Sin pasar por la enfermería se fue Libanio, uno de los de la primera hora

Pedro Trigo sj

A los ochenta y dos años de edad, dando un curso a unas religiosas, ha fallecido Juan Bautista Libanio, teólogo brasilero de la Compañía de Jesús. Conferencista brillante, con gran capacidad para la síntesis, animador incansable de la Iglesia de su país y particularmente de la vida religiosa y puente convincente con el mundo profesional, pero, sobre todo, persona entrañable y cristiano de corazón. Estaba siempre oteando los signos de los tiempos, para ver, tanto lo que se avecinaba como lo que nos pedía el Dios de Jesús en cada ocasión. A ello dedicó gran parte de su producción escita y de sus conferencias.

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Para poner una muestra de su capacidad intuitiva, en 1983 publicó Vuelta a la gran disciplina. Se refería a un modo adialéctico de encarar eclesiásticamente la vuelta a la gran disciplina que estaba imponiendo el totalitarismo de mercado y que según él se iba a imponer, como en efecto se impuso, en la Iglesia. En efecto, eso fue lo que pasó. La alternativa superadora la está proponiendo el “indisciplinado” papa Francisco que sustituye la disciplina eclesiástica por el discernimiento de lo que acontece en el mundo para responder evangélicamente a ello, y para eso el requisito es la pobreza personal como libertad de la seducción del sistema y el compromiso con los pobres y en contra de la pobreza. Libanio siempre vivió pobremente sin hacer ningún alarde de ello, con libertad evangélica. Al estar ligero de equipaje, pudo entregarse a todo el que le demandó, con total generosidad, hasta morir “con las botas puestas”.

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En el congreso continental que se celebró en Sao Leopoldo en octubre del 2012, pidió Leonardo Boff, que se hicieran una fotografía los “históricos” de la Teología de la Liberación, porque, decía, en la próxima reunión faltaremos varios. El primero en morir ha sido Libanio y ya han muerto como la mitad de la primara hornada.

Agradecemos su actividad incansable, sus escritos y su persona y esperamos que no interrumpa su comunicación. Muchas gracias y hasta cuando Dios quiera.

Textos de João Batista Libânio

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