Saldo en rojo: 12 reacciones ante lo comunicacional

Ángel Alayón

Saldo en rojo -lectura en voz alta de SALDO EN ROJO. COMUNICACIONES Y CULTURA EN LA ERA BOLIVARIANA-

1.

La sociedad del espectáculo no deja a la política por fuera. Una oportunidad televisiva masificó un mensaje que pronto hubo de incendiar la pradera. Los que manejan la herencia de ese momento temen que el origen de su suerte sea también el comienzo de su fin. El poder sabe sobre las inconveniencias de los por-ahoras. El poder sabe sobre las conveniencias de navegar sin competencia.

2.

El filo de la navaja no se hizo para caminar. Sobrevivir en el siglo XXI puede significar ser transmitido. Si un acto de masas ocurre en una ciudad y no es transmitido, ¿ocurrió?. La democracia exige que el poder vea lo que no quiere ver.

3.

El uso de los medios de comunicación para la perpetuación del poder es la negación de la democracia. La democracia requiere medios libres, donde lo plural sea el signo. El poder que desea perpetuarse requiere de medios donde las ideas incómodas estén ausentes y a las críticas se les moje la pólvora: medios libres de oponentes, libres de alternativas.

4.

El Estado no son los ciudadanos. Lo estatal no es lo público. Desde los medios, se impone una visión que poco tiene que ver con los intereses del ciudadano, pero sí con los intereses del Poder, todo en nombre de la representación. En el nombre de tu bien, de tu felicidad, pueden callarte.

5.

La desigualdad comunicacional es tan perniciosa como la desigualdad económica. Hay ideas, hechos o actos que simplemente no tienen la misma probabilidad que otros de ser transmitidos y conocidos.  No es casualidad que, como demostró Amartya Sen, en democracias no hay hambrunas.

6.

La hegemonía comunicacional impone narrativas. El mundo y sus accidentes se explican desde un filtro de conveniencia. La hegemonía comunicacional impone un lenguaje. El pensamiento crítico es la última de las defensas. La hegemonía comunicacional es el Minotauro que exige sus sacrificios para poder comer. Ya sabemos quiénes son los sacrificados.

7.

La hegemonía comunicacional sufre de rendimientos decrecientes a escala. Llega un momento en el que la gente deja de creer en lo que viene de lo único y a partir de allí, importa más la hegemonía que lo comunicacional. El escepticismo es condición de la ciudadanía.

8.

Toda muralla ofrece filtraciones. Lo alternativo, ante ciertas circunstancias, deja de ser alternativo y se convierte en necesario. Sólo lo incómodo es alternativo. Sólo lo independiente del poder, de cualquier poder, es alternativo. La alabanza nunca ha sido periodismo ni la propaganda ideas.

9.

Tenemos un servicio de internet lento. Quizás sólo sea ineficiencia. Hablamos de libros y me viene a la mente una palabra: aislamiento. Quizás sea sólo la consecuencia no intencional de una mala política económica. Quizás.

10.

Donde se persiguen ideas, se termina aniquilando personas. El respeto a la pluralidad salva vidas. Defender el derecho a expresar cualquier idea es defender el derecho a la vida, el más básico de los derechos humanos.

11.

La defensa de la libertad de expresión no debe impedir la autocrítica porque de hacerlo sería su negación. También se han cometido errores desde los medios de comunicación y desde el ejercicio del periodismo que no pocas veces han contribuido con situaciones difíciles. Tiempos difíciles exigen un mejor periodismo. Tiempos difíciles exigen muy buenos periodistas. Tiempos difíciles exigen responsabilidad y coherencia. Los errores del pasado deben ser claraboyas hacia el futuro. Temerle a la crítica es temerle a la libertad.

12.

Que Clark Kent y Peter Parker sean periodistas dice mucho sobre las cualidades que el oficio requiere. Pero ni Supermán ni El Asombroso Hombre Araña están aquí. Creo que vale la pena trabajar por un país en el que ejercer el pensamiento crítico y expresar tu opinión no requiera de valentía. Debemos trabajar para superar la necesidad de lo heroico y reivindicar el simple y poderoso ejercicio de la ciudadanía y del pensamiento crítico.

Un saldo en rojo no es sólo un diagnóstico: es también un llamado a la acción.

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