluyó: “Yo siempre rezo, siempre estoy pidiendo por LA PAZ de nuestro País”.

Escuchar la palabra PAZ y al fondo ver la imagen del Presidente Chávez, me impacto, nunca había unido la palabra PAZ con Chávez y todo lo referente al proceso, pero más allá de ese impacto prevalecía la tierna voz de una mujer deseosa de paz, una paz para mí, para los jóvenes que me acompañaban, una paz para la Vega, LA PAZ para Venezuela.

Después del encuentro con Carmencita, continuamos las visitas. No podía apartar de mi mente las palabras de esta abuela. Confundido, uno de los jóvenes conocedor del Sector me comentaba: “La próxima señora en visitar es full Opositora”.  Al verme, la señora Eva me recibió con un “Bienvenido Flaco”, un término que usaba cada vez que me nombraba a mí y a su líder Henrique Capriles Radonski, y con mucho entusiasmo nos compartía: “Que bueno ver juventud, que bueno ver un curita joven, yo no dejo de pedir por ustedes, POR LA PAZ de Venezuela.”

Mi confusión se iba aclarando, al conocer y escuchar a ambas señoras, porque descubrí en el encuentro con ellas, que más allá de la Polarización que vive el país, hay un gran deseo de paz. Estos deseos se convierten en un hilo conductor, que trascienden tantos acontecimientos que alimentan el rencor, odio e indiferencia entre hermanos.

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Urb.Hollywood, Campo Petrolero situado en Cabimas, Estado Zulia.

Quien escribe este relato es un joven jesuita, hijo de trabajadores botados de PDVSA en el año 2002, tras el paro petrolero. Desde entonces, he vivido junto a mi familia las consecuencias de ser desplazados de nuestro hogar, en los campos Petroleros de la Costa Oriental del Lago, en el Estado Zulia, hasta ver como mi papá hoy, doce años después, no ha logrado la estabilidad laboral por haber defendido sus principios, sus ideales, entre ellos la paz.

 

Al finalizar la jornada de visitas, entre las canciones de salsas sabatinas de la convivencia en el barrio,  que nos acompañaron durante toda la tarde, en mi mente y corazón sonaba otra canción. Dios, la vida, el destino  me seguían cantando “La cima del Cielo”: “la cima del cielo donde emerge sublime el deseo y la gloria – LA PAZ – se puede alcanzar.”

Así concluyó mi jornada pastoral en la Vega.

Carmencita, Eva, mis padres, mi persona, Historias contrastadas en un mismo anhelo, el de todos los venezolanos: LA PAZ.

 

 

 

 

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