NAVIDAD, TIEMPO DE CONVERSIÓN

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Por: Antonio Pérez Esclarín (pesclarin@gmail.com)
@pesclarin www.antonioperezesclarin.com

La fe es para simplificar la vida. El evangelio es de una dulzura y sencillez increíbles. Jesús nace entre nosotros para traernos la Buena Noticia de un Dios Padre-Madre que nos ama entrañablemente y quiere que vivamos como hermanos. Jesús, la alegría de los pobres y menesterosos, vino a traernos la libertad y el amor. Ciertamente, entre tantas malas noticias que leemos o escuchamos todos los días, esta es una extraordinaria Buena Noticia. Lo que pasa es que no terminamos de creerla. Hemos convertido la navidad en una rutina de compras, hallacas, regalos, arbolitos, pesebres, y cohetes, pero muy pocos tienen el coraje para sumergirse en el insondable misterio de un Dios que se acerca a los seres humanos con su radical propuesta de cambio de corazón y cambio de valores. Por ello, la mayoría en Navidad olvida lo más importante y la razón de la fiesta: al Niño que sigue naciendo entre los más pobres y necesitados y nos convoca en su callado silencio de niño frágil y desvalido a cambiar de vida y empezar a preocuparnos por todos, en especial por los que sufren y están siendo golpeados por el dolor, la miseria o la explotación.

La Buena Noticia que nos trajo Jesús aportaba una increíble novedad sobre Dios. El Dios de Jesús no es un Dios lejano, justiciero, insensible, sino que es un Dios de entrañas misericordiosas, con una increíble debilidad por los desvalidos, los sencillos, los pobres, los pacíficos. Es el Dios de la alegre misericordia, el Dios del amor incondicional, que nos quiere no porque seamos buenos, sino porque somos sus hijos. Dios se esconde en un niño que tiembla de frío sobre las pajas de un pesebre, en un pobre carpintero amigo de los pobres y los pecadores, en un apasionado del Reino del amor y la justicia, que terminará crucificado por los poderosos y por los que vieron en su mensaje de igualdad y fraternidad una amenaza a sus privilegios.

Ojalá que la navidad no se reduzca a una mera tradición folklórica, sino que nos ayude a reflexionar sobre su verdadero sentido. La navidad es una invitación al cambio de valores, y al reencuentro familiar, al reencuentro comunitario, al reencuentro como país, donde sin renunciar a la justicia, cultivemos el diálogo, la reconciliación y el perdón. Por ello, ojalá seamos capaces de convertir nuestros corazones en un pesebre donde recibamos a Jesús, sus valores y su proyecto de paz, hermandad y amor, que transforme nuestras vidas y nos haga hermanos de todos.

Navidad: tiempo de reflexión y conversión; tiempo para releer nuestras vidas a la luz de la humildad y ternura del pesebre y reflexionar con sinceridad y coraje si somos seguidores de ese Dios humilde, tierno y amoroso, o más bien seguimos a los prepotentes, egoístas y violentos. Tiempo para preguntarnos si somos sembradores de encuentro, paz y hermandad, o sembradores de división, violencia e intolerancia. Para aclararnos si nuestra conducta y vida celebra la navidad o la antinavidad.

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