¡Profesores guías: anímense, sí se puede!

Luisa Pernalete

“Con usted sí podemos hablar de nuestros problemas, queremos que siga siendo nuestra profesora guía”, así le dijeron los alumnos a mi amiga Belkys al finalizar el año; muchachos de segundo año de bachillerato, etapa que se ha convertido en un verdadero reto para los educadores con vocación, y un tormento para los que no la tienen. El mensaje es que un buen profesor guía es un actor importantísimo en esto de educar para la convivencia pacífica y prevenir, o reducir la violencia escolar.maestra venezolana

Admiramos a los docentes que perseveran con alegría y esperanza en el bachillerato, pues las condiciones de trabajo son difíciles, no me refiero sólo salario –el cual es consumido cada día por la inflación – tampoco menciono la angustia que genera persecución a la harina y el papel sanitario, que también pesa. Me refiero a tener que atender alumnos de 4 o 6 secciones, saltar de un plantel a otro, y a eso, añadir los problemas de violencia que no están siendo abordados, y, en consecuencia, crecen.

Un profesor guía tiene la oportunidad de dedicar tiempo a escuchar – los sermones son poco efectivos -, diría que esa es su principal función: escuchar, eso nada más, ayudaría a muchos adolescentes a bajar sus niveles de indefensión, de soledad, les haría sentir importantes. Para poder escuchar, tenga a mano su rollo de tirro, para que atienda sin sermón final. Ellos pueden ser más receptivos de lo que pensamos si aplicamos la “pedagogía de la mano extendida”, esa que no juzga sino que ofrece una mano para levantarse de una caída, o para saludar amablemente. Escuchar sin juzgar puede enseñarnos a los educadores a entender por qué los muchachos se comportan como lo hacen, y eso contribuirá a cambiar nuestra percepción y, por ende, las soluciones ante los problemas.

Sugerimos, además de escuchar, utilizar las horas de guiatura para enseñar a pensar antes de actuar, para que los adolescentes adquieran el pensamiento consecuencial, el alternativo, Recomendamos las propuestas de Manuel Segura SJ. ¡Cuánto lío no se evitaría si se preguntaran sobre las consecuencias de sus actos! También se evitarían muchas peleas si aprendieran que todo conflicto tiene varias soluciones.

La hora de guiatura es la adecuada para fijar las normas de convivencia, recuerden; pocas, consensuadas – en lo posible – y pertinentes. Ya se sabe que el color de los lacitos, o los plises de las faldas no van a incidir en nada ni en el comportamiento ni el aprendizaje de ellos, y a los educadores desgasta sin sentido andar atrás del cumplimiento de normas como esas. Si ellos participan en la fijación de las normas, sobre todo las que tienen que ver con la convivencia, es posible que cueste menos cumplirlas.

La hora de guiatura puede ser un momento privilegiado para tratar esos temas que a ellos les interesa y de los que no se suele hablar. Hablar de sus miedos, por ejemplo, hablar de música, entusiasmarlos a crear un grupo de infoactivismo para lograr mejoras para el liceo, o la iluminación de los lugares oscuros de la comunidad –buenos para esconder delitos – o esos preguntarse si el sexo es un hobby, por ejemplo. También puede servir para desarrollar las inteligencias múltiples – cantar, pintar, elaborar letras para canciones, echar chistes… Todo eso guiaría al alumno a no caer en la violencia como camino de vida.

Sabemos que en los planteles públicos la guiatura no tiene espacio en el horario, el profesor guía – que no recibe ningún bono por ese trabajo extra –lo que hace es tomar horas de su materia para tratar problemas cuando se presentan, pero queda la posibilidad de que existan educadores que sepan convertir su materia en espacio de orientación, gracias a su creatividad. También queda la propuesta de incorporar la solicitud de esas horas de guiatura como reivindicación laboral, junto con la necesidad de que el Ministerio reconozca la violencia escolar como un problema que está afectando a los docentes y a los alumnos. Mientras eso sucede, hagamos las paces en la escuela nosotros los educadores.

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Acerca del autor

Luisa Pernalete

Educadora e investigadora del Centro de Formación Padre Joaquín de Fe y Alegría. Ex directora zonal de Zulia y Guayana. Ha trabajo en educación para la paz, redactando libros y artículos sobre el tema para prensa nacional y regional.