#SIC75: ¿Cómo conocí la revista SIC? A propósito de los retos en su 75° aniversario

Lissette González*

lissette gonzalezYa a fines de los 80 los estudiantes de quinto año de bachillerato nos dedicábamos a cualquier cosa, menos a estudiar. Por ello no es de extrañar que, mientras sonaba Charly García en los respectivos walk-man, un grupo de adolescentes rebeldes del Colegio San Ignacio repartiera su tiempo entre clases de danza, un grupo de voluntariado, colearse en Anagrama -un taller literario de la USB-, el centro excursionista, el coro del colegio, el equipo de basquetbol femenino y la revista EDASI. Sin contar, por supuesto, con la intensa vida social que caracteriza a todos los jóvenes de todos los tiempos.

Si a esta apretada agenda sumamos que las notas de quinto año no importaban para entrar a la universidad, la mesa estaba servida para que ese último año estuviera dedicado a la más irrestricta vagancia. Pero tuvimos la suerte de contar con excelentes profesores que se las ingeniaban para mantener nuestro interés. Quizás uno de los temas que podría haber generado mayor aburrimiento era geografía económica de Venezuela; volver a oír por millonésima vez que el petróleo es un recurso natural no renovable y hay que cuidarlo habría significado el abandono de cualquier intento de estudio de aquellos jóvenes inquietos que éramos. Pero Germán Castillo Pinto era un lince, así que en su clase no había repetitivos libros de texto sino un contacto directo con la dura realidad económica y social que vivía el país en 1987. Nuestro único texto obligatorio ese año fue la edición especial por los 50 años de la revista SIC, la número 500 (diciembre de 1987), dedicada a evaluar nuestra democracia que se acercaba a cumplir 30 años, con artículos que hacían balance de los avances y problemas en diversos temas políticos, sociales y económicos. Así conocí yo la revista SIC.

Trabajamos en clase con detalle varios de los textos para discutir sobre la economía nacional y la situación de los servicios públicos. Mi ejemplar del número 500 de SIC me acompañó por mucho tiempo, lleno de subrayados y anotaciones, porque sus concisos artículos eran una formidable introducción a un análisis riguroso de los apremiantes problemas del momento en que vivíamos. Y aquella adolescente que fui, que exploraba el mundo buscando su camino entre múltiples intereses y en un mundo cambiante, intuyó en esos textos un desafío: la realidad nacional no como relato acabado, sino como incógnita que llama a ser comprendida en su riqueza y complejidad. Y después de mucho discernimiento, decidí estudiar sociología.  Al año siguiente, ya en la universidad, me había convertido en una lectora habitual. Muchos de los autores de ese número especial continúan, a pesar de todos los años que han pasado, en el empeño de entender el país en el que viven (Arturo Sosa, Luis Ugalde, José Virtuoso, Luis Salamanca, Javier Duplá, Luis Pedro España, Joaquín Marta Sosa, Ramón Espinasa…) y otros ya no nos acompañan, como Luis María Olaso y Hermann González. A muchos de ellos los he seguido leyendo por mis intereses de investigación y otros fueron más tarde mis profesores, colegas y compañeros de trabajo.

Ese número monográfico es el ejemplo de que un análisis sistemático no tiene que estar restringido a nuestro pequeño mundo de académicos que hablan entre sí, haciendo gala de gran erudición en sus campos de especialización. El conocimiento puede y debe ser difundido fuera de las aulas y publicaciones académicas, ser estímulo para que todos los interesados en nuestros problemas públicos debatan sobre sus causas y posibles soluciones más allá de las simples dicotomías que sugiere nuestra actual polarización discursiva. Ese es el reto, revista SIC. ¡Feliz 75° aniversario!

*Socióloga, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello.

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