En reconocimiento a Juan XXIII: Pacem in terris

Juan XXIIIHay personajes a los que se resiste el paso al reconocimiento universal de la Iglesia en el Vaticano. Llámense Mons. Oscar Arnulfo Romero, José Gregorio Hernández, y hoy, pasada la purga, nos atrevemos a mencionar a Juan XXIII. Son modelos venerados que inspiran la vida cotidiana de muchos fieles a pesar de las reticencias burocráticas. Parece increíble que hayamos asistido últimamente a varias canonizaciones por la vía súbita, y al “Papa Bueno” se le haya mantenido en una especie de cuarentena eclesial.

Nos alegra, pues, el anuncio de su próxima canonización junto con Juan Pablo II, dos pontífices que marcaron la historia de la segunda mitad del siglo XX.

Admirando su audacia al convocar el Concilio Vaticano II y recordando su más célebre e influyente encíclica PAZ EN LA TIERRA nos sumamos a la alegría de muchos cristianos comprometido en la construcción de la paz. N.R.

 CELEBRANDO EL 50 º ANIVERSARIO DE LA ENCÍCLICA PACEM IN TERRIS.

Roberto Meza

La Iglesia Católica celebra el 50 aniversario de Pacem in Terris (Paz en la tierra), la encíclica papal emitida por el Papa Juan XXIII, el día 11 de abril de 1963. Esta extraordinaria Encíclica tuvo un impacto trascendental en cual debe ser la visión del mundo para la Iglesia Católica. Se trata de un documento vivo, que inspira directamente el trabajo del desarrollo y la paz, organización que fue fundada cuatro años después de la promulgación de dicha Encíclica.

Pacem in Terris reconoció los derechos de los trabajadores en el desarrollo, el avance de las mujeres, la propagación de la democracia y la afirmación que la guerra no es la manera de obtener la justicia. Fue la primera Encíclica dirigida no sólo a católicos, sino a “todos los hombres de buena voluntad”, y la que sentó las bases para lograr una paz justa y duradera.

Pacem in Terris fue lanzada apenas 15 años después de la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas, firmada en 1948 y a la que con frecuencia se le denomina: la “primera declaración de derechos humanos”, la cual se convirtió en una doctrina social accesible a millones de personas. El Papa Juan XXIII escribió también esta encíclica en un momento en que el mundo se encontraba en medio de la Guerra Fría. Pacem in Terris se produjo a raíz de la crisis cubana de los misiles de octubre de 1962, época de Kennedy, que colocó a las superpotencias al borde de una tercera guerra mundial, y todo el mundo estaba aterrorizado con la proliferación de armas nucleares. El Papa estaba angustiado al ver esta carrera armamentista, sobre todo por el costo enorme y los recursos dedicados a la misma, así pues que hizo un llamamiento para realizar un proceso de desarme por parte de los estados desarrollados. Fue un momento profético para Juan XXIII, que instó a un diálogo para poner fin a lo que fue el enfrentamiento más peligroso que el mundo ha visto y que ofrecía un mensaje de paz a los líderes de las superpotencias. Su papel en la resolución de la crisis pasó luego, pero en aquel tiempo, fue crucial. La Encíclica ayudó a que el mundo recobrara el sentido de paz de acuerdo al Concilio Vaticano II, que estaba celebrándose en Roma en aquel momento.

La Encíclica comienza hablando sobre los componentes básicos de la dignidad de las personas y las relaciones humanas. A partir de estos valores, se explica cómo cada país tiene el derecho a la existencia, al propio desarrollo y los medios para lograrlo. Los grupos minoritarios deben ser protegidos y debe permitírseles vivir en asociación con otros pueblos dentro de un Estado. En ella, Juan XXIII también reiteró el llamamiento de su anterior encíclica Mater et Magistra, acerca que cada nación debe ayudar a las otras naciones en su desarrollo económico. La continua integración de la economía mundial ha hecho que ningún Estado pueda perseguir sus propios intereses de manera aislada. La creciente interdependencia económica requiere cooperación. Juan XXIII hizo un llamado a los católicos del mundo para ayudar a los no cristianos y a los no católicos. La encíclica apoya también los objetivos de la ONU, promoviendo la paz así como protege los derechos humanos. Pacem in Terris allanó el camino para una fuerte participación de la Iglesia Católica y las organizaciones religiosas en la promoción de los derechos humanos, la justicia, la consolidación de la paz y la resolución pacífica de los conflictos. En los años siguientes a su lanzamiento, las Conferencias Episcopales crearon muchos centros de derechos humanos y abrieron puertas para que los movimientos pacifistas católicos surgieran en todo el mundo. Es un texto que podemos apreciar mucho mejor ahora, que hace cincuenta años, dada la visión profética del mundo que presenta y que en ese momento se dirigía hacia la globalización y la posible aniquilación nuclear.

Pacem in Terris fue firmada por el Papa Juan XXIII un mes antes de morir. Fue su legado al Concilio Vaticano II, que él había convocado para abrir las ventanas de la Iglesia al mundo moderno con lo que lograríamos ventilar nuestras instituciones. En el medio siglo transcurrido desde la publicación de la encíclica en 1963, el mundo ha experimentado cambios dramáticos en la tecnología y la globalización de todos los aspectos de la existencia humana, y el conocimiento de los derechos humanos ha pasado a integrarse a las Cartas Magnas de prácticamente todos los Estados. Sin embargo, para desgracia los conflictos armados y las guerras continúan afectando a muchos países.

La Encíclica termina con una exhortación a defender los cuatro pilares de la paz:- la verdad, la justicia, el amor y la libertad – virtudes que deben ser perseguidas y concretadas. Siendo un documento vivo tenemos que preguntarnos ¿Cómo hacer para mantener el mensaje de la Pacem in Terris vivo? El Dr. Scott Appleby, director de la Red por la Paz Católica, también se refirió a algunos de los retos del futuro, en su resumen al Seminario Pontificio Justicia y Paz del año pasado. En preparación para la celebración del Concilio Vaticano II. Pacem in Terris y la Iglesia, afirman en el documento que debemos ir más allá de “una paz negativa” a una paz justa. El objetivo no es otro que acabar con las guerras, sino reconstruir las relaciones sociales que se han roto o se atragantaron con la sospecha y los prejuicios. Esto es relevante para los países que están en guerra civil y el Desarrollo y la Paz está activo en la asistencia a las víctimas de todas las formas de violencia, como en el Congo, Nigeria, Colombia, etc.

Asimismo invita a los grupos religiosos que trabajan por la paz, a que trabajen con otros socios e instituciones, incluyendo agencias gubernamentales y organizaciones internacionales. También tenemos que ampliar nuestra alianza de la paz – es decir, entre las comunidades locales y los grupos de la sociedad civil que pueden ser cruciales para los defensores de una paz justa y duradera. En Mindanao, Filipinas, por ejemplo, la Conferencia de Obispos-Ulama, que implica obispos católicos y protestantes y Ulama, musulmán, como interlocutores en el diálogo de los últimos 16 años. Esto es reconocido como un modelo sin precedentes de cómo los líderes religiosos pueden acceder a su Fe, no como fuentes de conflicto, sino como recurso para la paz.

Hay una necesidad de la Iglesia para estar al tanto de las nuevas formas de conflictos sociales provocado por el tráfico de personas, la destrucción del medio ambiente, la desigualdad económica, el escándalo y la violencia contra las mujeres. Hay una nueva conciencia y un aprecio de los derechos económicos, culturales y sociales, que incluye los derechos de las minorías indígenas, el derecho a un ambiente sano, e incluso el derecho de las generaciones futuras a un medio ambiente sostenible.
Beato Juan XXIII. papa

Un aspecto distinto y nuevo en la Iglesia Católica es la convocatoria a la curación, el perdón y la reconciliación, y la Iglesia relacionada con constructores de la paz, quienes deben trabajar primero con las víctimas de la violencia y las mujeres y niños más vulnerables acompañando a los desplazados internos, debe también estar presente para los oprimidos, incluso a medida que toman riesgos al enfrentar al opresor, y deben tratar de negociar la paz, proporcionando espacios para el diálogo.

A medida que la Iglesia celebra el 50 aniversario de Pacem in Terris, la visión profética del Papa Juan XXIII afecta los asuntos mundiales mediante la promoción de derechos humanos y gobierno justo. Los desafíos enunciados en ella permanecen, y no se puede hablar de paz sin desarrollo, por lo tanto, sin justicia.

Estos son los temas que fueron tomadas por los Papas Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora por el Papa Francisco quien en su discurso reciente de Pascua, desafió a los líderes de la Iglesia de hoy en día para salir a la calle y en un mundo que “está destrozado por la violencia … todavía dividido por la codicia en busca de ganancias fáciles, herido por el egoísmo que amenaza la vida humana y la familia, el egoísmo que continúa en la trata de personas, la más amplia forma de esclavitud en este siglo XXI … ”

Hoy en día, recordamos una vez más las palabras finales de Pacem in Terris: “La paz no es más que una palabra vacía, si no se basa en un orden que se funda en la verdad, establecida en la justicia, sustentada y henchida por la caridad, y llevada a efecto en el marco de la libertad “.

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