Editorial SIC 769: Conmemorar para rehabilitar

Sic769-portada2Editorial de la revista SIC 769. Noviembre 2014.

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Los venezolanos celebramos 150 años del nacimiento del venerable Dr. José Gregorio Hernández (JGH) envueltos en una crisis de salud pública alarmante. Un consenso social para rehabilitar el sistema sanitario sería el mayor homenaje a este ilustre venezolano.

El médico de los pobres

José Gregorio Hernández fue un hombre insigne que supo leer desde su fe los signos de los tiempos, y aportar con excelencia profesional- académica, científica y clínica- a la construcción de una Venezuela libre de enfermedades. Gozó, el venerable, de un especial amor y proximidad con los pobres, a quienes atendía con especial devoción y reverencia, con la fe de que en sus hermanos más vulnerables  encontraba al mismo Cristo. Su relación fraterna y amorosa con los pobres se constituyó en la fuente  que  dinamizaba su vocación cristiana, cristalizada en su profesión de médico, siervo de los excluidos.  Esta pasión por la vida y la dignidad del pobre, le llevó a  ahondar en la investigación, actualización científica y  a ponerse a la altura de la medicina de punta de su tiempo, para fundar y asentar las bases de una institución de salud en el país capaz de controlar y erradicar las enfermedades endémicas, mejorando la calidad de vida del pueblo.

Los padres de la salud pública en Venezuela

Después de José María Vargas, con José Gregorio Hernández y Razetti, entre otros,  la medicina en Venezuela da inicio a una tradición valiosa al servicio del bien común. Tradición paradigmática para la región de América Latina y el Caribe.  En ésta se inscriben hombres de gran talla, humana y profesional, apasionados por el país, como Rafael Rangel, José Ignacio Baldó, Pastor Oropeza, Arnoldo Gabaldón, Jacinto Convit y muchos insignes hombres y mujeres cuyos nombres yacen en el anonimato y en el corazón de muchos venezolanos.

Un legado en crisis

Hoy, a 150 años del nacimiento de este célebre venezolano, los indicadores  revelan un gran deterioro del sistema de salud pública en todas sus dimensiones tanto preventiva, curativa, científico-investigativa, académica, en infraestructura e insumos médicos, etc. El sistema sanitario está en coma, y para rehabilitarlo, se necesita de la voluntad política de todos los actores sociales, políticos y económicos, especialmente del gobierno nacional que insiste en maquillar desde el poder la realidad haciendo uso y abuso de la propaganda y el control de la información. Para llegar a concertar acuerdos y políticas que nos saquen a flote de esta crisis, es condición necesaria poner el interés mayor del país por encima de las trincheras ideológicas, parcialidades políticas, y, sobre todo, de intereses económicos particulares.

Hitos del deterioro

El deterioro de la salud pública en Venezuela se inicia a comienzo de los años ochenta, después del llamado Viernes negro; que implicó un recorte en la inversión social afectando significativamente al sector, en infraestructura, gestión, calidad de vida del personal, inversión en investigación, campañas sanitarias y formación del recurso humano, entre otros. También, a partir de este momento se inició una progresiva depauperación del Seguro Social y un crecimiento sostenido de los servicios privados de salud y las aseguradoras; quedando el pueblo en la intemperie. La salud se fue desplazando de un servicio público a un comercio privado, muy lucrativo, mercantilista. Recordemos la imagen del  doctor Valerio en la novela Por estas calles. Cabe destacar, que en medio de esta debacle muchos médicos se mantuvieron íntegros a su vocación acogiendo, a contra corriente, el legado de los padres fundadores de la salud publica en Venezuela; de esto hay valiosos testimonios.

En 1989, con la reforma de Estado, formulada por la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), se inicia el proceso de descentralización política, que sería acompañada progresivamente con la descentralización de otros sectores, entre ellos, la educación y la salud, con el objeto de lograr una mayor participación y eficiencia en el servicio. No fue fácil su implementación, el cambio de paradigma implicó férreas resistencias por parte de los operadores del poder  central y de las maquinarias de los partidos del establishment que habían erosionado la institucionalidad con su lógica clientelar. Sin embargo, hubo ensayos exitosos y significativamente alternativos en regiones como Bolívar, Carabobo, Mérida y Miranda. Este tránsito hacia la descentralización, más allá de las resistencias políticas, aconteció en un contexto de reducción de la inversión social y una tercerización y privatización  del sector.

En 1998, cuando triunfa la revolución bolivariana, liderada por el finado expresidente Hugo Chávez Frías, el sistema sanitario en nuestro país se encontraba en quiebra y el pueblo estaba totalmente desasistido y desamparado. Era urgente repensar y garantizar un mejor acceso a la salud para los excluidos. La Misión Barrio Adentro fue una respuesta adecuada y plausible a este problema estructural  que afectaba a las mayorías venezolanas. Fue una acertada política inclusiva fundada en una necesidad real. Sin embargo, no se tomaron en cuenta los modelos exitosos de las regiones, y dicha misión, no se implementó como una política auxiliar sino como un sistema paralelo, agudizando, por vía de la desinversión, el deterioro de la institucionalidad existente, fruto de una gran tradición de hombres y mujeres, que como José Gregorio Hernández, consagraron su vida a la fundación de un sistema sanitario moderno en Venezuela.

Hoy llegamos al foso

De acuerdo a los informes del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (PROVEA) y la Alianza Social por la Salud, el sistema público sanitario que ya se encontraba débil por su fragmentación y profunda inequidad, lo que era un mandato constitucional corregir, ahora ha caído en una severa precariedad en la que el Estado no puede garantizar ni siquiera una atención mínima ni cumplir con su responsabilidad de evitar, y reaccionar correcta y efectivamente ante la aparición de epidemias, lo que afecta directamente a los sectores más pobres, a los más apartados desde el punto de vista geográfico y a los más vulnerables por sus condiciones crónicas o sus necesidades de urgencia.

En cifras grandes, perdimos el 50 % del personal de salud, más del 40 % de los hospitales públicos presentan un deterioro extremo, los programas de salud están en su mayoría paralizados y dependemos en más de un 84 % de importaciones para abastecernos de insumos, medicamentos y reactivos tanto en el sector público como en el privado. A esto se agrega el contexto de interrupciones de electricidad, falta de agua y violencia social que afecta severamente a los servicios de salud, además del desabastecimiento de insumos y medicamentos por no otorgar divisas, y el gravísimo problema de la corrupción.

Desde hace diez años el gobierno nacional ha insistido en desviar la política sanitaria de los mandatos constitucionales, adoptando medidas fuera de la dirección, control y supervisión de los principales entes competentes en el país y no dirigida hacia los centros de salud públicos. Medidas que han estado caracterizadas por acuerdos externos con otros países, sin base institucional ni financiera sostenible, que han destruido la capacidad de gobernabilidad sobre el sistema sanitario y han hecho depender la salud de los venezolanos de insumos, medicamentos y servicios de mucha menor calidad y disponibilidad que la nuestra.

Consensuar para rehabilitar

Por la memoria de nuestro venerable José Gregorio Hernández y la de tantos hombres y mujeres que han consagrado su vida para que los venezolanos gocemos de un sistema de salud de calidad. Por tantos médicos, científicos, académicos, activistas sociales, hoy consagrados, día a día, a investigar y a proponer alternativas sin temor a los señalamientos y hostigamientos, por parte del poder, en su contra. Consideramos, necesario, un debate público y un consenso país para rehabilitar la salud. Este consenso es impostergable en esta tierra de insignes médicos, patrimonio de humanidad.

 

 

 

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