Venezuela: entre cacerolas y cohetes

Piero Trepiccione

Se han realizado unas nuevas elecciones presidenciales en Venezuela. La participación según cifras emitidas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) ha rondado cerca del ochenta por ciento (79,78%) por tanto ha sido casi similar a la obtenida en octubre del 2012 que fue de 80,48%. El resultado dado a conocer por el organismo electoral la noche del domingo 14 de abril de este año arrojó ganador a Nicolas Maduro Moros con un total de 7.575.506 votos equivalentes al 50,78% mientras Henrique Capriles Radonski obtuvo 7.302.641 representando el 48,95% de la votación.

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El resto de los candidatos que participaron en la contienda apenas obtuvieron el 0,24% dando cuenta de lo polarizada que sigue la sociedad venezolana, entre las opciones que representan al denominado “socialismo del siglo xxi” y la “mesa de la unidad democrática”. La misma noche del 14 de abril y luego de anunciado el primer boletín oficial, el candidato de la oposición, Henrique Capriles Radonski, no reconoció los resultados ofrecidos por el ente comicial y solicitó el recuento de todos los votos. A partir de ese momento, la temperatura política del país comenzó a subir nuevamente.
El día lunes 15 amaneció una Venezuela llena de exigencias, por parte tanto de los líderes opositores como de su base partidaria que a lo largo y ancho del territorio nacional, decididamente pedían que no se hiciera la proclamación oficial por parte de los rectores del Consejo Nacional Electoral. Esto no se logró ya que en horas de la tarde, las rectoras encabezaron el acto que formalmente le otorgaba a Nicolás Maduro, presidente encargado y candidato presidencial del chavismo, el acta que declaraba su victoria oficial.

Esta situación ha dado pie para que retornen los temores de nuevos episodios de violencia política como los que se registraron en 2002 y años sucesivos. No es nada fácil lo que se vive en este país. El denominado chavismo, heredero del ex presidente Hugo Chávez, fallecido víctima de un cáncer en marzo de este año, con Nicolás Maduro al frente simbólicamente, pero más bien con una dirección colectiva cívico- militar (como el propio Maduro la ha denominado) ha dado muestras contundentes de no querer abrir ningún tipo de diálogo con factores de la oposición en torno a temas puntuales de la política pública. Inclusive, resaltada esta posición en pleno discurso del candidato oficialista la propia noche del domingo 14, inmediatamente anunciados los resultados.

Pero, la realidad política que ha aparecido en el país luego de estas elecciones es contraria a la visión única que desde el poder ha querido proyectar el “gran polo patriótico” que respaldó la candidatura de Maduro. Prácticamente, e independientemente de lo que suceda después con el reclamo opositor, el país ha quedado dividido justamente a la mitad. Es importante destacar que las filas oficialistas perdieron aproximadamente unos 700.000 electores con respecto a las elecciones de octubre en las que participó directamente Hugo Chávez. Mientras que Henrique Capriles sumó esa cantidad adicional a lo que había obtenido en 2012. Siendo los niveles de abstención similares en ambos procesos, se pudiera inferir que se dio un proceso de suma cero con una ganancia directa de la oposición o se modificó la composición de los abstencionistas en favor de la alternativa opositora. En cualquier caso que se haya dado, es claro que la conexión emocional que lograba Chávez con sus seguidores no es la misma que logra Nicolás Maduro, aún utilizando el gobierno durante toda la campaña la voz y la simbología de Chávez y convirtiendo los comicios en una especie de plebiscito alrededor de la figura del ahora llamado “comandante eterno” de la revolución.

La noche del lunes 15 se produjo en buena parte del territorio nacional un fenómeno particular. En muchos hogares del país sonaron las cacerolas como una forma de exigir al CNE que ordene el recuento de los votos y se hagan las auditorías al 100 por ciento de las urnas donde están contenidas las boletas de votación. Como contrapartida, el gobierno fomentó el lanzamiento de cohetones para silenciar u opacar el sonido estruendoso de las cacerolas. Algo que no pudo lograr en esta oportunidad porque además, en muchas zonas populares y humildes también retumbó la protesta, algo que no se había visto anteriormente en el país, salvo en zonas residenciales de clase media.

En todo caso, lo que ocurra en Venezuela los próximos días, será relevante para la región. Son demasiados los intereses geopolíticos y económicos que ligan a los países de la región con la economía petrolera de este país sudamericano. No está fácil el panorama y no se observan visos de solución en el corto plazo. Si a esto le sumamos un déficit fiscal que complica las cuentas del país, es claro que se debe invocar responsabilidad en el liderazgo.

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Acerca del autor

Piero Trepiccione

Politólogo y director del Centro Gumilla Barquisimeto.