Las heridas que sólo la hospitalidad y una comunidad de acogida pueden curar

Wooldy Edson Louidor*

¿Qué experimenta un extranjero cuando llega a un país y no se siente acogido o bienvenido?

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Esta pregunta cala hondo en el extranjero o en quien lo fue alguna vez, porque le evoca recuerdos que dejan a veces heridas muy profundas, y que sólo la hospitalidad y una comunidad de acogida pueden curar.

Es la experiencia que vivimos durante un encuentro que tuvimos en la Parroquia jesuita La Dolorosa, el pasado 9 de octubre en Quito, con migrantes haitianos, refugiados colombianos, miembros de organizaciones afro-ecuatorianas de base y ciudadanos ecuatorianos que habían vivido por un tiempo como migrantes en el extranjero pero ya retornaron a su país.

En un ambiente de oración y reflexión, las y los 12 participantes en ese encuentro-oración nos compartieron las experiencias de “inhospitalidad” que vivieron en algún momento. Experiencias en que fueron víctimas de abusos por parte de autoridades, de violaciones a sus derechos, de explotación y discriminación por motivo de nacionalidad, raza, situación migratoria, color de piel, etc.

Cada uno escribió en una cartulina los sentimientos que estas experiencias le producen al recordarlas: sentimientos de inferioridad, rabia, dolor, abandono, frustración, temor, desesperanza, decepción, impotencia, tristeza.

Pero reconocieron que de ellos y ellas depende superarlos para que no se conviertan en obstáculos, barreras y fronteras que les impidan seguir adelante con sus proyectos de vida.

Se pusieron a recordar también algunas fuentes de vida que encontraron en el país de acogida.

“Lo más lindo que me dio Ecuador es mi bebé”, dijo una joven colombiana, sonriendo.

“Yo tuve un problema muy difícil, y yo solo acá; el SJR me ayudó a encontrar la solución”, reconoció otro refugiado colombiano, en tono de agradecimiento.

“En aquel entonces, Ecuador vivía un gran momento de crisis, y tuve que ir a Italia; allá trabajé muy duro haciendo oficios varios, pero pude ganar un poco de dinero para enviar a mi familia acá en el país. Allá tuve también a mi hijo”, recordó con alegría un ecuatoriano que retornó a su país, hace ya algunos años.

“Encontré una comunidad que me acogió y me hizo sentir que nosotros, los haitianos, tenemos muchas riquezas y muchos talentos, a pesar de que la gente dice que somos el país más pobre del continente”, dijo un joven migrante haitiano, orgulloso de su origen.

“Aunque los otros nos pongan una barrera, nos pongan mala cara, nos tengan miedo, depende de nosotros, de cómo reaccionamos, de qué hacemos para romper estas barreras, mostrar quiénes somos. De mí también depende el cambio, crear una comunidad de paz”, concluyó un miembro del SJR Ecuador.

 

*Coordinador regional de Comunicación del SJR LAC

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