Dilema de valores y necesidades

Mercedes Pulido

Para unos es apatía, para otros simplemente indiferencia: el resultado es el mismo un enorme malestar ante el vacío de liderazgo que oriente y el vacío de poder que responda a los ciudadanos. La diferencia es evidente en el caso de nuestra situación penitenciaria, en Uribana aun no sabemos exactamente el número de fallecidos y heridos, pero la Presidenta del Brasil ante la tragedia de la discoteca incendiada donde hay cerca de 200 fallecidos regresa de inmediato a su país y declara duelo nacional.

Atribuir la tragedia de nuestras cárceles, así como la mutilación del cunaguaro del zoológico del Pinar a los medios de comunicación son “las armas silenciosas para las guerras tranquilas” descritas por Noam Chomsky como instrumentos de chantaje mediático de impulsar al público a ser complaciente con la mediocridad.

Hay una profunda diferencia entre el compromiso con los valores y la manipulación de las necesidades. Estamos a 150 años de la afirmación de la constitucionalidad en la lucha contra la esclavitud y la defensa de la Unión en los Estados Unidos. El liderazgo de Abraham Lincoln es una referencia obligada. Su gran dilema aceptando que la ambigüedad es parte de la realidad, fue defender la Unión del Estado, reconociendo las diferencias de intereses y enfrentar la esclavitud por ser moralmente inaceptable en una sociedad humana. Mantuvo la Unión y abrió las puertas a la emancipación. El futuro se construye en el presente y para ello hay que respetar el marco constitucional que cada sociedad se asigna. Es el compromiso con los “valores”. Podemos contrastar estos procesos, con la revolución de las necesidades en el caso de la crisis francesa en donde dependiendo si los líderes eran Robespierre, Danton, o Marat la orientación del poder era según las necesidades que cada uno planteaba y así no existían límites para justificar moralmente cualquier arbitrariedad o buscar liderazgos alternos complacientes.

Diferir las elecciones municipales a julio en épocas de vacaciones no es otra cosa que adaptarse a las necesidades de mantener el poder. Permitir que un gobierno extranjero nos señale lo que tenemos que respetar o no, no solo es pérdida de soberanía sino complacencia con la mediocridad. Las no tan extrañas negociaciones de jubilaciones y asignaciones del Tribunal de Justicia buscan complacer el mantenimiento del poder no importa las traiciones constitucionales.

De toda esta inaceptable picardía inmoral es obvio que cualquier persona o circunstancia será válida para llenar los vacíos existentes sin ninguna visión de país. La anarquía emergente acompañada de la arbitrariedad. Hace falta como decía Juan Pablo II escuchar y hablarle a la gente, por ello los medios son solo resonancia de nuestra realidad pero en ningún caso los generadores de nuestra desorientación. Es un problema de valores, si lo reconociéramos podríamos buscar el encuentro que la sociedad clama.

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