#SIC75: En medio de la crisis

Jorge Tricás

jorge tricasEspecial para el 75º Aniversario de la revista SIC.

SIC cayó en mis manos cuando entré en la Universidad Católica en el año 1972 en medio de una crisis que, en el fondo, reflejaba el mundo por venir. De nada he estado tan agradecido en mi vida. Por entonces, lo que caracterizaba el momento político tenía que ver con una representación del mundo estructurada en dos polaridades: Este/Oeste y Norte/Sur.

Como consecuencia, las visiones del mundo estaban siempre atrapadas en dos paradigmas referenciales que sólo verían su formalización teorico-conceptual casi veinte años después cuando Fukuyama en 1989 elaboró su tesis del “fin de la historia” y Samuel Huntington, en 1993, la del “choque de civilizaciones”.

Por aquel entonces, la tensión de la polémica de las dos opciones fue tal que, pese a estar defendidas por espíritus matizados y bien informados, debido a su radicalismo ortodoxo, se convirtieron rápidamente en caricaturas, es decir, en consignas y en clichés. Ignorando que un debate da frutos cuando se supera la oposición frontal de los extremos y se avanza en la identificación de lo que hay de convincente en la argumentación contraria. Precisamente lo que SIC siempre ha promovido desde sus páginas.

En efecto, SIC, con su racionalidad comunicativa, desde muy temprano como estudiante -y aún hoy como docente universitario- con su línea editorial me abrió al mundo del desconstruccionismo, del rearme en una crítica esencialmente moral que demanda regulaciones de humanización y de derechos, allí donde sólo hay fanatismo y gentes capaces de llevar a los extremos lógicos una idea alejados de la realidad. Me ayudó a ver que la vida pública no es una lucha sin cuartel, ni se puede experimentar sin diálogo constructivo. Que no se inscribe en la convergencia del triunfalismo capitalista, ni en la conflictividad irreconciliable que promueve la lucha de clases con su premisa devastadora de que “la desigualdad es previa a la fraternidad revolucionaria” lo que, obviamente, arruina todo encuentro y comunicación con el “otro” diferente.

Recuerdo que alguien me dijo una vez “en SIC vemos las cosas diferentes”. Obviamente hacía referencia a ese racionalismo crítico que no deja de promover un modelo creíble de sociedad alternativa, que al distribuir el poder entre todos, no deja a nadie por fuera convirtiéndonos en ciudadanos y en protagonistas del acontecer político. Que supera “las utopías de ruptura” por homogeneizantes que son; que busca la reconciliación de la economía y la ecología; que apuesta por la conservación del patrimonio común de la humanidad. SIC no es más que un punto de vista; aquel que se basa en la sensibilidad humana. Aquel que promueve que el Este se incline más hacia el Oeste, y que el Sur despunte más en el Norte. Un punto de vista que me llevó desde muy temprano a tomar la palabra y decir “yo pienso, yo digo, yo le escucho…” Me llevó no a la desafección y a la banal despreocupación; sino a la exigencia de la reflexividad incrementada, de la conciencia meditada, al referente ético. Al siempre difícil encuentro entre Ethos y Pathos en procura de más coherencia en este mundo. ¡Feliz aniversario SIC!

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