El suplicio de volar

Por. Antonio Pérez Esclarín

 

A finales del mes de Julio, estuve con mi familia y otros más de doscientos pasajeros seis días varados en Maiquetía, sin poder salir para Madrid. Los empleados y autoridades de Conviasa nos decían que estaban a punto de resolver el problema, y que de un momento a otro saldríamos de Venezuela. Así, seis largos días de zozobra y desesperanza. Si bien es cierto que nos brindaron gratuitamente alojamiento y comida en hoteles del litoral dignos, perdimos seis días de vacaciones y las reservas de hoteles ya pagadas en España vía internet y las conexiones a otros destinos.

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Como Conviasa no tiene aviones capaces de cruzar el Atlántico, para el regreso contrataron un avión malayo, de asientos muy estrechos y duros y sin televisión ni música. Por supuesto, las aeromozas malayas no hablaban ni una palabra en castellano. Esta vez el avión “sólo” demoró la salida unas cuatro horas, pero la conexión de Caracas a Maracaibo de nuevo con Conviasa, que estaba prevista para las 10,30 de la noche salió por fin después de las tres de la madrugada del día siguiente.Tras esperar las maletas un buen rato, salimos del aeropuerto casi ya a las cinco. A esa hora sólo había unos pocos taxis que tuvimos que compartir pero pagando cada pasajero tarifa completa. Así, en un viaje de unos 20 minutos, desde el Aeropuerto a la entrada de Sierra Maestra, el taxista se ganó unos mil bolívares.

 

El lunes pasado tuve que viajar a Caracas a varios compromisos pedagógicos. Compré pasaje en Aeropostal para salir a las 12.45 y por fin salimos a las cuatro de la tarde. Hasta más o menos las tres, la pantalla del aeropuerto, indicaba que nuestro vuelo estaba “A tiempo”, cuando llevaba ya más de dos hora de retraso. Pero lo más cínico de todo, que es lo que me motivó a escribir este artículo, es que mientras esperábamos pacientemente ante la puerta de embarque, las pantallas pasaban machaconamente este cintillo “Con orgullo zuliano, el Aeropuerto Internacional de La Chinita construye la Patria socialista trabajando por el buen vivir aéreo”. Si así es el buen vivir, ¿cómo será el mal vivir?

¡Basta ya de palabras y frases bonitas que pretenden ocultar la realidad mediante una propaganda descarada y antiética! ¡Cómo es posible que hayan empapelado Caracas diciendo que en la Cuarta República los pobres comían perrarina, cuando la perrarina era mucho más cara que el arroz, la pasta, los plátanos , la yuca y la harina que sí se conseguían sin problemas en todos los abastos y supermercados! El Gobierno se empeña en dividirnos entre derechas e izquierdas, apátridas y patriotas, ricos y pobres, cuando en realidad, hoy la verdadera división está entre gobernantes que gozan de todos los privilegios y gobernados a quienes ya no el buen vivir, sino el simple vivir, o mejor el sobrevivir, se nos está haciendo cada vez más cuesta arriba.

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